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viernes, 25 de abril de 2008

La ética …. Nuestro valor más buscado


Nos encontramos hoy en un momento trascendental, donde el socialismo que se pretende construir, una versión nuestra y cuidado sino originaria, se topa con los fantasmas de un pasado lleno de antivalores. Así entonces, estamos en el punto de partida, en el génesis de una propuesta histórica en la cual es necesario que establezcamos como elementos de absoluta necesidad, algunos aspectos de nuestra condición humana sin los cuales ninguna empresa, distinta a autodestruirnos, tendrá un final satisfactorio.

Uno de dichos aspectos es la búsqueda de la ética revolucionaria como elemento primordial de la conformación holística del ser humano. Este sintagma atiende a la necesidad de forjar la honestidad, la solidaridad, el espíritu de colectividad, el sentido de unión y el amor por el prójimo en nuestra esencia misma; para practicarlo en cada uno de nuestros momentos, no como un ejercicio de militancia política. El socialista, lo es desde su núcleo existencial, su corazón mente y espíritu, no sólo en los momentos de encuentros políticos. Tal como lo señala Saramago “un estado de conciencia”, o como lo delineaba el Che “el estadio más alto del ser humano”, el ser revolucionario es un escalón al que quienes aspiramos, debemos tener en claro, hemos de llegar tras un profundo proceso de ascenso, en lo que a nuestra ética se refiere.
Aunque, la esencia del individuo le provea de sus particularidades, la superestructura debe mantener la formación revolucionaria, el socialismo auténtico, cristiano y cada vez mas cristiano. Recordemos siempre a aquel humilde carpintero que nos legó la más grande lección de amor de la historia de la humanidad; no olvidemos que el bien siempre es silencioso y no hace alardes, y que las buenas acciones deben formar parte de nuestro modo de vida, no son un artificio para congraciarse con algo etéreo. La ética revolucionaria, como condición inherente a nuestra propia existencia y como premisa de decisión en nuestras acciones será el punto de apalancamiento del desarrollo, en primera instancia de nosotros mismos y luego de este proceso revolucionario. La inexistencia de la misma en algunos elementos nos ha legado atrasos en el logro de las metas. Seguir evadiendo esta realidad nos hará cada día más débiles y propensos a ser golpeados por quienes pretenden aún hacer de esta patria un objeto de explotación perenne.

Finalmente, encontrar la ética revolucionaria y practicarla de modo cónsono con la moral es una de nuestras tareas primordiales, tarea que ha de complementarse con la propagación de la importancia de construir nuestra nueva sociedad. Moral y luces son nuestras primeras necesidades. Son eso, necesidades, no un cliché propagandístico. La cita con la historia ha comenzado, iniciemos practicando cada uno de nosotros los valores que harán de este mundo un lugar más digno, dejemos atrás las ambiciones inyectadas por el consumismo al cual nos enfrentamos, y forjemos un futuro de riqueza para todos, para el conjunto, para la sociedad. Entendamos que quizás sin darnos cuenta, tenemos inoculados vicios del mundo capitalista al cual tratamos de enfrentar, de ser así debemos extirparlos a la brevedad, y es a través de la práctica continua de la solidaridad, la cooperación, la honestidad, la humildad, el respeto al ambiente y de nuestra esencia, la de seres humanos, que nuestra única llave para tener un espacio en el cual vivir en los próximos cien años estará cerca de ser una realidad. Seamos dignos y encontremos, de una vez y para siempre, la ética… nuestro valor más buscado.


Pedro Acosta Medina
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24/04/2008
 
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