¡Si tenemos seis millones de oligarcas!

Por • 12 Nov, 2012 • Sección: Tribuna Abierta

La pregunta si mal no recuerdo la hizo Fidel a mi comandante Chávez: ¿Hay seis millones de oligarcas en Venezuela?… Todos sacamos las cuentas y nos pareció contradictorio: un oligarca es un oligarca, es decir un adinerado burgués que tiene poder económico y que es, por ende un explotador. Visto de esa forma, no nos dio la cuenta, no podíamos tener seis millones de oligarcas, no los hay ni en todo el planeta, los oligarcas son muy pocos miles de burgueses millonarios, dueños de las empresas que destruyen nuestro mundo, para seguir siendo cada vez más ricos. Muchos dijimos que no, que no teníamos seis millones de esa especia tan bastarda.

Para ponerles entonces nombre y apellido, deberé llamarles “oligarcas cacerola”, así podremos diferenciarlos de los oligarcas millonarios y originales, estos otros no lo son realmente, pero su sueño profundo es serlo y viven en el extrañamiento de la riqueza y el conford que disfrutan los oli oli de verdad verdaita. Son clase media oligarca para caracterizarlos un poco mejor, un caso digno de consulta siquiátrica.

Decir oligarcas cacerola y decir escuálidos o majunches, es mas o menos la misma vaina, son un caso grave de disociación sicótica, se sienten más oligarcas que los verdaderos oligarcas, sentir amenazada su futura “fortuna” en el mundo capitalista por el triunfo de Chávez, Correa, Evo o Cristina, los hace más temibles que los propios oli oli verdaderos. Los oli oli de verdad, no tienen tantos dolores de cabeza ante el triunfo de Chávez, Cristina, Evo o Correa: sus fortunas ya están a salvo y si se les pone fea la vaina, basta con montarse en un lear jet y correr a acurrucarse con sus cochinas cuentas en dólares salvadas allá en los lejanos bancos suizos desde hace muchoooos años.

Un oligarca cacerola es otra cosa mucho peor… se cree y piensa como rico y es apenas un profesional o pequeño comerciante, tiene la sangre y el alma envenenada al máximo con el odio que le han venido sembrando los medios de comunicación, que además le hacen creer que son los voceros de la verdadera libertad de expresión, salen a la calle y putean a Chávez y a Cristina, hablan lo que quieren peeeero , ¡dios mio, como les explico!, después dicen que no soportan la falta de libertad e expresión.

Son fachistas en potencia capaces de quedarse a darlo todo contra los tiranos que estamos destruyendo su bello sueño de Barbies o Kent acomodados en el american way of life, mientras que los verdaderos oli oli se montan en sus aviones para largarse al carajo.

Aquí en Buenos Aires hay unos cuantos millones también de oligarcas cacerolas, todos peinaditos y vestidos a la ultima moda, salen con su carita de iracundos histéricos a tocar sus cacerolas, pero que no se les acerque un tierruo, por dios!! Es que para los oligarcas cacerola solo existen ellos, la gente bien pues, la clase media. No soportan que se gobierne para esa cuerda de pobres hediondos que nunca fueron capaces de ir a la escuela y prepararse como ellos, que viven en las villas o los barrios, eso no es gente para esta clase tan desclasada. Ni ricos ni pobres..Solo son lo que saben hacer: cacerolas usadas por Clarín o por El Nacional, por CNN o cualquier oligopolio de la información. Los peones de la clase dominante y los soldados rasos de la verdadera oligarquía mundial.

¡Sí tenemos seis millones de oligarcas!, que son terminales e irrecuperables, es un estado mental recidivante y recurrente, insalvable. Tratemos de hacer algo por los hijos de estos señoritos de la sociedad, es lo que más podremos hacer, que no se les contagie como herencia tanto odio, soledad y rencor a sus muchachos. Nuestra política debe ser, digo yo Fidel y mi comandante, apostar a los jóvenes que serán capaces de ver la diferencia entre lo que sus padres dicen y lo que sus ojos frescos ven: el socialismo debe ofrecerles un futuro incuestionable, un proyecto de vida posible en la nueva sociedad humanista que hace ya rato estamos tratando de construir para todas y todos los que quieran patria.



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