Auto confesión S-11

Por • 10 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

“La élite banquera en general y la anglosajona
en particular está dispuesta a salvarse incluso
a costa de grandes mayorías en tierra propia”

LA GRAN CRISIS DEL SIGLO XXI: ENTRE AMENAZAS Y OPORTUNIDADES

¿Estamos ante una próxima Gran Guerra?
Antonio Jarquin Toledo
Wim Dierckxsens

1.
El 11 de septiembre de 2001, al conocerse la noticia, el valiente psicópata, presidente de USA, George W. Bush, fue trasladado a la base militar Offutt, donde existe un búnker poderoso.

Buscaban protegerlo de los ataques en curso, cuyos autores eran desconocidos hasta entonces. Allí, con serenidad y ecuanimidad, consideraron la probabilidad de que el grupo de asesinos entrenados por la CIA para enfrentar a los soviéticos cuando invadieron a Afganistán, Al Qaeda, fuese el responsable.

Entonces, habiéndoles asignado prematuramente la culpa a presuntos enemigos musulmanes, reales agentes del Imperio camuflados como terroristas, el gallardo presidente ordenó que lo trasladasen a Washington, adonde quiso ir desde el comienzo -al salir de la escuelita donde daba clases de patriotismo cuando comenzó el aleve ataque-, aunque sus acuciosos asesores se lo impidieron, quizás obedeciendo ordenes del COG.

Al fin se les impuso. Es que, aunque no lo parezca, es un genio muy superior a quienes lo rodeaban. Es un inspirado por el dios de la impostura que orienta a los gobernantes inescrupulosos, capaces de cualquier crimen, contra quien sea, desde que no sea alguien de sus afectos o cuya desgracia afecte a quien la ordena.

Su grandeza la demuestran la calma que conservó para no alarmar a sus compatriotas, pero, sobre todo, su buen humor, de tipo premonitorio, que le permitió serenar al joven chofer que a las volandas, zarandeándolo como a cualquier pobre, lo llevaba hacia el bunker elegido para protegerlo.

Jocosamente le dijo que no era necesario correr tanto, pues “allí no iban los de Al Qaeda”. Con tan oportuno apunte, calmó los ánimos y relajó la tensión del personal, según nos lo hizo saber Bush, de su propia boca, al conmemorar el décimo aniversario del desastre deliberado.

Pero, lo más importante es que se trató de una inocente confesión sobre lo bien preparado que estuvo el auto atentado, cuyos autores conocía anticipadamente el petrolero criminal, designado por el Club Bilderberg para desatar la guerra mundial que precipite el final para las mayorías, buscando salvar a los canallas potentados de la inmensa crisis que han causado, tan artificial como definitiva.

Hasta ahora, sin embargo, la llamada “guerra al terrorismo” o “war on terror”, aunque no ha logrado que cuaje la tercera guerra mundial a pesar del desespero de quienes la vislumbran como su única tabla de salvación, sí ha permitido apabullar al pueblo usano, pisoteándole sus derechos civiles y sociales, y amedrentándolo hasta el punto de ponerlo a pagar la crisis económica causada por los potentados decididos a precipitar el fin del Mundo.

Pero también ha permitido extender la crisis a los europeos y a los asiáticos, lo mismo que a los africanos y a los latinoamericanos. Ahora, éstos están recorriendo aceleradamente la vía que los convertirá en países parias, sobre todo gracias al macabro negocio montado alrededor de la prohibición de las drogas del placer.

Es una receta paralela al despojo de los monopolios públicos y las riquezas naturales existentes en los países manejados por cipayos (prácticamente todos). La depredación apocalíptica la han extendido a los polos, a los páramos, a las selvas, a los glaciares, a los mares, a los manglares y a los arrecifes de corales. Todo se lo apropian, lo amenazan y lo están destruyendo a la vista de todos.

El tráfico de estupefacientes es la única fuente de ingresos de la que no se apropian abiertamente las trasnacionales, aunque la DEA les garantiza que el negocio les rendirá frutos y no quedará al garete de los mafiosos criollos. También les proporciona un mercado constante a los productores de armas que sostienen las injusticias y reproducen la violencia por todo el Mundo, alimentando el enfrentamiento social entre la población engañada y confundida.

Por fortuna, los pueblos están entendiendo claramente el propósito genocida y arrasador de los potentados. Los ven resueltos a cobrarles a las mayorías los estropicios causados por quienes las han oprimido, saqueado y engañado tradicionalmente, monopolizando el poder y la riqueza.

En consecuencia, cada vez más personas asumen su soberanía y se suman a la lucha mundial por la indispensable transformación social que derrote las políticas depredadoras impuestas a los pueblos por los potentados y que nos han traído al borde de la extinción.

Cada atentado es concreto y específico, de modo que exige respuestas inequívocas de sus víctimas inmediatas tanto como la solidaridad de los demás mortales, pues la mayoría de esos crímenes propiciados por el Neoliberalismo conllevan consecuencias globales adicionales a las locales, de modo que a todos nos afectan y competen.
2.
A medida que la revolución mundial se extiende, es indispensable definir las instituciones y los mecanismos que remplazarán la parafernalia convencional del opresor sistema dominante en la Historia.

En todas partes está basado en las estructuras piramidales dedicadas a oprimir a las mayorías para garantizarles privilegios insoportables a los jerarcas que ocupan las cúpulas. Esto es, a los potentados de todos los pelambres, comprometidos con el Neoliberalismo y sus propósitos perversos de destruir la biosfera y atentar contra la Vida, diezmando a la población y extinguiendo especies animales a un ritmo infernal.

Si impedimos que desaten la guerra mundial abierta, que ya avanza aunque no ha sido declarada, pronto serán despojados del poder y las riquezas que han monopolizado durante la Historia. Es hora de que ambos pasen al usufructo común; que beneficien a todos y cada uno de los miembros de la especie, una vez se consolide la Nueva Era que anuncian los movimientos espontáneos, más no ingenuos o carentes de objetivos, de las multitudes que se levantan contra los gobiernos establecidos y rechazan las soluciones de la falsa democracia representativa o de los caudillos redentores, tan demagogos y crueles como incapaces de aportar soluciones verdaderas.

Éstas serán fruto de la reflexión democrática auténtica, y es posible que sean adoptadas por consenso, tras discusiones amplias que faciliten la participación de todos los que deseen aportar. La fórmula mágica de las votaciones sin conocimiento de causa está gastada. Sólo la defienden los “representantes” impostores que siguen apegados a los fetiches de la “democracia representativa”, tan falaz y nociva, tan clientelista, politiquera y corrupta.

Entre ellos están los vandepatria españoles, arrodillados a los potentados del Club Bilderberg, como lo demuestra el afán unánime de los farsantes del PP y del PSOE por adoptar la regla fiscal, que Francia rechazó pero que los italianos también se afanan por adoptar, según se los exige Angela Merkel, la que estrenó la fórmula en Alemania.

Su propósito es recortar las conquistas sociales y laborales para que los banqueros -que han arruinado los bancos, llevándolos a la insolvencia al extraer las utilidades leoninas que les deja su operación- sigan recibiendo los intereses y las amortizaciones del capital que conlleva el alto endeudamiento impuesto a las naciones para justificar su desmesura. Ésta consiste en expropiar a los pueblos de sus riquezas en aras del sagrado derecho de algunos individuos (los potentados) a apropiarse de las riquezas comunes sumiendo a las mayorías en la miseria.
3.
El desafío es mundial, pero el compromiso es personal. Sólo depende de la conciencia de cada individuo que se sienta digno y resuelva demostrarlo.

En consecuencia, el primer deber personal es oponerse a las recetas neoliberales que infectan cada rincón del planeta, así como tomar partido por los pueblos en vez de apoyar a los canallas que los oprimen y asesinan, como en Libia, Siria y Bahrein. Pero el desafío es mundial, de modo que todos estamos obligados a derrotar a nuestros propios déspotas.

En estos países, afortunadamente, las multitudes conscientes y presentes, auto declaradas en rebelión, están en trance de derrotarlos, pero requieren el apoyo de todos los hombres de buena voluntad y mente lúcida, enamorados de la libertad, y dignos. ¿Lo serás tú?

Darío Botero Pérez



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