Cien Años de Apagones (Cap. IV de María, apaga esa luz)

Por • 27 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Pescador de Sueños

“María, apaga esa luz”, radionovela para ser leída, con historias tan tristes como las peripecias y sinsabores del  pueblo palestino para conseguir un sillón en la ONU, tan preñadas de buena voluntad como las decisiones de la CIDH respecto de corruptos venezolanos, tan equitativas como las electromultas del Ministerio del Poder Impopular de la Estafa Eléctrica. Con la magistral interpretación de Alí Rodríguez, padre de los apagones y de las electromultas, ladrón de sueños de las amas de casa; con la participación estelar de Corina Zuloaga, la actriz que conmueve el corazón de George W Bush. Escrita por Ramiro Meneses, el autor que escribe cuando no hay apagones, que es casi nunca.

Capítulo de hoy: “Cien años de Apagones”. Con la actuación especial de Capriles Radonski interpretando el papel del cardenal, personaje más crápula que Antonio Ledezma y más concupiscente que María Corina Machado y Pablo Pérez.

Aquella tarde, frente al pelotón de la empresa eléctrica que había ido a “cortarle” la luz, Mauricio y Estefanía, recordaron el funesto día en que llegaron los apagones.

“No te preocupes, mi amor…”, “No se preocupe, vecino…” “Eso es por causa de la lluvia”. Había dicho Mauricio entonces, intentando una explicación lógica y esperanzadora. Pero pasó la época de las lluvias, vino la sequía y los apagones no se fueron sino que se multiplicaron. Y así, año tras año, hasta que se convirtieron en un enemigo implacable.

¿De dónde habían venido? Nadie lo sabía. Algunos conjeturaban que de tiempos prehistóricos; otros, que de un lejano planeta perteneciente a una galaxia de los días primordiales.

Pero lo peor vino después, cuando el padre de los Apagones decidió imponer las “equitativas” y nunca bien ponderadas electromultas. Al daño ocasionado por la quema de aparatos electrodomésticos se sumó este inaudito castigo en contra del presupuesto familiar.

En la noche, en medio de la oscuridad de su habitación, cercados por un calor soporoso, y asediados por un demencial coro de zancudos, Mauricio y Estefanía conversan:

–      Ay Mauricio, ¿y ahora cómo vamos a hacer para que nos vuelvan a poner la luz, porque entre el recibo, la electromulta y la reconexión debemos un realero?

–      No sé, mi amor, mañana llamo a mi hermano Ramón para ver si me puede prestar la plata para pagar ese vainero, porque con mi sueldo de maestro, imposible.

–      Pero bueno, mi amor, ¿y acaso la Ley del Indepabis no nos protege, no obliga a la empresa eléctrica a darnos una oportunidad para acordar un plan de pago?

–      Sí, eso es verdad, pero los muy leopoldolópez y los muy caprilesradonski no le paran bolas a la ley y hacen lo que les da la gana.

–      Ay, mi amor, ¿y por qué será que nuestro gobierno permite esto, será que ya dejó de ser revolucionario?

–       Coño, la verdad es que yo no sé, pero las vainas que están pasando me confunden.

–      Ay, Mauricio, me da miedo que el gobierno del comandante se descarrile y pierda las elecciones, porque imagínate lo que pasaría en este país si los eduardofernández y los álvarezpaz y todos esos pitiyanquis volvieran a gobernar, sería el acabose…

–      Así es, Estefanía, lamentablemente si eso sucede, si el comandante pierde, este país se iría a la mierda; pero yo no entiendo porqué el gobierno comete tantas burradas; verga, en casi todas las instituciones, en casi todas las oficinas públicas quienes mandan son los ismaelgarcía, los andrésvelásquez y toda clase de bichos escuálidos…

–     Ay, Mauricio, tantas esperanzas puestas en este proceso bolivariano, no puede ser que todo se pierda…

–       Bueno, ojalá el gobierno rectifique pronto y si no, que Dios nos agarre confesados…

Por fin se durmieron. Y en medio del sueño, como salido de una de las pailas del infierno, apareció el señor cardenal, acompañado de una caterva de obispos, y les dijo:

–      ¡Ustedes, pérfidos cristianos, envilecidos hijos del padre creador; ustedes que han desoído la palabra de nuestro padre celestial, que han desertado de su viña para ir a apoyar el gobierno castro-comunista del descarriado, del gran demente, ustedes están condenados a sufrir cien años de apagones!

–      Pero señor cardenal, entienda, el gobierno del comandante lo único que hace es luchar por los pobres, él quiere acabar con la pobreza…

–      ¡Cállense, felones! ¿Acaso no saben que la pobreza es gracia divina, parte del plan de Dios para que los pobres disfruten de vida eterna a su lado, acaso no lo saben?

–       Pero, señor…

–      ¡Nada, cállense! Y sepan que nada ni nadie los librará de las electromultas y de vivir Cien años de Apagones, jajajajajajajajajaja…

Y como una nube tenebrosa, tal como apareció, así se fue el señor cardenal con su séquito de obispos que parecían malévolos engendros de la mismísima MUD.

Y así, atrapados Mauricio y Estefanía en esa cruel pesadilla, acaba este capítulo de la radionovela que cuenta las dramáticas historias de las víctimas de los Apagones y de las electromultas. No se pierda el próximo capítulo…

Ramiro Meneses



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