Manuel Rosales y Leopoldo López, dos mirones de palo

Por • 26 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Aunque hayan utilizado diferentes vías, el fin que persiguió Manuel Rosales, quien huyó de Venezuela tras ser acusado de enriquecimiento ilícito, y que actualmente busca Leopoldo López, señalado de corrupto, es el mismo: desde el punto de vista mediático arreguindarse por alguna esquinita de la mal llamada Mesa de la Unidad Democrática y de cualquier forma participar en el panorama político electoral 2012-2013.

El problema es que esa mesa parece ocupada por borrachos perrerozos enviciados en un dominó con señas, de trampas, que les pegan tremendo capote y nada que se levantan y le dan chance a las otras cruces de personas ambiladas, que tienen que conformarse con mirar sentadas desde atrás las cartas por encima de los hombros de los jugadores empedernidos, y echar su partidita pero con la vista, calladitos y sin tocar nada. Los mirones son de palo.

A Rosales como a López les correspondió ocupar esa posición. El fugitivo de Perú inició un alboroto y se calmó, aunque supongo que de momento; pero el coordinador de Voluntad Popular no parece resignarse y continúa el escándalo con la esperanza de echar mano a cualquier puntica de la mesa.

Con Rosales se puso de manifiesto el dicho ese de que amores de lejos, amores de pendejo. Pablo Pérez comenzó a creerse grande y cada vez se le hizo más complicado manejarlo a través de “pines” y mensajitos de textos, hasta perder el control sobre él; encima de eso, se comenzó a olvidar y tuvo que echar a rodar la bola de que vendría a Venezuela intentando llamar la atención en el ambiente político electoral. Hicieron de eso una angustia de “Padre Nuestro y Señor Mío”. Todos los días había gente sorprendida en su buena fe que amanecía con el sobresalto de que Manuel pudiera estar llegando al aeropuerto.

Algunos medios de comunicación incautos y otros perfectamente conscientes y comprometidos con la maniobra del dirigente de Un Nuevo Tiempo se sumaron a una ofensiva mediática, tan intensa que muchos ya veían al general Baduel parándosele firme al Pran Manuel Rosales en Ramo Verde.

Otros más ilusos veían a Chávez y no sólo veían a Chávez como tal, sino que veían como una gota de sudor le corría lento por la frente y se le desviaba al llegar a la ceja izquierda, para continuar por la mejilla hasta quedar colgando de su mentón desencajado, ante la preocupación de pensar que Rosales pisara tierras venezolanas. Cualquiera diría ¡qué estupidez más grande!, como en efecto lo es; el problema radica en que el bombardeo intencional y tendencioso de los medios de comunicación, produce esos efectos.

Pero en síntesis, eso era bulla, nada más que bulla, Rosales no vino ni iba a venir jamás, y si vienen  lo meten preso; todo se trataba de una componenda buscando poder, mantener el control, ¡pero qué va! ya no lo quiere ni Pablo Pérez y menos esa gente aferrada a la mesa de la discordia. No sé si lo querrá Eveling Trejo.

Ahora lo hace exactamente igual Leopoldo López; quiere notoriedad, capacidad de negociación, algo que a pesar de su inhabilitación política permita que lo tomen en cuenta en este proceso electoral, sólo que éste se basa en una sentencia de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CDIH), la misma que nunca se pronunció, por ejemplo, ni en contra de los golpistas del 11 y 12 de Abril en Venezuela ni de los de Honduras contra Manuel Zelaya.

López tiene una algazara a través de los medios adversarios al proceso revolucionario con que se va a inscribir en el Consejo Nacional Electoral para ser candidato presidencial; evade a propósito –porque eso forma parte de la maniobra- que Venezuela es un país soberano y con dignidad, y él está acusado de desviar partidas de dinero durante su gestión en la Alcaldía de Chacao. Antes, lo investigaron por una “donación” de 60 millones de bolívares que recibió de Petróleos de Venezuela para el partido político Primero Justicia, cuando la mamá, Antonieta Mendoza de López, era gerente de Asuntos Públicos de la industria. De manera que más bien no se descarta que en cualquier momento lo puedan poner entre rejas.

Lo otro es que ni siquiera los chavistas, sino los propios opositores quienes al igual que a Manuel Rosales, no lo quieren cerca. No se necesita tener una bola de cristal para entender que más gente engolosinada alrededor de esa mesa no haría más que acrecentar las divisiones que, por cierto, son demasiadas y bastantes profundas. Los precandidatos le hacen el juego, pero en el fondo desean que el Tribunal Supremo de Justicia decida en su contra.

Hasta este instante la sensatez, la razón, el juicio, la seriedad, la madurez y la reflexión indican que el hombre no debe ir pa’l baile, ¡¿quién puede decidir a favor de un corrupto?!,  aunque ojalá quisiera Dios que se pudiera lanzar como candidato presidencial, para que Chávez lo barra de una vez por todas y desbarate esa mesa floja que está que se cae al piso con el estornudo de un muchachito recién nacido.

Alberto Morán
albemor60@hotmail.com



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