“Uribito”, ¿jefe de la oposición venezolana?

Por • 11 Dic, 2011 • Sección: Piedra de Tranca

ASÍ LO LLAMABA su pana Pablo Escobar Gaviria, “Uribito”, a secas, con un dejo hasta familiar. Él le hacía favores y el capo también. Había una estrecha relación que, quien llegó a ser presidente de los colombianos, la aprovechó a fondo. Unos dicen que recibiendo amplios recursos crematísticos del cartel o bien de otro tipo, por ejemplo, en el oscuro y sangriento tremedal del ajusticiamiento de adversarios.

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EL MAÑOSO ANTIOQUEÑO escaló pronto la política, a base de una total carencia de escrúpulos. Siendo liberal de familia, acabó prácticamente con el partido. Asumió la política de la derecha, y más que de la derecha, de la ultra. Fue el promotor de las primeras bandas de paramilitares que surgieron en el país, especialmente en Antioquia, donde la lucha por la tierra era más dura y cruel. Él supo manejar con impar habilidad la violencia y el dinero para arribar a las más elevadas posiciones de la política.

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EL PERSONAJE ESTABA consciente de que el miedo de los colombianos a la violencia era su gran aliado, y lo explotó al máximo. Detrás de cada masacre de los “paras” siempre estuvo su mano; detrás de cada asesinato de dirigentes sociales o políticos siempre estuvo su estímulo tácito o expreso.

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DESDE LA PRESIDENCIA incurrió en las mayores perversiones. Convirtió a la Casa de Nariño en escenario de traiciones, en centro de manejos sucios con los terratenientes, asoló con su política de paz democrática, aldeas y veredas, pactó con los esmeralderos y por debajo de cuerda manejó la droga. Nada le fue extraño. Montó un aparato para espiar a sus propios ministros, a los magistrados del Tribunal Supremo, a los adversarios políticos, por lo cual ahora se le abre juicio. Hizo del DAS un escenario de conjuras contra todo el mundo, incluso involucró el organismo en la política exterior. Venezuela fue blanco excepcional de sus provocaciones, infiltró agentes en territorio nacional y fue tal el cúmulo de delitos en que involucró al organismo que dependía directamente de él, que sus jefes están hoy sometidos a procesos, presos o exiliados. Llegó a tal extremo la situación que Juan Manuel Santos decidió cortar por lo sano, lo eliminó y creó otro distinto.

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LO ÚNICO QUE ÁLVARO Uribe no previó, lo que no le pasó ni remotamente por la imaginación, es que el sucesor se le alzara. Que le hiciera lo de Gómez a Castro, pero sutilmente, con vaselina, con otro signo, y eso es lo que lo tiene arrechísimo. Porque el cachaco bogotano, que pertenece a la estirpe de los políticos finos, calculadores, se echó al pico al antioqueño locuaz y arbitrario. Santos no quiso seguir su política, y en el caso de la relación con Venezuela, optó por restañar las heridas y con visión de estadista se dio cuenta de que Chávez era un interlocutor válido. Y acertó. Por lo cual “Uribito” perdió los estribos. Por eso que cuando unos políticos venezolanos, miembros de una oposición despistada, se reúnen en Bogotá -porque no tienen nada que hacer en Caracas-, los sermonea desesperado, los acusa de ser blandos con Santos y les ordena que cuestionen su próxima visita a Caracas. Y estos políticos sin dignidad guardan silencio ante la impertinencia del metiche, en vez de mandarlo al carajo. De ahí que todo indique que el frustrado aspirante a tutelar a Santos tras bastidores, se conforme con liderar escuálidos.-



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