La Magia De Chávez, Como El Mago De Oz

Por • 4 Mar, 2012 • Sección: Tribuna Abierta

52 por ciento por el socialismo. Homenaje póstumo al “Bachiller” Rafael Castro

Como el “Mago de Oz”, Chávez es un ser común y corriente, tanto que es zambo; nació en Sabaneta, fue vendedor de arañas, un dulce criollo a base de lechoza que en mi pueblo tiene otro nombre; tiene una verruga en la cara, es hijo de dos maestros de escuela del área rural, los más humildes entre aquellos servidores públicos y “habla más que un radio loco”. Pero como aquél, tiene magia para darle al pueblo seguridad e insuflarle sueños hermosos para luchar contra fuerzas del mal, “más allá” y hacer posible la grandeza.

Hablando de maestros, recuerdo a uno de ellos. Al conocido en Cumaná, como “Bachiller” Rafael Castro, quien me honró con su amistad siendo yo muy joven, tanto que estaba a mitad del bachillerato. Fue de los primeros militantes del Partido Comunista Venezolano (PCV); aparte de culto, por maestro de la vieja escuela y militante de una organización en la cual el estudiar era obligación, fue cordial y exquisitamente ingenioso al conversar. Esto explica que jóvenes como yo, nos solazásemos escuchándole aunque nunca he militado en su partido.

Pero muchos antes que llegase a establecer relaciones amistosas con aquel encantador ser humano, en mi barrio, formado por gente cuya única riqueza era vivir junto a un mar increiblemente generoso y espléndido, carente de todo aquello que en éste no se hallase, pero amorosa, abierta como la costa misma, ajena a mezquindades, escuché, hasta presencié cómo se expresaban del maestro y las lastimosas actitudes que asumían a su sólo paso. Por aquello, cuando, no recuerdo cómo, llegamos a acercarnos, mantuve al principio una actitud lejana y desconfiada. Negaciones que se fueron disipando a medida que escuchaba su hablar alegre, divertido y lleno de enseñanzas, que me ayudaron a encontrarme en mi mundo.

-“¡Coño! Allá viene el Bachillér Castro, el comunista”, decían casi a coro voces dispersas y en susurro de la gente mayor, mientras hacían la señal de la cruz y entrejuntaban la puerta, más para que no entrase el transeunte, quien no pensaba hacerlo, sino la mala señal y el diablo que le acompañaban, cual su sombra al mediodía.

Por supuesto, él se sabía observado entre rendijas y caminaba sonreído, altivo y limpio, directo a la Quinta, una aldea de pescadores donde, pese a todo, habían unos camaradas suyos.

Porque comunista y socialista, sin meternos en enredos teóricos y quedados en el plano de lo cotidiano, lo coloquial, siempre aparecieron asociados y lo están cuando hay coherencia. Por eso, por horror al comunismo, aquella gente reaccionaba igual cuando se le hablaba de socialismo, como sigue sucediendo en un sector cada vez menor en Venezuela. Lo que originó varios disfraces, aunque no fuese tiempo de carnaval, que terminaron siendo muecas y remedos.

Antes que Chávez, de manera osada, así lo creo, porque me cuento entre quienes se sorprendieron al escucharle, siendo presidente de Venezuela, montado sobre un lago infinito lleno de petróleo, se definió socialista y luego propuso nos trazásemos el socialismo como meta, la palabra era aplastantemente rechazada. ¡Claro!, dije la palabra. Porque la gente de mi barrio, que se santiguaba a escondidas cuando veía allá lejos venir al bachiller con su seguro paso, era de por sí socialista. El mar, su infinita riqueza y las relaciones de producción imperantes, forma de distribuir el producto de la pesca, entre pescadores y resto de la comunidad, hicieron a la gente con la cual me crié, de hecho así. Sólo que no lo sabía; ni siquiera lo sospechaba. Pero vivíamos como tales.

La historia es breve y muy reciente. Antes que Chávez apareciese en escena, después del caracazo, la gente sin rostro, los invisibles, se posesionaron de la escena. Supieron que había que cambiar muchas cosas, que lo que se venía haciendo y el cómo, no les convenía. Como la gente de mi barrio tenía en el mar cercano una riqueza inmensa, el venezolano todo tiene de ella en el petróleo, su fuerza de trabajo, creatividad y dignidad. Siempre la ha tenido, sólo que ahora tomó conciencia y dificilmente le volverán a engañar y robar.

Cuando Chávez comenzó a hablar de socialismo, aquella inmensa multitud que antes temió a la proposición y rechazó con demasiada fuerza, porque, según le habían enseñado, le quitarían lo que no tenía y nunca llegaría a tener con quienes le mentían, comenzó a percibir que no tiene lo que le corresponde, porque todo le habían negado. Y, de pronto le cambiaban los colores, las cosas, ideas, conceptos en su cabeza se agitaban y ordenaban de otra forma. La varita que llevan los magos, tal como dicen en los cuentos para niños, se movía acompasadamente, lentamente y se hizo la magia.

El pueblo, en un 52 por ciento, esto es lo que importa, según reveló una reciente encuesta, no dudó ni temió en confesarle a quienes la hicieron, que prefiere el socialismo. Ahora las puertas se abren de par en par, como las alamedas de las que habló Salvador Allende, la gente salta a la calle a unirse a la caravana y las manos revientan de tanto aplaudir.

¡El miedo se concentró en un bando!

Gran proeza de Chávez, excelente trabajo político y pedagógico. Homenaje póstumo a mi admirado amigo y paisano, “Bachiller” Rafael Castro.

Eligio Damas
eligio@gmail.com



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