María, apaga esa luz (Cap. III:“Los Multables y las Electromultas”)

Por • 9 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Pescador de Sueños

Entre un apagón y otro he logrado completar este capítulo de la radionovela, escrita para ser leída, para ahorrar luz y evitar la multa, aunque tampoco es muy seguro. Éste contiene una historia arrancada de la vida misma, más apasionada que los pedidos melancólicos de la MUD a la embajada gringa, más dolorosa que la situación de los estudiantes chilenos, más desgarradora que la violencia criminal que azota a México pero que no la ve el tipo de Maná,; más dramática que la crisis económica en Europa y Estados Unidos, más funesta que el desempleo en España. Escrita por Ramiro Meneses, el autor que casi no puede escribir por los apagones de CORPOELEC.

Este capítulo se titula LOS MULTABLES y las ELECTROMULTAS, con la participación de Leopoldo López, interpretando a Eleval, personaje más crápula que Capriles Radonski, más cínico que Antonio Ledezma, más cretino que Rafael Poleo y Federico Ravell, más cruel que los cuerpos de seguridad de la cuarta república y más inicuo que Pablo Pérez.

Es la media mañana de un domingo soleado de agosto, aunque a lo lejos, en el horizonte, algunos nubarrones presagian tempestad. Mauricio y Estefanía, como todos los vecinos, se han dirigido al salón de fiesta para participar en la reunión convocada por el luciférico Eleval. A la entrada, son recibidos por sus secuaces: dos tipos mal encarados, tanto como Granier y su palurdo, Miguel Á. Rodríguez.

Eleval aún no ha llegado. Dos tipas, salvajes y agresivas como Marta Colomina y Patricia Poleo, se encargan, la primera de indicar dónde deben sentarse los invitados, y la segunda llevar la lista de los asistentes. Todos toman asiento y se anotan en la hoja de asistencia. De pronto el salón es invadido por un olor muy desagradable, como de azufre, y como en un acto de hechicería, aparece Eleval. Es siniestro, como Sarkozy; abominable, como Álvaro Uribe; despreciable, como George W Bush. Se para frente a todos los asistentes y con voz grave dice, cual Miguel Enrique Otero en sus editoriales del Nazional:

– Multables, malolientes, zarrapastrosos, inmundos, desdentados, chusma miserable, sé que se han estado reuniendo para conspirar contra mí; sé que piensan negarse a pagar las electromultas, pero sépanlo de una vez, y sépanlo para siempre, esas multas las pagan o dejo de llamarme Eleval, señor de la luz y amo de las tinieblas, jajajajajajajajajajajaja…

La risa era tenebrosa, parecía venir del mismo averno; todos los vecinos se llenaron de espanto. Sin embargo, sobreponiéndose al temor, Mauricio se levantó de su asiento y dijo:

– Señor de la luz y amo de las tinieblas, con su permiso quiero hablarle en nombre de todos los Multables, como usted nos ha llamado. Nosotros nos creíamos ciudadanos y ciudadanas de este país, pero ahora vemos que no, sólo somos Los Multables, esto es lo real, lo otro era un espejismo. Sólo quiero que considere esto: Si nos obliga a pagar las electromultas tampoco seremos Multables, sino cadáveres, ya que moriremos de hambre, porque las electromultas están provocando cortocircuitos en el presupuesto familiar y luego de pagar sus facturas, ya no tendremos ni para comer, ¿entiende, señor Eleval?

Luego tomó la palabra Estefanía, y con voz suave como piel de durazno, dijo:

– Señor Eleval, entienda, aquí nadie ha elevado su consumo eléctrico porque sea irresponsable o derrochador. Mire, ahí está Ruperto, él vivía con su mujer y sus tres muchachos en un rancho, le dieron trabajo en Diana, empresa socialista, y consiguió la oportunidad de venir a vivir acá, en un apartamento que antes ocupaban dos ancianos que gastaban poca electricidad. Al mudarse Ruperto con su familia y adquirir bienes de Mi Casa Bien Equipada, como es lógico suponer, elevó su consumo eléctrico. Lo injusto es que ahora él tenga que pagar más en electromulta que en alquiler. También está el caso de Carmen. Ella vendía periódicos y revistas, transformó su local y puso una peluquería, también incrementó su consumo eléctrico, y la electromulta le cuesta un ojo y parte del otro. Entienda, la electromulta es como condenar a la gente a la silla eléctrica.

Furioso, como Cameron y Sarkozy porque aún el Consejo de Seguridad no les aprueba bombardear y destruir Siria como lo hacen con Libia, Eleval dijo:

– Yo no tengo nada que entender –y lo dice con la fiereza propia de las empresas mediáticas privadas-. No es mi problema si ustedes comen o no, si se mueren de hambre o no, lo mío es que paguen las multas, ¡eso y nada más! Si quieren protestar, si quieren reclamar a alguien, háganlo, pero no a mí, sino al ministro que dice que la electromulta es esquitativa, o al presidente. Ellos aprobaron las multas, yo sólo me ocupo de ejecutar sus órdenes.

Y tal como apareció, Eleval se fue como por hechizo, dejando a todos en un gran asombro.

Ahora los Multables se preguntan:

¿Será el gobierno capaz de enmendar el impopular error de las electromultas?

¿Será el gobierno capaz de entender que las electromultas son un castigo inequitativo en contra del pueblo soberano?

¿Qué haremos para que el gobierno rectifique y elimine las electromultas?

No se pierda el próximo capítulo de la radionovela que conmueve el corazón de las mujeres víctimas de las electromultas y despierta la pasión de los Multables.

Ramiro Meneses



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