Había una Vez un Mundo Civilizado y un Capitalismo Salvaje

Por • 30 ene, 2012 • Sección: Tribuna Abierta

Pescador de Sueños

Cuentan los abuelos que en los terribles tiempos, cuando existía el mundo civilizado, hubo al final de esa tormentosa época una cosa monstruosa que se llamó capitalismo y la humanidad estuvo a punto de ser exterminada.

Desaparecida la civilización y transcurrido el tiempo, a los que vivimos en esta era progenésica se nos hace muy difícil entender cómo nuestros antepasados pudieron vivir en tal estado de salvajismo y barbarie, y lo más increíble, no podemos comprender cómo ellos creyeron que vivían un estadio superior de desarrollo de la especie humana.

Las creencias de nuestros antepasados civilizados eran tan estrafalarias que algunos se creían superiores a otros seres humanos: ya porque fueran hombres, eran mejores que las mujeres; ya por blancos, se creían mejores que los que tenían un color de piel distinto; para colmo, vivían divididos en algo grotesco que ellos llamaban clases sociales, y de éstas, las había altas, medias y bajas; los que pertenecían a las clases altas despreciaban al resto y se consideraban con derecho a todos los privilegios. Estos vivían en palacios o mansiones, en tanto que las clases bajas habitaban unas casas muy pobres o simplemente no tenían un techo bajo el cual cobijar sus sueños.

Esto ocurrió durante toda la civilización, pero fue más grave en su etapa final, es decir, durante el capitalismo. En esta fase, nuestros antepasados lograron un cierto nivel de desarrollo de la ciencia y la tecnología, que a nuestros ojos fue muy precario, pero les permitió generar cierto nivel de riqueza; sin embargo, algo espantoso e increíble ocurría: mientras en algunas partes del planeta se vivía en la abundancia y el despilfarro de bienes y recursos, en la mayor parte de la Tierra, centenares de millones de personas sufrían la más terrible pobreza, y peor aún, miles de niños y niñas morían diariamente víctimas del hambre o de enfermedades curables.

Pero lo peor sucedió cuando inventaron el neoliberalismo o capitalismo salvaje. Éste fue creado e impuesto por una casta engreída y prepotente que gobernaba lo que para entonces se conoció como “el país más poderoso del mundo”, porque hasta esas ridiculeces tuvieron y sufrieron nuestros antepasados, y la élite de ese país creyéndose con derecho a todo, impuso el modelo neoliberal a todo el mundo. Para ello utilizaron el chantaje, la extorsión, las amenazas, las guerras y cuanta atrocidad se les ocurrió.

Como dije guerras, me explicaré: Nuestros antepasados civilizados concebían la existencia como una competencia permanente, es decir como un conflicto antagónico donde unos ganan y otros pierden, y la vida era dividida entre vencedores y vencidos. El gran valor de la sociedad era la competencia, se luchaba para competir y ganar.

La guerra era la máxima expresión de la competencia. La más cruel y violenta. Se destruían pueblos, se invadían países: morían millones de personas como consecuencia de la más atroz estupidez humana. Movidos por la ambición de poder y el deseo de conquistar a otros y someterlos a la esclavitud, explotación y saqueo de sus bienes, las élites gobernantes de los Estados más poderosos, organizaban monstruosos ejércitos y los lanzaban como perros rabiosos contra pueblos y naciones, para asegurarse la hegemonía política, económica, militar y cultural.

Para librar esas guerras se inventaron armas cada vez más sofisticadas y destructivas y se invertían cuantiosos recursos para ello. En fin, era un completo derroche de ingenio y creatividad humanas dignos de mejor causa. Esa fue, además de torpe, una de las máximas expresiones de la maldad e ignorancia de nuestros antepasados civilizados.

Algo que ha resultado incomprensible para nuestro pensamiento progenésico fue la actitud y posición asumidas por quienes rechazaban y condenaban aquel estado de cosas, y más aún, luchaban por un mundo de justicia e igualdad. De forma ingenua aquellos luchadores se plantearon mejorar la civilización o construir una nueva civilización. No lograban comprender que el origen de los grandes males que sufrían estaba precisamente en la civilización misma, en su visión anacrónica e irracional del mundo y en sus conceptos y valores inhumanos, y por lo tanto lo que tenían que proponerse era trascender el mundo civilizado y construir un mundo distinto, nuevo, que partiera de una nueva visión del mundo y desarrollara nuevos conceptos y valores.

Como todos sabemos, en la vida las cosas nacen, crecen, mueren y se transforman. Así ocurrió con el mundo civilizado. No podía sobrevivir a tanta irracionalidad humana, a tanta barbarie. Y así, en medio de profundas crisis de todo género, que casi provocaron el exterminio de toda forma de vida en nuestro planeta, desapareció el mundo civilizado. Para fortuna nuestra, algunos miembros de la especie humana tuvieron la suficiente previsión para iniciar la construcción de lo que ahora es nuestro Mundo Progenésico, y así salvaron tanto a la Tierra como a la humanidad.

Atrás quedaron, en el pasado remoto y para siempre, aquellas ideas estrafalarias de la superioridad de unos seres sobre otros y la torpe creencia de que vivimos para competir, hoy sabemos que nadie es mejor que otro y la esencia de la vida es compartir, y para las generaciones presentes, palabras como guerra, armas, ejército, enemigos, rivales, opositores, vencedores, vencidos, no tienen ningún sentido.

Ahora, en nuestro presente, todo aquello que fue el mundo civilizado no es sino un doloroso recuerdo, algo que nos hace sentir lástima y vergüenza por nuestros antepasados. Atrás quedaron sepultados en el olvido los jueces, los policías, los políticos, los abogados, los sacerdotes, los militares.

Ahora la progenie humana, liberada, transita alegre, solidaria y feliz su nuevo rumbo.

Ramiro Meneses



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