Las Revoluciones Son Inevitables Y Profundas

Por • 22 Nov, 2012 • Sección: Tribuna Abierta

Las revoluciones son hechos históricos de comprobable demostración en cualesquiera sustentación filosófica nos apoyemos para conocer esas revoluciones. Probable apoyándonos en el marxismo pudiera ser más fácil alcanzar la demostración de las causas históricas que alteraron aquellos status quo previos a cualquier revolución pero no obsta que aquellos seguidores del positivismo puedan alcanzar la inevitabilidad realidad de una alteración socio-política en cualesquiera tiempos históricos nos refiramos. La tesis del progreso podría ser una de las variables que sirvan para demostrar esos acontecimientos que se han convertido como la “negación del progreso” de la Humanidad para sectores conservadores, filosóficamente, enfocados aunque nos parezca una contradicción en si mismo.

Entonces ¿son inevitables las revoluciones? Además ¿son una necesidad de la Historia de la Humanidad las revoluciones? Conjuntamente ¿son las revoluciones pacíficas y/o de contenido de violencia social por razones de diversidad según los análisis posteriores que los historiadores realicen? Por último ¿necesitamos las revoluciones?

En ese contexto son imperativas las comparaciones entre revoluciones históricas. Para aclarar, los marxistas “caminan” por la Revolución Francesa como referencia sobre los paradigmas que afectaron un “supuesto” status quo imperante en la decadente corte francesa de los borbones en aquellas realidades socio-económicas e ideológicas que se venían desarrollando desde el Renacimiento como referencia histórica aunque si nos consideramos estrictos en el análisis histórico nos veríamos obligados a reflexionar sobre el “burgo”, fuera castellano, elijamos lo conceptual-histórico germano para su comprensión de cambios estructurales etapista-históricos pero así es la Historia y es por ello que, en la temporalidad humana, nos vemos obligados a circunscribirnos a nuestras propias realidades temporales como “ser social histórico” y no como “ser creado” pero sin negarlo en tanto y cuanto “transcendencia”.

Nos ubicamos en nuestro contexto y realidad latinoamericana. Nos preguntamos ¿podría compaginarse la Independencia de la América continental desde las costas caribeñas hasta el estrecho de Magallanes aun en sus propios tiempos históricos con y el concepto “revolución”? El Comandante Chávez Frías reitera que el proceso revolucionario bolivariano es la “segunda Independencia” pero, al tiempo, es la Revolución Bolivariana; por tanto ¿se presentaría una contradicción entre estas realidades objetivas? Es demostrable que el concepto “independencia” se refiere, inexcusablemente, a alcanzar la “separación real y objetiva” en todas sus estructuras políticas, sociales, económicas e ideológicas de un país colonizado y/o semi-colonizado de sus señalados como colonizadores. El concepto “revolución” podría referirse a varios escenarios dados. Pongamos un ejemplo histórico como referencia para este texto. El “caso China” nos permite reflexionar sobre ambos conceptos arriba referidos: “independencia” y “revolución”. Según el concepto no completamente desarrollado por Mao Zedong (al menos en los estudios sinológicos occidentales) de calificar, conceptualmente, a China como ser un “país semi-colonial” y, al tiempo, desarrollar la obligada necesidad de llevar a cabo la “revolución china” nos permite demostrar que, como un “hecho histórico”, ambos conceptos se conjugan en un solo objetivo político como fue el “devolverle la dignidad” a toda la sociedad china presente continentalmente (como lo expresó Mao Zedong en el balcón de la Ciudad Prohibida mirando a sus congéneres reunidos en la Plaza de Tian Anmen: “China stand up”). Es decir, el 1º de octubre (1949) el pueblo chino logró su definitiva independencia de “lo extranjero” que sustentaba sus coloniajes en los “Tratados Desiguales” y, al tiempo, comenzó a caminar hacia su proceso revolucionario de “cambios profundos” de aquel Estado chino histórico hacia el Estado actual moderno y globalizado.

El Comandante Chávez Frías comenzó su revolución y el proceso de independencia en su segunda realidad histórica en aquellos momentos del “…por ahora…” (No estaríamos negando todo aquel proceso preparatorio sico-analítico previo). Una objetiva realidad histórica que podría representar lo que el historiador británico, E.H. Carr, denominó como “hecho histórico” (Edward H. Carr. “¿Qué es la Historia?) Es decir, podría representar un “hito histórico” de la misma importancia y magnitud que aquel “27 de febrero” cuando Caracas se convirtió en “comuna” a pesar que las derechas impusieron la tesis del “Caracazo” en alguna presentación en el Palacio Blanco. Nos permitimos considerar al denominado “Caracazo” como “comuna” ya que sus desarrollos son similarmente históricos tanto a la “Comuna de París” como a la “Comuna de Cantón” (11-14 diciembre, 1927) pero lo dejaremos para disertaciones posteriores. En este orden de ideas reflexivas, el Comandante Chávez Frías acaba de sorprender a “tirios y troyanos” cuando, en reciente trabajo ejecutivo, impuso e impulsó la política de la “mano de acero” cuando al referirse a ciertas realidades revolucionarias objetivó esas realidades en praxis que nos denominamos como “pequeño-burguesas” con el objetivo de introducir los necesarios correctivos en el proceso de cambios estructurales revolucionarios sin señalamiento particular personal alguno.

Cuando reflexionamos sobre esa decisión política e ideológica en el marco de la estructura económica está “tocando”, directamente, a la “conciencia revolucionaria” de las afectaciones. ¿Qué significa esa decisión revolucionaria en estos segundos momentos de cambios profundos bolivarianos? ¿Qué está “tocando” esa decisión ejecutiva? ¿Cómo reaccionaran los cuadros revolucionarios ante lógicas y necesarias investigaciones objetivas sobre informaciones que conoce directamente el Comandante Chávez Frías? Consideramos que cualquier duda que se eleve en las seudo-conciencias seudo-revolucionarias demostrarán las lógicas debilidades de la Revolución Bolivariana en este actual proceso de crecimiento en perfectibilidad pero, al tiempo, nos enseña que toda revolución no solo es etapista, necesariamente, sino que, también, ese etapismo se refleja en las conciencias de los cuadros revolucionarios que deben ser analizadas y confrontadas con toda la rigurosidad necesaria visto que estamos en revolución.

Como hemos expuesto más arriba, el Comandante Chávez Frías ha tomado la decisión de confrontar las “desviaciones pequeño-burguesas” con la “nueva política de mano de acero”. Inconscientemente, esa decisión nos trasladó a tiempos pretéritos también revolucionarios e independentista cuando don Simón Bolívar, El Libertador, se vio en la imperiosa necesidad de imponer el “Decreto a Muerte” con todas las consecuencias que dicho decreto contenía. ¿Era necesaria aquella decisión de don Simón Bolívar ante realidades objetivas que perduraban en los tiempos revolucionarios? Cuando analizamos el susodicho decreto con mentalidad pequeña-burguesa, evidentemente, cristiana, nos “tiembla el pulso” al pensarlo en los momentos de ejecutar aquel decreto. ¿Es revolucionario ser “débil” ante los procesos en etapas de un proceso de independencia y de revolución? En independencia y en revolución nada es fácil mucho menos agradable.

Miguel Ángel del Pozo
delpozo14@gmail.com



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