Cien

Por • 26 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

La Mucuy

Esta columna llega a sus cien publicaciones y los únicos responsables de esto son los buenos espíritus que hay en La Mucuy merideña.

Podría decir que es una centena de estrellas, testigas de pasos que cabalgan la tranquilidad de la vida sobre unas encontradas montañas aladas entre antiguos caminos que conducen a grandes lagunas encantadas, custodias de mitos, leyendas, horas y lejanías.

Quizás, tantas centurias que caen instalándose en grandes árboles tan antiguos que solo los bosques son testigos despiertos con ladridos de los perros cazadores Joropo y Yuber, quienes un día escondieron sus latidos para acompañar y vigilar la vida de aquellos grandes vetustos.

A lo mejor es un centenar de tallas creadas con manos de artesanos, espigas moraditas por los días que acercan el yaragua. Un centenar de sueños, letras, música y poesía a medio terminar plasmada en pinturas de hechos ausentes en cada tono, pincel y color.

Un siglo de los muchos que reposan en el secreto de estas grandes tierras poco conocidas, vidas guardadas en cada pedazo de suelo que nos habla, forja y extraña el silencio de nuestros pasos.

Cien son los años que está por cumplir María Alcira Lacruz, madre de las tres únicas angeladas muditas talladoras de vida que bendicen con sus espíritus estos antiguos espacios.

Seguro, podrían ser las recién cumplidas añadas de Don Ignacio, habitante de La Mucuy Alta, hombre centenario, quien carga tras sus recuerdos las cien lunas de su vida.

Este mes nos sorprenden las celebraciones de San Miguel Arcángel, ángel aparecido a Doña Eloísa, quien bautizo la constancia por su Pesebre de Milpas, patrono de la justicia, serafín que un día cerró los cielos para dar la cruzada en contra del mal.

Todo esto, hace que esta sencilla columna llegue hoy a cien publicaciones, haladas por trineos que bendicen aguas, montañas, ríos y la sapiencia del oso frontino, quien escucha tras las montañas las cuerdas de un antiguo violín bogadas por los dedos de Don Juan Maldonado.

Uno, dos, tres, cien, sueños de años atrás cuando descubrí la sonrisa de tres admiradas muditas que dieron inicio al primer escrito: La Casa del Silencio, luego: El Señor de las Aves de Gabriel Maldonado y la confección de Sueños en Plastilina de Undibal Sosa, hoy, Cien.

Estas cien palabras acompañan el Spleen del poeta Hermes Vargas, melancolía sin causa de un pintor embravecido con el recuerdo.

A todos ellos va un repaso, letras e ilusiones convertidas en cientos de oraciones, voces, mensajes y señales. Apenas, son cien.

Miguel A. Jaimes N.
lamucuyandina@gmail.com
lapetrolia@gmail.com



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