¿Tribunales de la muerte, y fábrica de delincuentes?

Por • 3 Sep, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Auditórium

“El hombre inteligente no es el que tiene muchas ideas, sino el que sabe sacar provecho de las pocas que no tiene”.
Anónimo…

La noticia fue escalofriante. El asesinato del sastre italiano en la parroquia San Juan de Caracas, a manos de un sicario de la banda de los ‘tribunales de la muerte’, que hacen estragos todos los fines de semana, y muy especial en la capital venezolana, el presunto responsable de haber asesinado a este sastre, cuando menos debe tener encima una docena de crímenes. Este caso, nos sorprende por la impunidad que lo han dejado, y lastima como sociedad. Su historia no debe ser muy distinta, a la del resto de las personas que integran las bandas de criminales, que diezman a la población con furia los fines de semana. La única diferencia de este crimen, y el de los tres jóvenes de la parroquia de Macarao quizá sea el procedimiento. Los hampones son adultos temibles, de mirar despiadado, y rasgos propios de un hampón. El semblante de un maleante de esta calaña rara vez despierta misericordia.

¿Qué habrá vivido este matón del sastre para convertirse en un desalmado? Será: lo mismo que todos los hampones que salen a matar los fines de semana. ¿Cómo puede el corazón de un ser humano albergar tanta maldad? porque si se analiza muy bien, no debe haber gran diferencia, entre los prontuarios de vida de la mayoría de los maleantes. Los delincuentes son víctimas también presumiblemente, del origen de donde provienen. Siempre el verdugo hace lo que le hicieron, en su sector.

Todas esas conductas en mayor o menor grado según los expertos en criminalística, traen consigo consecuencias, y por supuesto no siempre desencadenan en la formación de un delincuente. Pero yo me pregunto si será posible que un joven maltratado en su sector por un ‘pran’ prepotente sería capaz de “ponerse al servicio” de un grupo de delincuentes, o si por el contrario humillado brindaría información al ‘CICPC’ para desmantelar a quienes lo vejan, y así no formar parte de una cadena de la maldad en cuyos extremos están, por un lado, los seres más desalmados de este país, y del otro, uno cuerpos policiales inofensivos. O llegaremos a pensar ¿que algunas personas se acuestan siendo unos angelitos, y al día siguiente amanecen convertidos en unos demonios?
La sociedad venezolana que esta sufriendo los estragos de la delincuencia, y de la corrupción judicial, penitenciaria, y policial, no puede seguir indiferente ante quienes están patrocinando, y patrocinan esta fábrica de delincuentes que hoy nos amenazan. Esta misma sociedad le corresponde participar en su clausura. Tenemos que trabajar en la reconstrucción del tejido social venezolano.
Recuperando los espacios públicos para el ciudadano de bien, redefiniendo las reglas de la convivencia ciudadana, ser amables con quienes nos rodean, abrir espacios de oportunidad para los jóvenes, abandonar la cultura de la invasión de los edificios, y hoteles (el ejemplo de Sabana Grande), y el abuso delictual de esto invasores. Y esto significa recuperar nuestros parques y espacios de recreación, dar la debida protección al vecino por parte de los cuerpos policiales, destinando algunas horas a la semana para hacer inteligencia social, respetando los semáforos, no tirando la basura a la calle, respetar a conductores y conductora por parte de los motorizados, no permitiendo la violencia vial, interesarse más por la seguridad de los demás ,y un larguísimo etcétera , por parte de los genios de la seguridad ciudadana y penitenciaria, que requieren reiniciarse ahora para beneficiar a quienes sobre vivirán este caos en lo próximos 20 años.

Las nuevas generaciones las están exterminando estos tribunales de la muerte, sin dejar grandes aportes ni el haberse destacado particularmente en nada encomiable. Esta puede ser una oportunidad para reivindicarnos y llevar a cabo el trabajo que muy pocos han querido hacer ¡el de reconstruir el tejido social! Ya que esto significa realizar una labor silenciosa pero efectiva, poco lucidora en el corto plazo, y muy desesperante para la sociedad que espera una cosecha entre ellos mismos con resultados positivos. No obstante ello, este puede ser el mejor legado que podríamos dejar a las futuras generaciones. Mover la roca de la idiosincrasia, romper la inercia gubernamental del absurdo, y entender que otro gallo nos cantaría si alguien logra ponerle el cascabel al gato antes del 2012, sino es demasiado tarde. Que no se nos olvide, que la revolución bolivariana aun tiene mucho que perder.

Edgar Perdomo Arzola
Percasita11@yahoo.es



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