Mis Memorias En Tierra Tica. SEGUNDA PARTE
Bueno amigos turrialbeños, ya habrán leído ustedes, mi primera narración, sobre mi llegada a Costa Rica, (remembranzas de mi juventud en Costa Rica.) y como pasé mi primera Navidad en esa patria noble. Ahora, debo continuar la historia, hasta el final, claro que como es larga (un poco), me permitiréis que se las cuente en entregas, y así conocerán la razón o las razones y el por qué aún recuerdo con tanto cariño a esa pequeña gran nación y como llegue a vivir en Turrialba, siendo casi un Güililla (tengo ahora 69 años). Conoceréis leyendo mis historias, nombres de personas y de ilustres turrialbeños, que ya no existen, pero si su descendencia familiar, personajes que entonces conocí. Ellos, forman un todo, un recuerdo vivo aún en mi memoria, y sin duda que hoy amo a Turrialba en mi querencia y a la tierra de Don Juanito Mora., Esa es la razón de contarles mis vivencias en su pequeño terruño. Rendirles a los ticos un pequeño omenaje de caeriño. Aunque me encuentro ahora en Venezuela hoy bolivariana, me siento todo un compatriota tico y turrialbeño..
Expreso mis gracias a Federico Picado, buen amigo turrialbeño, quien me paso el link, y al staff organizador de -El Azucarero-, por la oportunidad de poder expresar en estas vivencias de mi juventud todo el amor que siento por Costa Rica y en especial por Turrialba, donde ahora suelto con gusto de feliz soñador, a volar mis recuerdos.
En la anterior historia quedamos, en: Esperen a ver, ah, ya recuerdo, en el punto que pasé mi primera Navidad en la Soda Palace, (vivíamos –yo y mis padres- en una habitación en el primer piso. Esta soda, se encontraba situada frente a uno de los costados del Banco Central. Yo tenía en ese momento tan solo diez años. Recuerdo que el dueño de la Soda era Don Luís Espinar, ciudadano español de origen andaluz, quien también era propietario en ese entonces de la pensión Roosevelt, situada cerca (en una esquina) del Parque Central y lateral a la Catedral de San José.
Que bonita, y pintoresca me pareció la capital tica, en particular en esa Navidad. Del año 1.958. Me llamó la atención en San José, varias cosas: su fresco clima, lo educación de los ciudadanos, que siempre saludaban, aun sin conocerte personalmente. Sus aceras hechas con baldosas de cuadrados adoquines, lustrosas por el desgaste de las pisadas de los andantes y los años de uso. Y recuerdo el nombre curioso de una calle, me daba risa el nombre de esta calle: El Paso de la Vaca, cercana, al mercado de las carretas, donde mi madre Pura, compraba las ricas frutas ticas, adornadas con sus pintorescos colores que llenaban el mercado de policromos colóres y a sus cercanías, con su delicadas y peculiares aromas del mango, la piña, la naranja, el caimito, la banana, la papaya, y otras. Además de la gran diversidad de verduras como: papas, acelgas, espinacas, nabos, coliflor. También me gustaba ir, a un pintoresco mercado, lleno de pequeñas tienditas – que parecía un barrio chino, posteriormente supe (ah charrita) -como dicen ustedes- que se incendió. Creo que era el llamado Mercado Central de San José. Allí, en ese lugar, me tomaba ricos jugos de mil sabores, colores y aromas diferentes como: piña, y patilla, melón, avena, guanábana, linaza, cebada, ajonjolí y tantos otros difícil de enumerar, eran exhibidos en grandes, limpios y cristalinos frascos de vidrio, similares a pequeños barriles, me parece recordar el cucharón de largo mango del dependiente dándole vuelta a los jugos de variados colores y mezclándolos con el hielo y la fruta y puedo aún escuchar sin mucho esfuerzo el suave tintineo de los cubos de hielo al chocar entre ellos y contra las paredes de cristal..
En Moravia:
De allí, al poco tiempo, pasé a vivir a la linda y fresca ciudad de Moravia, viví en esa ciudad que queda después de San Pedro, y muy cercana a la capital en una linda casa, situada al lado izquierdo de la avenida o entrada principal de Moravia, al lado me acuerdo, que estaba situada una panadería, la casa en cuestión se llamaba Villa Julieta.
Me pareció la casa más bonita de toda mi vida, con un gran patio al frente, rosales, de hermosas rosas rojas, margaritas, y plantas de fresas. En el fondo de la casa, recuerdo un patio grande, con árboles (palos) de naranja, mandarina y limón.
Ah, me preguntarán ustedes la razón de ir a vivir a Moravia, pues bien, les diré que, mi padre José Juan Serna, (ya fallecido) -era abogado- (graduado en la Universidad de Barcelona) –España-. Y además profesor. Un amigo, el profesor Francisco Gutiérrez, le consigue unas horas de clases de francés y castellano en el colegio San Francis Collage, de dicha ciudad. Esa fue la razón de mudarnos a Moravia. Cosa curiosa me acuerdo de un bar que era famoso entre los parroquianos moravinos. La Uvita, y de cómo llevaba la policía – en aquel entonces- a la cárcel de la ciudad a los borrachos en una carretilla de mano, de esas de llevar materiales de construcción. Me acuerdo de la escuela cercana a la plaza de fútbol -(pero, no recuerdo el nombre de esa escuela de Moravia)- y cerca de la iglesia. Allí, comencé mis estudios escolares en cuarto grado. Bueno amigos lectores, en Moravia, viví muy poco tiempo, ya que mi padre, consiguió posteriormente trabajo como profesor contratado por el ministerio en la ciudad de Turrialba, en el Instituto de Educación Superior de Turrialba Clodomiro Picado T.
Me marcho con mis padres a Turrialba
Me acuerdo que nos mudamos (mis padres y el que esto escribe) de Moravia a Turrialba, mi padre, alquiló una casita de madera y techo de zinc, una, de esas morochas (juntas), que eran propiedad del señor López, sí ese mismo, el dueño del aserradero que quedaba en una de las esquinas de la plaza donde se jugaban los partidos de fútbol.
Se acuerdan del Chema, el que jugaba fútbol y tenía un potente tiro a gol. Bien el estudiaba en el Clodomiro Picado, y chutaba candela, ¿se recuerda alguno? ¡Claro ese mismo es!, creo era hijo del dueño del Hotel Roma. Hace ya bastante tiempo me encontré aquí en Caracas con su hermana, se casó y vivía en una bonita casa en las Colinas de Santa Mónica.
¿Existe todavía el Hotel Roma?
Nuestra casa de madera y techo de zinc, quedaba muy cerca del liceo, como a una cuadra y media o dos, y cercana al río Turrialba, si, ese mismo, el de las piedras gigantes, que cuando venía crecido sonaban sus retruques y golpes (los de las piedras)- como un partido de bolas criollas (juego típico de Venezuela).
Allí, continué mis estudios en la escuela Jhon de Rochhefeller, frente al parque central de Turrialba, recuerdo que era bonita, y amplia esa escuela, la vi., pintada entonces, de un color crema y un café algo rojizo. Mi primera maestra allí, fue la (niña) -Vera Jiménez Quesada. Que era hermana de Norma Jiménez Quesada quien fuera alumna de mi padre en el IET.
¿Alguno se acuerda de ella?
Fue mi maestra de cuarto grado en la escuela Jhon de Rochhefeller en Turrialba,
¿Quién se recuerda?
Bueno, pues empecé a ir a mi escuela, era por supuesto un muchacho de apenas diez años.
Y. en la próxima narración, les contaré como fueron esos años que viví en Turrialba, de los cinco en total, que pasé felizmente en Costa Rica
José Juan Requena
requenave1@cantv.net









