Mohana

Por • 12 Mar, 2012 • Sección: Tribuna Abierta

La Mucuy

La Mohana es la madre del río. Siglos atrás en los sitios cercanos a La Mucuy algunos negros eran acusados de mohanerias, causas por las que fueron azotados por los indios Tabayes como castigo para que sus espíritus permanecieran limpios de todo encanto, y ni magia alguna los pudiera alcanzar.

Todo ocurrió cuando Paula de Albornoz descansaba en un hermoso paraje, adornado por una inmensa piedra que había sido movida añadas atrás por una de las furias de la quebrada, conocida hoy como Ña Lion. Sentía el murmullo eterno de la naturaleza; sus pies se complacían en el descanso, era bañada por aquellas aguas. Descubriendo las extraordinarias montañas que aún dan hacia la Sierra Nevada, bella riqueza prodigada que no podía desatar la dolorosa tragedia de aquellos habitantes, abstraídos de la dura era feudal.

La vida le permitió contemplar las angustias que año tras año disimulaban los habitantes de aquellas aisladas montañas, muy a pesar de su cercanía con la ciudad de Mérida. Una pequeña quebrada, apenas naciendo, unida a muchas otras que en la espera de los inviernos se volvían gigantes y crueles.

Paula, solía sentarse en lejanía, por aquellos tiempos ya conocía su soledad y podía contárselas quizá a alguna rama, mariposa o pensamiento. Miraba a los vetustos gigantes pintados de todos los verdes del camino, sembrados desde siempre, imponentes, pensaba que sus raíces serian capaces de atravesar el mundo.

Así, caía en el hechizo del tiempo mágico en que eran visitados por los caminos acomodados que daban senda a aventureros de aldeas lejanas que venían a intercambiar semillas, sal y a negociar esclavos.

Cuando escuchaba pasos, voces, ruidos, quejas o murmullos rápidos, aproximados como sorpresas, tomaba las tres yerbas de la salvación, una bien amarga, la Salvia, otra, aunque ardía, pero necesaria: la Ortiga, y la medicinal, el Romero. Colocadas en una bolsa, no podía quitarle los ojos al encanto de la Mohana, si llegaba a cruzar la quebrada, no volverían a encontrarla.

Miguel A. Jaimes N.
lamucuyandina@gmail.com



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