La traición al 23 de Enero de 1958

Por • 23 ene, 2012 • Sección: Cultura, Historia de Venezuela, Opinión

La caída no significó el cambio. El 23 de Enero de 1958 fue derrocado el dictador Marcos Pérez Jimenez, pero luego de esa fecha no cesó la represión en la “democracia” del bipartidismo adeco-copeyano que nació con el Pacto de Punto Fijo, en octubre de ese año.

“Comenzó la historia de otra dictadura. Fue una traición a la voluntad y el sacrificio del pueblo y eso todos debemos saberlo”, señaló el Mandatario nacional, Hugo Chávez, hace un año, al recordar la alianza política entre Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y Copei, que dejó de lado a los comunistas.

“Contra el miedo, vota blanco”. El slogan de la campaña electoral de Rómulo Betancourt, en 1958, se desintegró apenas empezó su gobierno: Aurelia Pérez Pulido, maestra, asesinada cuando un teniente ordenó abrir fuego para acallar una protesta; Juan Villegas y Rafael González, asesinados por agentes de la Digepol en una protesta pacífica; José Montesinos, estudiante, abaleado y muerto en allanamiento a la Universidad Central de Venezuela.

La lista tiene muchos nombres más de seres humanos liquidados apenas iniciado el camino de la “democracia representativa”, que llegó con la figura del máximo dirigente de Acción Democrática (AD), Rómulo Betancourt, quien había estado en el exilio mientras la base de su partido, aliada con los comunistas, conspiraba y luchaba contra el dictador Marcos Pérez Jiménez.

El historiador Enrique Nóbrega señala que el 23 de enero de 1958 fue el resultado final de una insurrección popular, de protestas, huelgas y actos de rechazo decidido de los sectores populares, pero también del enfrentamiento interno y las conspiraciones dentro de las propias Fuerzas Armadas.

Como parte de la juventud revolucionaria de AD, Régulo Hernández participó en actividades de agitación y propaganda: estuvo avivando la protesta en febrero del 56, cuando aún era liceísta del Fermín Toro, y más tarde lo haría, desde la UCV, en la huelga general del 21 de enero de 1958 para propiciar la caída del dictador.

Cuando ya Pérez Jiménez se encontraba en Estados Unidos, luego de escapar en “La Vaca Sagrada” aquel 23 de enero de 1958, la Junta de Gobierno, presidida por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal, se abriría a las clases burguesas con la entrada del empresario Eugenio Mendoza, y los esfuerzos de la resistencia se vieron pronto opacados por los líderes de los partidos de la derecha.

Betancourt, quien proclamó públicamente haber regresado supuestamente sin aspiraciones de poder y “para propiciar una tregua política”, mostró rápidamente en la práctica sus planes para desplazar a quienes participaron en la resistencia contra la dictadura, especialmente a los comunistas.

“Venía con compromisos asumidos ante el Departamento de Estado de EEUU,y ya en Venezuela hizo maniobras con algunos miembros del aparato sindical de AD, y trampas con los dirigentes nacionales, para dominar el escenario luego de la caída de Pérez Jiménez”. De allí salió definitivamente dividida Acción Democrática, de la cual se desprendió el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y, años más tarde, el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP)”, refiere Hernández.

En el libro “El procónsul Rómulo Betancourt”, José Sant Roz apunta que el líder adeco conservaría siempre un gran sentimiento de desprecio por los acontecimientos del 23 de Enero. “Paradoja, si se toma en cuenta que fue debido en parte a la resistencia adeca que se consigue hacer tambalear al dictador”.

También Rómulo Henríquez, quien por esos años integró el grupo de izquierdistas de AD, afirma que las principales acciones de Betancourt fueron dirigidas a dividir el partido y consolidarse como figura presidenciable, mientras algunos revolucionarios optaron por separarse, en una táctica que considera equivocada.

Aún hoy, el Partido Comunista de Venezuela (PCV) recuerda que mientras la burguesía corría a Miraflores a ejercer el poder, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez, los comunistas llamaban al pueblo al rescate de los presos políticos secuestrados por la Seguridad Nacional.

Miembro por aquel entonces del Buró Político y del Comité Central del PCV, Guillermo García Ponce concedió hace tres años una entrevista en la revista “Memorias de Venezuela” donde reiteró que Rómulo Betancourt, ya con las instrucciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos, se propuso romper la unidad consolidada entre las fuerzas revolucionarias y darle al país una orientación abiertamente anticomunista.

Así lo dejó demostrado el mismo Betancourt en su toma de posesión: “En el transcurso de mi campaña electoral fui explícito en el sentido de que no consultaría al Partido Comunista para la integración del gobierno…”.

Dentro de la Junta Patriótica conformada por el PCV, URD y jóvenes revolucionarios de AD y Copei para resistir y enfrentar la dictadura, fueron precisamente los comunistas quienes cumplieron especial esfuerzo en hacer propaganda y elaborar y distribuir boletines con su imprenta clandestina.

“El PCV se había mantenido activo en Venezuela durante todos esos años”, dice Jerónimo Carrera, quien desde las bases del Partido Comunista se movía sigiloso para hacer lo suyo contra Pérez Jimenez en sus últimos días como dictador.

Entre las paredes de la empresa para quien trabajaba repartió papeles con un llamado a huelga contra el régimen para el 21 de enero de 1958. Los obreros respondieron.

De acciones como ésta, con la unidad, la fuerza de la izquierda y la acción de distintos sectores de la vida nacional, nació una huelga nacional que hizo quebrar los cimientos del gobierno perejimenista. No obstante, el espíritu revolucionario que sacó a la dictadura resultó opacado y relegado, en un vuelco impulsado por los dirigentes de los partidos que constituirían el Pacto de Punto Fijo, que ni siquiera estaban en el país.

García Ponce explicó que, colmados de ingenuidad democrática, fueron a esperar a Rómulo Betancourt en el aeropuerto. “Yo fui a Maiquetía a recibirlo, y lo traje en un carro. El me dijo: “En Estados Unidos, se dice que tú controlas la Junta Patriótica. Ya venía con el veneno anticomunista” “, dijo García Ponce en la citada entrevista.

Sostuvo García Ponce que Betancourt, desde AD; Rafael Caldera, desde Copei; y Jóvito Villalba, en URD, “amputaron el contenido popular del 23 de Enero. De inmediato hicieron un Pacto de Punto Fijo contra el espíritu revolucionario del 23 de Enero, para desplazar el centro de dirección hacia esos tres partidos”.

Censura de prensa, cárceles llenas de políticos, jóvenes asesinados y torturas conformaron el panorama del gobierno de Betancourt.

Sant Roz explica que casi todos los funcionarios importantes del perezjimenismo pasarían a formar parte del régimen victorioso que asumiría Rómulo Betancourt en 1959.

“Los jueces seguirían en sus cargos, las llamadas fuerzas vivas seguirían siendo las mismas, la gente de la prensa que guardó silencio durante la dictadura y visitaba regularmente a Pérez Jiménez en su residencia ”

José Vicente Rangel, en “Expediente Negro”, escribe que durante la llamada “democracia representativa” hubo más violaciones de los derechos humanos que durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Agrega además que aunque es lo mismo el asesinato de un prisionero político en dictadura o en democracia, en esta última resulta peor, más despreciable e inmoral.

Rangel señala que Betancourt, Leoni, Herrera, Caldera, Pérez, Lusinchi, estaban obligados, por su historial democrático, por provenir sus mandatos de una consulta popular, a respetar al ser humano. “Pero no ocurrió así: los crímenes se multiplicaron”.

Con Betancourt cayeron, entre muchos otros, Julián Torres, dirigente sindical; Alberto Rudas Mezones, manifestante; Alirio Mendez, liceísta, Pilar Ponce, Pedro José Ramos, Oswaldo González.

Los asesinados y desaparecidos siguieron con Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera, Jaime Lusinchi, y llegaron a su máxima cifra con el Caracazo, en el segundo gobierno de Pérez.

Antonio Barrios
AVN



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