La conspiradera

Por • 14 Sep, 2011 • Sección: Piedra de Tranca

VENEZUELA SIEMPRE FUE un país de conspiradores –quien no lo haya sido que tire la primera piedra. Un país de conspiradores abiertos y francos; y de conspiradores solapados y simulados. De conspiradores públicos y conspiradores de closet. Conspiradores de verdad, verdad, y conspiradores de pacotilla. De los que toman en serio lo que hacen y son capaces de tirar paradas, y los habladores de bolserías. Conspiradores de botiquín, de sobremesas en restaurantes de medio pelo o de lujo –donde se bajan en pocas horas varias botellas de escocés 18–; o los que trabajan para el golpe día y noche. Conspiradores civiles que gozan hablando de contactos con militares, y de militares que se jactan de sus relaciones con altos personajes del mundo civil.
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EL VENEZOLANO SIEMPRE ha sido así. Sobre todo le gusta aparecer como informado. Y nada más indicado para despertar interés y coger fama, que lucir como conocedor de lo que sucede en el insondable y misterioso mundo castrense. Da caché citar nombres de oficiales; hablar de contactos con uniformados o familiares de éstos; mencionar reuniones supersecretas; correr versiones de que los organismos de inteligencia los tienen en la mira; que los teléfonos están intervenidos; que la oficina está vigilada y que no hay noche que la DIM no se pasee por frente a la casa.
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EN ESTE PAÍS TODO el mundo ha conspirado. Cada quien a su manera y en base a conveniencias. Los adecos, los copeyanos, los urredistas, los comunistas, los uslaristas, los lopecistas, los gomecistas –luego de que murió el Benemérito–, los obispos y los curas, los banqueros, los empresarios, los dueños de medios y, por supuesto, los militares. Cada quien en el momento histórico en que le tocó actuar. Hay los viejos conspiradores y los nuevos conspiradores. En fin, hay de todo.
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PERO NO BASTA SER conspirador. De boquilla, muchos lo fueron y lo son. Es indispensable probarlo. Confirmarlo en los hechos. Para eso se requiere, además de ganas, de intención, de verbo, algo que se conoce con el nombre de bolas. Así como suena, lo cual no es grosería –más que seguro que no faltará alguien que al leer esta columna acusará al escribidor de procacidad–, sino una expresión coloquial que grafica lo que se plantea. Hay que tenerlas rayadas y punto.
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ES POR ESO QUE en el país ha habido muchas conspiraciones mentalizadas y rocambolescas. Conspiraciones que no se materializaron y que quedaron en pura pistolada. Y conspiraciones que se ejecutaron con variado éxito: triunfaron militarmente y fracasaron políticamente y viceversa. Y hubo promotores de conspiraciones a los que se les aguó el guarapo y a los que no se les aguó. Conspiraciones vergonzosas porque sus participantes negaron su paternidad y embarcaron a todo el mundo, a civiles y militares, y los conspiradores que echaron el resto y asumieron la responsabilidad. No hace falta citar nombre ni episodios, porque el país los conoce.
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¿EN CUÁL CATEGORÍA HAY que ubicar la conspiración –y los conspiradores– que está en marcha? ¿La verdadera o la de boquilla? Ojo: no hay que olvidar que en este país hasta las brujas y las cucarachas vuelan.-



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