Ladran y se agrupan ¡avanzamos!

Por • 23 Sep, 2011 • Sección: Un Grano de Maíz

Los campos se delimitan claramente, es señal de avance. El camino se va empedrando con las traiciones de los oportunistas, espantados con las definiciones prácticas de la Revolución, que dibujan su propio curso.

Los oligarcas definen sus intenciones imperiales, y muestran a sus agentes con uniformes mohosos de unas candidaturas que portan en el pecho la bandera capitalista extranjera.

La capacidad de engaño oligarca disminuye cuando desempolva sus momias apátridas. Simultáneamente la imagen de la Revolución se hace más nítida, brilla, se depura, se eleva en sus logros y reconoce sus errores. Eso la engrandece en el corazón de los humildes.

La Revolución tiene en las elecciones una difícil batalla. Es su momento de mayor debilidad porque en ellas bullen los valores del capitalismo. Es terreno fértil para las mayores traiciones y canalladas, pero también para los actos heroicos anónimos, aquellos en donde, sobre la tentación de una migaja, prevalece la convicción del deber para con la sociedad y la patria.

La época electoral es difícil porque se rige por la lógica de la oligarquía, ellos la han transformado en un carnaval, en un torneo irresponsable, despojado de la seriedad de decidir el futuro del país. Las elecciones se fueron destiñendo, no se confrontaban proyectos distintos de sociedad, sino que eran simples operetas para justificar el cambio de hombres, nunca de sistemas. Al final se transformaron en simples juegos de azar.

Al mismo tiempo, eran mecanismos de seguridad del sistema capitalista: daban la sensación de cambio, cuando nada cambiaba, y producían la imagen de que aquella infamia era infinita y que duraría para siempre. Así los humildes padecían su exclusión, la clase media su extinción, y los pocos privilegiados masticaban sumisos las migajas.

Con la Revolución, que desde su nacimiento asombra, las cosas son diferentes: avanzamos a nuestro ritmo hacia una nueva sociedad, eso es innegable, tenemos aciertos y errores, pero, sobre todo, se percibe que esta Revolución ama al pueblo, al hombre, a la naturaleza, más que nadie, desde que Bolívar fue crucificado en San Pedro Alejandrino.

Y ese amor está resumido en la valentía política de Chávez, capaz de romper el hechizo que nos embobó por más de cuarenta años. Aquel 4 de febrero comenzó un proceso de rescate de la Patria, que no cesa. Chávez tiene la audacia necesaria para hacer Revolución, romper cadenas mentales, plantearse aventuras teóricas, enfrentar a lo consagrado.

Esa conjunción de factores que es la Revolución: pueblo despierto, líder consecuente y oportunidad histórica, no es común, ocurre cada cien años. Es deber de todos y, por sobre cualquier excusa, defender esta oportunidad.

Siempre debemos tener presente que en las elecciones del 7 de octubre vamos a una batalla decisiva, de las más difíciles. Debemos afinar nuestros aparatos de divulgación de ideas, profundizar la batalla cultural y romper con la parsimonia de la costumbre. Es necesario que nos comportemos como soldados de la batalla final. De aquí al 7 no hay lugar para la molicie y después del 7 profundizaremos.

¡Con Chávez ganaremos y profundizaremos!



Tu opinión es importante. Escribe un comentario