Me duele el alma

Por • 5 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

“En el sector Las Barras, del barrio Mario Briceño Iragorry, en Catia, mataron a tres menores de edad e hirieron a uno, el pasado sábado a las 11:30 de la noche aproximadamente.

Varios hombres armados con pistolas y fusiles, y vistiendo ropas camufladas al estilo de grupos élites (tipo comando), llegaron en varios vehículos al sector, mostrando sus armas y apuntándoles a los presentes.

Sin razón aparente, accionaron sus armas resultando heridos cuatro jóvenes. Las víctimas fatales fueron identificadas como Luis Alejandro Reina Navas (10), Douglas Eduardo Ruiz (14), y Jesús Antonio Viloria Rivero (17), y resultó herido Abelardo Sanz, también de 17 años.”

Abro mí escrito con esta noticia que al leerla me ha dejado un amasijo de emociones nada agradables: rabia, tristeza, arrechera, desesperanza, rencor, horror y muchas otras que no podrían describir de manera grandilocuente mi sentir. Son niños, NIÑOS los que aparecen en esta terrible esquela mortuoria, que fueron asesinados. NIÑOS como mis hijos, como los hijos de cada uno de nosotros. Son NIÑOS, coño, pequeños e indefensos que antes de morir seguramente sus corazones estallaron de pánico cuando vieron las armas que los iban acribillar.

Se ha criticado a mas no poder a los medios de la oposición que como hienas olfatean la sangre y sin miramientos exponen un país bañado en sangre, donde no se puede vivir en paz y que en cada esquina matan un venezolano por un pedazo de celular o porque en su bolsillo no había nada que robar y le hizo “perder el tiempo” a los delincuentes. Estos nauseabundos fablistanes husmean en las morgues y en la psiquis perturbadas de los familiares de las victimas, para que en su comprensible dolor expongan antes las cámaras y los micrófonos su tormento, culpando al gobierno nacional y muchas veces directamente al Camarada Chávez. La gente en su sufrimiento y asediada por estos inescrupulosos, responde a las preguntas inquisitorias dirigidas, hechas por estos maquiavélicos reporteros que no quieren exponer una noticia, sino teñir de sangre la opinión pública nacional e internacional, haciendo ver por ejemplo, que lo que pasa en México es un carnaval comparado con lo que hay en Venezuela. Hasta el insufrible presidente de la corporativa cúpula empresarial católica, el prelado escarlata Urosa Sabino, participa de esta sangrienta bacanal al decir por Globovisión que “…Ante esa arremetida de la violencia y del hampa en el último mes, me siento sumamente triste porque aquí no se trata de nada mediático, sino se trata de la sangre que está corriendo por las calles, sobre todo de los barrios de Caracas”. Carajo, más explícita la mala intención con que lo dijo este ser, que se alimenta de la miseria humana, imposible.

Ahora bien, una vaina es criticar el vendaval mediático sanguinolento y otra es creer que ocultando o no informando debidamente vamos a reducir las cifras de inseguridad o evitar que crímenes atroces como el que inicia mi escrito no se den. El combate a la inseguridad no solo se hace con policías más armados, más preparados o mejor pagados. Esta es solo la arista represiva de esta situación, es decir, es una consecuencia más que una solución. Todavía la ciudadanía cuando ve un policía, un miembro del CICPC, del SEBIN o un Guardia Nacional mantiene una confrontación en su impresión o lo que piensa de estos funcionarios: duda de su ayuda y hasta les tiene temor. Solo hagan una prueba, vayan a cualquier sede de estos cuerpos o pasen por un punto de control y verán el trato que le “dispensan”. No ha cambiado mucho, Estos “servidores públicos” ven al ciudadano con una mezcla que va desde el desdén, con una arrogancia que raya entre la mala educación y el maltrato hasta hacerlo sentir culpable y uno se pregunta ¿de que? Cuando uno consulta a algún amigo que labora en cualquier de estos entes el porque de su actuar, por lo general responden que ellos están formados para desconfiar de la gente por su duro entrenamiento. Entonces, los ciudadanos y las ciudadanas que acuden ha realizar una denuncia o en todo caso dar hasta sugerencias, se exime muchas veces de hacerlo, porque aun no confía en “sus” cuerpos de seguridad, porque ellos no permiten entrar “en confianza”. Y no salgan con la manida frase “pero es solo una minoría la que actúa así”, porque creo que son muchos mas.

Mi quehacer de ingeniero de repente no sea un aval profesional para hacer estudios sociológicos de las causas, consecuencias o correctivos de la inseguridad, pero, como cada uno de nosotros de manera vivencial somos un sociólogo en ciernes y pienso que el origen de este actuar está en la familia (¿que carájo hacían estos niños en la calle a medianoche?) donde los valores que implica la vida en el hogar se han trastocados y transformados por el antivalor que implica el tener o no tener un bien (o un mal) material o de consumo. Todos estos desgraciados asesinatos se han dado por la tenencia mal habida de riquezas o por querer tenerlas y “cuidarlas” a cualquier costo y a veces el estado que regula nuestro actuar a través de las leyes, es permisivo en cuanto a la aplicación en aquellos casos que son secretos a voces.

La eficiencia en aplicarnos una multa por no tener nuestra carta médica o licencia de conducir al día o porque nuestra declaración de impuesto no se hizo a su debido tiempo o por otras circunstancias que como ciudadanos debemos cumplir y no lo hacemos, también debe llevar una sanción en el otro extremo del que tiene la vara, ya que con mucha frecuencia no hay material ni para las cartas médicas ni para las licencias y el sistema telemático del SENIAT es lento si tu lo haces, pero es rápido en los “cyberg” donde te cobran y manejan hasta la información confidencial de los ciudadanos de sus imposiciones tributarias. Pero hay cosas tan importantes que se tienen que investigar y sancionar y no tienen que ver con la multa al ciudadano o contribuyente, según se vea el caso.¿Por qué nuestros “cuerpos de inteligencia” no averiguan que hay detrás de los precios millonarios de las viviendas en la ciudad de Mérida, ciudad de gente joven sin el poder adquisitivo para comprar los lujos inmobiliarios que emergen como hongos por la avenida “Las Américas” y por la vía hacia Valle Grande y que se “venden” como pan caliente y que es común en otras ciudades del país? ¿Por qué no ven los precios de los vehículos “desaparecidos” ensamblados en el país en Mi y Tu carro.com con valores que llegan a casi un millón de bolívares como si fueran un Ferrari? ¿Porque no dan con los alimentos cuando “desaparecen” en grandes proporciones? ¿Cuando un trabajador con los aumentos que el Gobierno Bolivariano ha decretado puede superar a la desborda inflación especulativa que FEDECAMARAS y CONSECOMERCIO estimulan para desestabilizar nuestra economía y que nuestros habitantes vivan una zozobra mental y anímica, al no poder ni cubrir sus necesidades a pesar de las misiones que la Revolución ha implementado? Entonces hay dos aristas más; el desempleo o el estar empleado y no poder mejorar la calidad de vida y en la aplicación de la ley de manera debida, a tiempo y sin diferentes raseros. Igualdad y equidad. Que paguen los que deban pagar y no que tengan preferencia los que tengan mejores abogados o mejores amigos en el poder judicial.

¿Y a que viene esto? A que este es el valor material que constituían estos NIÑOS, el valor de las cosas que se tienen o no y que los asesinos le dieron. Pero que no es el valor para las familias de estos pequeños, porque para esta gente es el dolor grandote que debe tener en los pechos cada madre y padre de estos NIÑOS y que hace que yo escriba con tanta arrechera. Estas muertes hay que investigarlas agotando al final, porque aquí no estamos cercados por la mafia sionista que quiere imponer Israel en Palestina, donde se matan NIÑOS con bombas y fusil y que han aprendido de alguna manera a defenderse con piedras. Estos son NIÑOS que moran en un estado de derecho, muertos en su inocencia, sin una piedra en la mano, por unos mald…s que le dan mas valor a lo que tienen, que a estas vidas inocentes. Esto no es vivir viviendo, esto no es el buen vivir.

El camarada Chávez en su reflexión nos llama a fiscalizar y señalar la mala praxis gubernamental, pero que esto no implique el salirnos de la revolución. Esto es parte de lo que debemos hacer y creo que no implica el menoscabo revolucionario, porque estamos seguros que a pesar de la inmensa deuda social acumulada y que aun no se ha saldado, este es el único gobierno y con Chávez al frente, que garantiza más poder y bienestar al pueblo. Pero esto duele y que jode.

Sin Chávez no hay revolución, porque Chávez es la Revolución

Ing° Carlos J. Contreras C
cajucont@gmail.com
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