Elda

Por • 27 Jul, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

La Mucuy

Elda de la Presentación Lacruz Maldonado, nació un día veintiuno del mes de noviembre del año mil novecientos treinta y cuatro, falleciendo a la insigne edad de setenta y seis añadas, todos la estaremos recordando por tan alta nobleza, pura, como cada talla de madera que hacia brotar de sus dedos.

Sus figuritas de madera las dedicó a santos: San Benito de Palermo, al gran médico, José Gregorio Hernández, la Virgen del Carmen, imágenes, vírgenes y todo lo que significase algo más allá de lo terrenal.

De nacimiento fue mudita y logro cumplir con todas las responsabilidades que la vida le encomendó. Trajo al mundo de La Mucuy a dos hijos: Antonieta y Ramón Eladio, pacientes y dedicados a la labor de ayudar al semejante.

Sus años estuvieron consagrados a la fidelidad de lo más humano de la vida. Santa mujer, bendita en las caricias de su sonrisa, noble, pocas como ella, habrán en este confuso mundo.

Vivió en el antiguo sector de San Isidro en una vieja casa de bahareque y tapias que construyeron sus tíos a inicios de los años cuarenta. Allí, cocinó durante años en un fogón alimentado con leña seca, al cual le arrojaba chamizos y virutas desperdiciadas de sus creaciones en madera.

Sus hermanos: María Edicta y María Elodia, José Virgilio, José Del Carmen y Pedro José. Su Madre, María Alcira, próxima a ser una mujer centenaria. Sus abuelos: Emilio Maldonado y Resurrección de Maldonado, todos bregadores en la paciencia de aquellos tiempos del sacrificio al campo.

Galán, fue un perro que la acompaño durante diecisiete años, era blanco con manchas negras, y por todas esas historias que se han repetido entre el animal y su amo, al cuarto día de su partida, igual falleció.

Elda de la Presentación seguirá en cada salida del sol de los venados, alumbradores de los picos más altos que rodean su casa, estará en cada figurita de plastilina de Undivar Sosa, Miguel Carballo la esculpirá en cada juguetico de madera y Gabriel Maldonado la pintara en cada una de sus aves.

Hermes Vargas la nombrara en cada uno de sus poemas y la pintara en sus tenues colores que hacen brotar crisantemos, hortensias y claveles. Sera recordara en cada pesebre de Milpas de Doña Eloísa y estará en las paraduras de su familia cada primero de enero.

Los hermanos Rangel tallaran sus pasos y el sacerdote Roberto Paredes la recordara en cada misa cuando llegue el abrazo de paz.

Y quien se bañe en las aguas de Ña Liona y escale la Sierra Nevada, marchará protegido en sus oraciones.

Hasta más allá de la tierra…

Miguel Jaimes
lamucuyandina@gmail.com
lapetrolia@gmail.com



Tu opinión es importante. Escribe un comentario