Caldera y Richard Mardo, socios en PJ Compañía Anónima.

Por • 9 Feb, 2013 • Sección: Tribuna Abierta

Dos caras,  la misma moral 

            Enrique Capriles, sabía muy bien lo que decían los mensajes de los búhos parlanchines. A todo el Este de Caracas, aquellas aves llevaban, desde el lado opuesto de la ciudad, también del sur, de los cerros y los vericuetos donde la gente humilde vive apiñada, del oriente del país, incluyendo Margarita y Coche, Guayana, llanos, centro y occidente, sin excluir al Zulia y de las ciudades andinas,  la que para él era una trágica y atormentadora crónica diaria. Chávez le ganaría por una montaña de votos. El pana Luis Vicente León, el de Datanálisis, quien suele sacar bien las cuentas, entre otros, le confirmaba el mensaje que aquellas aves le traían.

           “No te hagas vanas ilusiones”, le decían sus íntimos, entre aquellos que no tenían necesidad de adularle.           “A ese hombre no hay cómo ganarle por las buenas. Si lo sabremos nosotros, porque nos lo dicen los búhos parlanchines y lo percibe nuestra propia piel”.

           “Pero recuerda, que cuando aquí llegamos, al azar buscando la vida y cualquier puerto bueno para recalar, quienes esta semilla engendramos, trajimos con nosotros el espíritu que anima a todo aventurero y la filosofía qué para ganar, cualquier cosa que hagamos es buena”.  

          “

Recuerda”, le dijeron en paciente voz, como para que fuese entendiendo, “

la conquista española tuvo que enfrentarse a lo que ellos, los chavistas, llaman pueblo originario y pese su bastante grande población, el conquistador terminó por imponerse e imponerlo todo. Es cosa de astucia y superioridad, que convalida hacer lo que convenga, sin pararse en hueso. ¡Al carajo la moral!”.           Por eso, Enrique empezó a preparar su regreso a la gobernación de Miranda. Por lo menos estando allí, con los recursos materiales y políticos que esa posición depara, puede mantenerse vivo. Fuera, en la calle, aunque tenga real, no es lo mismo, sobre todo si los gastos corren por cuenta de otro.       

          

“Además, ¿cómo podría él, sin discurso, proyecto, idea que algo valga, puta idea qué decir, competir no ya con Chávez – ¡eso es mucho camisón pa´ Petra! – sino dentro de la misma MUD? Bien sabía el destino que la vida le deparó a Enrique Mendoza, con quien muchas cosas le asocian.”          “Tengo que hacer lo que sea. Mi (in)moral vaya por delante para ser candidato opositor en Miranda donde tenemos un pequeño chance de ganar. Allí se apiña la grey escuálida y el odio a  Chávez en los postes está pegado.”

           Había un pequeño problema. Abrirle otro espacio a un tal Ocariz, quien era el escogido para aquella candidatura.

          Reunió a sus íntimos; hábiles en encontrarle la caída a cualquier cosa, sin importar qué hacer. Alguien, pudo ser Capriles mismo, Guanipa u Ocariz, expuso sin rubor, porque entre ellos no se usan esas cosas melindrosas, dijo en voz muy queda:

          “¡Ya está! Esta es la jugada. Quitemos al pendejo de Caldera de la candidatura que tiene, se la pasamos a Ocariz y muerto el pollo.”*

            Salió el video donde Caldera recibe una “contribución” de un empresario, sin duda alguna para la candidatura de Capriles, pues es el momento apropiado y éste, en un inusitado gesto de “honradez y horrorizado”, denigra, estropea la imagen de Caldera y cual dueño de todos los poderes, lo expulsa de PJ, sin el debido proceso y derecho a la defensa.

            Pocos días después, pillan al padre de Capriles, conviniendo con otro empresario para una contribución para la campaña de su hijo; éste cayó y nada ha dicho todavía. Decir que pasó por debajo de la mesa, es una cursilería.

           Hubo allí como una doble moral o mejor una manifestación de inmoralidad y de doble rasero.

           Pero no es casualidad pura. No se trata ahora de proteger a Capriles y su padre, mientras se condena al pendejo de Caldera, que en fin de cuentas no le duele al primero, sino que todo es resultado de una manera desenfadada y antiética de abordar la política y la vida.

          Diosdado Cabello, tiró al pajón a Richard Mardo. Lo hizo no porque este signifique personalmente algo, no. El tipo es más vacío que el insondable espacio. Le denunció para demostrar la inmoralidad que prevalece en PJ y cómo para esos carajitos, la política es una actividad para que los vivos, valiéndose de argucias, se llenen los bolsillos.

         La denuncia de Cabello, produjo una extraña reacción. No defendieron a Caldera porque a ese había que sacarlo del medio, tampoco al padre de Capriles, aunque tampoco le atacaron, porque en fin de cuentas en asuntos de política no saca la cara, pero sí, estremecidos de ira, saltaron a defender al tal Mardo. Pese que éste, en su pobreza mental y como quien fue agarrado con las manos en la masa, no fue capaz de decir algo en bien suyo.

           Todo eso pasa y pasará, porque PJ como VP, no son más que dos Compañías Anónimas.

*Por cierto, el pollo en Valencia, quedó sin plumas y cacareo.


Eligio Damas
damas.eligio@gmail.com



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