Vivir por el socialismo y la vida

Por • 30 Jul, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Cambio de consigna, “Coja el paso caballero”.

“Inventamos o erramos”, eso lo dijo Simón Rodríguez. Pero lo de inventar significaba para él crear. Partir de lo concreto, de los materiales disponibles, lo tangible, los intereses de la gente para construir lo nuevo. Implicaba negarse a copias de fórmulas o moldes que no entraban en el mundo real y circundante. Eso fue exactamente lo que dijo nuestro Robinson. Eso mismo se deriva del pensamiento dialéctico, que es el mismo aquél. Las ideas o formas para cambiar una sociedad no se importan ni implantan como si fuesen piezas de máquinas. Por eso siempre se opuso a modelos educativos que se importaban, por lo que hasta chocó con Bolívar, como si Europa se pareciese a la América de indios, negros, esclavitud, otras relaciones de producción y toda una amplia y valiosa carga cultural ancestral.

Por esas cosas, a esta edad de uno, que le ha permitido ver bastante agua pasar y recordando la dialéctica a partir de aquella irrefutable verdad expresada por Heráclito de Éfeso, pensador de la vieja Grecia, pese lo mecanicista, “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”, nunca nos gustó aquello de “Socialismo o muerte”. No lo digo por oportunismo o repetir lo que otro dijo aunque se llame Chávez, sino porque nunca nos pareció una consigna adecuada y dentro del pensamiento robinsoniano o del maestro Simón Rodríguez o Carreño. Para muestra basta un botón, como dice el refranero popular. Premio a quién encuentre un trabajo con nuestra firma que haya repetido esa consigna.

Pero es placentero reconocer que el presidente Chávez, desde que hablaba del Oráculo del Guerrero y la tercera vía, aquella que cree en un espacio utópico entre capitalismo y socialismo, ha venido avanzando hasta asumir el marxismo, como método de análisis y aproximación a la realidad y el socialismo como estrategia de su proyecto político. Esta capacidad, disposición de avanzar, corregir el rumbo en plena marcha, que fue de los rasgos maravillosos del Libertador, adornan la conducta del presidente Chávez. Nada le detiene y, para más vainas, pone en apuros a quienes le rodean, y obliga a andar a la carrera, por aquello de “brincas o te encaramas” o les hace repetir como loros, por no haber tenido tiempo, ni sospechas que en cualquier momento habría que hacer nuevos ajustes.

Quizás por una oculta xenofobia, en este caso también robinsoniana, preferí la frase de José Félix Ribas, usada en La Victoria, 1812, para arengar sus juveniles fuerzas, “No podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer”. Dentro de lo dramático, contiene una alta dosis de optimismo y un llamado a la vida, esperanza y gloria. Casualmente, aquella muchachada inexperta, estuvo a la altura del compromiso y la naturaleza de la expectativa.

El contexto histórico de la frase, pronunciada por uno de los limpios héroes de la patria, la pertinencia con respecto al proceso actual venezolano, determinó también que por ella sintiera una nada oculta preferencia, para que fuese el grito de esta nueva epopeya.

Un proyecto político singular, que por sus definiciones, acciones, táctica, diseño concreto, diario acontecer, luce a todas luces, en significativa medida, en vanguardia y diferente a otros, pese a las coincidencias estratégicas, necesaria solidaridad, requiere entre otras cosas sus particulares consignas. Tiempo atrás, un musicólogo añoraba que el proceso revolucionario venezolano, aparte de Alì Primera, no tuviese una expresión musical que lo distinguiese. De modo cuidadoso y sutil, parecía quejarse que música sureña estaba supliendo esa deficiencia nuestra. En esto de la música, los cubanos parecen coherentes, celosos y con mucha fidelidad.

Por estas cosas, uno celebra con satisfacción y hasta alegría que nuestro presidente, quien siempre está solo en la vanguardia, con el partido en la cola como botando el bofe y eso que aquél está quebrantado de salud, haya optado por modificar la consigna y ahora podemos decir, sin duda, “Por la independencia, socialismo y vida. Venceremos.”

Ella se parece, y así lo ha reconocido Hugo Chávez, a la célebre arenga de La Victoria y siendo así, también mucho a nosotros; tiene nuestro ADN y nos vuelve a las sabias enseñanzas de aquel insigne fabricante de velas y luces.

Entonces, como dice un viejo Son cubano, “Caballero, coja el paso.”

Eligio Damas



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