Los que quieran estudiar educación superior, que paguen

Por • 27 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Sebastian Piñera, oligarca hasta la médula, de rancia y apestosa derecha capitalista chilena, que hizo su mil millonaria fortuna al amparo de la sangrienta dictadura de Pinochet, manifestó lo siguiente: “…tenemos que garantizar becas para todos aquellos estudiantes que lo necesitan y lo requieran y asegurar una justa financiación para todos aquellos que teniendo mérito quieren acceder a la educación superior…”  Es decir, para acceder a la “superioridad humana que da la universidad, deben tener méritos como el. Por eso, los “huasos” y los cholos chilenos están jodidos, porque aunque quieran entrar en las universidades la meritocracia racista y clasista chilena les va a decir: Andáte a la punta del cerro huaso bruto, tu entras para el día del cohete.

Este individuo cuando fue estudiante de Economía en la elitesca universidad de Harvard estuvo becado por el  Programa Fulbright, que son “ayudas educacionales” financiadas por la Oficina de Asuntos Educativos y Culturales del Departamento de Estado de los Estados Unidos, el sector privado y el gobierno del país de origen, de esos “estudiantes”. Es decir, entre el imperio gringo y el estado chileno patrocinaron a este “asalariado” alumno para que se formara y fuera un “hombre útil para su patria”. Y lo paradójico, es que Piñera titulo su tesis de grado como: “Economía de la educación en países en desarrollo” y por eso no es extraño que este “aventajado” discípulo del imperio, le aplique la receta neoliberal a la educación universitaria chilena, creada por nuestro Andrés Bello. Es decir estudia el que tiene, no el que quiere y a veces el que puede.

El privilegiado y arrogante individuo que preside el actual estado burgués chileno no ha economizado nada en su sectario actuar capitalista para borrar la tibia y casi fría acción social de su predecesora, la Bachelet. Y eso, lo sabía el pueblo chileno. Chile, que es una nación donde el espacio socio-económico que separa a la clase dominante santiaguina con el resto de la población que está diseminada por este “estirado” país, se amplía cada vez más y la presencia de Piñera, que fue pasada por las urnas electorales, es la de un gobierno que aunque no lo maneja directamente el generalato neo-nazi creado y dejado por Pinochet, su desenvolvimiento mercantilista sigue ensangrentado con las balas de miseria al guerrero pueblo araucano.

Los estudiantes chilenos liderizados por la camarada Camila Vallejo quieren una educación pública, gratuita y de calidad. Lo que se ha denominado la primavera chilena tiene en esta joven vanguardia comunista estudiantil un halito esperanzador, no solo para reivindicar los elementales derechos de tener la individual formación de las aptitudes de la creación y que la sumatoria colectiva genere bienestar al pueblo chileno, sino que en estas protestas van inmersas también las frustraciones de los humildes chilenos que ven su calidad de vida y su prosperidad mermada, porque todo su devenir está en manos de los usureros comerciantes de la vida, formados por el imperio depredador capitalista.

Lo que está pasando en Chile debe ser ejemplo para nosotros, sobre todo aquellos ciudadanos y ciudadanas de la denominada clase media profesional (o los que creen tener la mitad del camino recorrido, para llegar a ser clase alta) que piensan que el regreso de la derecha apátrida venezolana al poder les garantizará su “status” para si y su descendencia; “status” que en la mayoría de los casos lo recuperaron y se les reconoció en la revolución.

El Gobierno Bolivariano, siguiendo el mandato constitucional, ha hecho justicia social al crear un sistema educacional desde el primer nivel hasta el universitario como es el caso de la Misión Sucre, incluso con estudios de cuarto y quinto nivel, Con estas incluyentes misiones educativas y culturales se ha beneficiado al individuo y se ha fortalecido el sector económico, tecnológico y productivo nacional con nuestros egresados, a los cuales en gran medida participan con conciencia nacional en reimpulsar nuestra patria. Estos egresados y egresadas emergen de manera socialmente proactiva y creadora. No se esperan de ellas y ellos que sean una mano de obra barata calificada, que como un insumo mas en la producción de bienes y servicios en el sector privado, salen al “mercado” laboral para aumentar aun mas la  riqueza al rico patrón explotador, que de manera alguna invirtió en su formación. También, este es el contingente en el que debemos confiar para entrar en todos aquellos espacios que en mas de una década de revolución, siguen blindados y ocupados por individuos y grupos, que mantienen un permanente y desestabilizador saboteo dentro de los organismos del estado y que no han podido suplirlos, porque son “escuálidos necesarios”

Pero, esta inversión que hace el estado venezolano en los socio-educativo no solo debe ser para solo llenar las aulas de clases, debe estar acompañada por un plantel profesoral que de manera estable y digna, se mantengan en la formación de las nuevas camadas de venezolanas y venezolanos capacitados y con talante socialista. Pero, la realidad es otra.

La Misión Sucre, la madre formadora del nuevo hombre y de la nueva mujer que requiere nuestro país, no valora ni sus egresados que dan clase dentro de ella ni los profesionales que se han anexado cono facilitadores en sus espacios o aldeas. No se si el estamento burocrático de nuestra educación universitaria nacional está actuando con aquella vieja visión colonizadora y piensa que como son “aldeas” universitarias, a esos “indios” docentes hay que pagarles con baratijas. Es decir, para el ministerio tiene mas valor los doctos académicos de las universidades autónomas que chantajean al gobierno y participan en la desestabilización, que los docentes o facilitadores de los espacios misioneros revolucionarios. Para ellos, el aumento presupuestario, salarial y otros beneficios contractuales del encumbrado universita de FAPUV es prioridad, en contrapartida al trato displicente que se le da al camarada docente que imparte y comparte conocimiento en la provincia venezolana, a cambio de un exiguo estipendio que como única y tardía compensación salarial recibe. A los docentes de la Misión Sucre los tiene el ministerio como los menesterosos de la educación universitaria, porque esa gran valía que tienen como trasmisores y receptores del conocimiento liberador no es recompensada. Y como acicate se les dice que es una acción revolucionaria vanguardista lo que hacen, no un modus vivendi, cuando lo ideal es que sea un todo humano.

Y esto, no tiene nada que ver con el valor económico que tiene la educación, ni de los privilegios que deben tener los y las docentes. Tiene que ver con la igualdad y el trato digno que debe regir de hecho, derecho y sobre todo, de creencia en nuestro modelo socialista. No se puede tener docentes universitarios de primera y de tercera. La improvisación, la informalidad, el irrespeto, el clasismo y el exclusivismo universitario, no es parte de la claripensante visión que el camarada Chávez tenía y tiene para esta necesaria y fundamental misión formadora del tecnólogo, del médico y la enfermera, del ingeniero y la arquitecta, del abogado y la fiscal, del hombre y la mujer que nuestro país necesita. Es además, por añadidura un factor de política: la política de estado y la táctica y estratégica política que garantizará la permanencia del Gobierno Revolucionario, al frente regentado y rigiendo este estado.

Ministra, dignifique los espacios y los docentes de la Misión Sucre porque la Revolución Bolivariana es inclusión, solidaridad e igualdad. Sea usted la que fortifique esta noble e imprescindible gesta de nuestro proceso, no como logró personal, sino como logro revolucionario. Nuestra nación que aspira la independencia tecnológica, productiva, económica e ideológica sigue a la espera. Misión Sucre, sus docentes, facilitadores y vencedores, son parte de la educación universitaria para vencer, no de la educación universitaria para ser superiores.

Sin Chávez no hay revolución, porque Chávez es la Revolución

Ing° Carlos J. Contreras C.
cajucont@gmail.com
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