Así “SÍ” me enseñaron Y asumí la Historia

Por • 7 Sep, 2011 • Sección: General

De Angostura a Santa Marta

El Libertador rumbo a la Fama y la Inmortalidad. Paso de los Andes (Mayo 27-1819).

Como le profetizó aquel Alcalde Indio en el alto Perú: Con el paso de los Tiempos vuestra Fama seguirá Creciendo, “Como Crecen las Sombras, cuando el Sol Declina”.

Bolívar no murió el 17 de diciembre de 1830 sino el 6 de mayo de ese mismo año. Bolívar murió físicamente el 17 de diciembre; pero su muerte biográfica, fue el 6 de mayo. La estrella del Libertador comenzó a declinar desde que regreso del Perú en 1826. Todos sus proyectos fueron cayéndose paulatinamente. Para las grandes masas ignaras de Venezuela y para sus mediocres dirigentes, más próximo a ellos estaba Páez, el pastor de ganado graduado de estadista, que el Visionario. Es lo que explica su triunfo, al igual que los de Santander y Flores. ¿Acaso hoy está sucediendo lo mismo? (Los farsantes y apatridas que ayer hicieron fracasar el Gran Proyecto Bolivariano, igual hoy, lo están intentando).

En mayo de 1830 la Asamblea Admirable de la Nueva Granada se reunió para redactar una nueva Constitución y elegir Presidente. Aunque el Libertador no se presentó de candidato. Tenía la esperanza de que se eligiese a una persona de su confianza, con el objeto de insistir en su idea de salvar la unión de Colombia la Grande. El día de las elecciones se encontraba el Libertador en su quinta de Bogotá, cuando su Edecán le informa, acaba de llegar el General Urdaneta con nuevas sobre las elecciones. Malas noticias le traigo, Libertador… El Congreso ha elegido Presidente de Colombia a Tomás Cipriano de Mosquera y a Caicedo de Vicepresidente. Hay gran revuelo en la ciudad, como consecuencia de vuestra derrota. Se pide al nuevo Gobierno que se os expulse inmediatamente de la Nueva Granada. El nuevo Vicepresidente Caicedo y todo el Gabinete se presentan y le informan: Nuestro primer acto público es venir a agradeceros todo lo que habéis hecho por la Nueva Granada. El pueblo está muy excitado en vuestra contra; por eso decidimos todos acompañaros en vuestra última noche en Bogotá. El Congreso os ha fijado 10.000 pesos de renta vitalicia, con lo que podréis vivir cómodamente en Francia o Inglaterra. (Presidente Chávez, así pagan los Uribes colombianos y la Oligarquía Criolla)

En la mañana del día 6 de mayo, el Libertador, salió camino de Cartagena y Santa Marta. Ya iba muerto, cuando se perdió entre la bruma de aquella fría mañana.

El Libertador llegó a Santa Marta el 1 de diciembre de 1830, luego de seguir un derrotero de ocho meses, desde que salió de Bogotá, a comienzos de mayo. Venía ya muerto. Muerto, por la decepción y el desengaño; por las ofensas y vejaciones que cayeron sobre él con furia inaudita; muerto, al ver su obra destruida, la inutilidad de su esfuerzo y el trágico destino que vislumbraba para nuestros países: A cinco meses de su humillante partida de Bogotá, dónde las turbas lo apostrofaron, llamándole loco y tirano, y los estudiantes quemaron su efigie en la Plaza Mayor. Recibe noticias de Urdaneta; dónde le informa que se levantó en armas contra el gobierno. El 5 de septiembre renunciaron el Presidente Cipriano de Mosquera y el Vicepresidente Caicedo. El Pueblo y el Ejército os Aclama y Reclama, para que os pongáis al frente del Ejecutivo

El General José Laurencio Silva le notifica: Libertador acaba de llegar esta comunicación de los Jefes Militares y Políticos de Cartagena. Además de reconocer la acción de Urdaneta, os eligen Jefe del Ejército. El Libertador les contesta. Estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, afligido, calumniado y mal pagado. Estoy todavía dispuesto a servir a mi País, pero este movimiento espasmódico a mi favor no constituye base para mi regreso a la Presidencia. Créanme que nunca he mirado con buenos ojos los levantamientos y que durante estos últimos días me he arrepentido hasta de los que emprendimos contra los españoles.

Todos mis razonamientos llegan a la misma conclusión: no tengo esperanzas de salvar a la Patria. Este sentimiento, o mejor dicho, esta convicción, ahoga mis deseos y me sume en la desesperación. Soy de opinión que todo está Perdido y para Siempre. Sí sólo se tratase de hacer un Sacrificio, aunque fuese de mi Felicidad, de mi Vida o de mi Honor, créanme que no vacilaría. Pero estoy convencido de que ese Sacrificio sería Inútil… Además, los Tiranos de mi Patria me han Expulsado y Proscrito; de modo que no tengo Patria a quien ofrecer Sacrificios.
¿De qué han servido veinte años de Guerra y Revolución? La América es Ingobernable. Lo único que se puede hacer aquí es Emigrar. Estos Países caerán infaliblemente en manos de los Tiranuelos, Devorados por los Crímenes y Extinguidos por la Ferocidad. ¿Y no están llenos los últimos años del Libertador de tristes reflexiones, en que el Héroe parece repetir: “No sé lo que Conquisto a fuerza de mis Trabajos”?

“En 1822 el Libertador decía que ni ellos ni la generación que les sucediese verían el brillo de la República que estaban Fundando; que la América era una Crisálida, que era menester una (metamorfosis) mediante la formación de un nuevo tipo gracias a la fusión de razas.” ¿Será esta la generación que veremos el brillo de la República que él estaba fundando? ¿Será esta la hora? Pero hay una frase profunda, profundísima, que nos hace penetrar hasta el hondón del alma del héroe. Es cuando en 1824 escribía al marqués del Toro: Entienda usted, mi querido marqués, que mis tristezas vienen de mi filosofía; y que yo soy más filósofo en la prosperidad que en el infortunio. Esto lo digo para que usted no crea que mi estado es triste, y mucho menos mi fortuna”

¿Llegaría Bolívar a sentir la angustia metafísica de todos los grandes, la terrible voz que surge del silencio de las eternas tinieblas y nos dice: Y todo, ¿para qué?

Poco conocidas y peor difundidas son estas sentencias del Padre de la Patria. Por ironía del destino, Bolívar halló su último refugio en la casa de un español, quien le ofreció como residencia su hacienda San Pedro Alejandrino a dónde llegó el 7 de diciembre. Su agonía se prolongó por siete días. En su delirio gritaba: Vámonos, lleven mi equipaje a bordo. No nos quieren en este país. ¡Vámonos! El barco que debía transportarlo estaba anclado en el puerto, a la espera; era el barco de la muerte. El 17 de diciembre de 1830, a la una y cinco de la tarde, se embarcó en su viaje final a una tierra de gloria.

Cito a Mario Briceño: “Crean ustedes que en Santa Marta no murió el Padre de la Patria. Moriría Simón Bolívar y Palacios, el hermano de Juan Vicente y de María Antonia. El otro tuvo su transito hacia la Gloria de los Tiempos, donde no hay muertos, donde viven los Héroes”. “Debemos ver a Bolívar no como difunto, sino como el héroe que renace para el triunfo permanente y cuya apoteosis ahoga la misma voz de la muerte. Debemos tenerle cerca para escuchar sus admoniciones y enseñanzas y así medir nuestro deber de hoy en el campo de la dignidad humana”.

No mentía el día en que escandalizo a los Congresantes de Angostura cuando, en medio de un banquete se trepó a la mesa y riendo la recorre con sus botas haciendo añicos platos y cristalería, dijo a los presentes: “Así se puede ir de4sde Panamá hasta el Cabo de Hornos”.

Don Miguel de Unamuno diría años más tarde: Cuantas cosas no se hubieran resuelto si Simón Bolívar nos libertara a los españoles.

“…Venezuela. Venezuela, la que algo tiene y no se sabe donde…
Si en la leche, la sangre o la placenta…
Que el hijo vil se le eterniza adentro…
Y el hijo grande se le muere afuera…”
Andrés Eloy Blanco.

Cito a Mario Briceño: ¡Bolívar no está muerto como lo pretenden los cultivadores de cementerios históricos! “Bolívar es el hombre que vivió al morir”.

Con Chávez todo, sin Chávez nada.
Hasta la Victoria Siempre y Patria Socialista.
¡VENCEREMOS!.

Manuel Taibo



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