Así ve la burguesía a Chávez. Hasta cuando tanta traición

Por • 27 Jul, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

A cada paso se observa la mucha influencia que sobre Chávez tienen las pasiones, y el insistir en probar esto sería demostrar una verdad demasiado conocida. Pero la burguesía no repara tanto en los efectos de las pasiones sobre los entendimientos, aun con respecto a verdades que no tienen nada que ver con las acciones. Quizá sea éste uno de los puntos más importantes del arte de pensar de estos individuos. Que las pasiones los ciegan es una verdad tan trivial que nadie la desconoce. Lo que les falta no es el principio abstracto y vago, sino una advertencia continuada de sus efectos, un conocimiento práctico, minucioso, de los trastornos que esta maligna influencia produce en su entendimiento burgués; lo que se advierte sin penoso trabajo, sin dilatado ejercicio. Está presente un hombre de buen sentido y se escandaliza, y replica, y aguza su discurso, y esfuerza mil argumentos para que los desatinados comprendan sus sinrazones, y éstos, a pesar de todo, no se convencen y permanecen tan satisfechos, tan orondos, tan contentos. A Chávez las reflexiones de sus adversarios no hacen mella en su ánimo impasible. No, lo que les falta en aquel punto es sentido común. La disposición natural, o su hábito, le han formado así, y él, que se empeña en convencerles que debieran reflexionar que quienes han sido capaces de verter un desatino tan completo no son capaces de comprender la fuerza de la impugnación.

¿Veis a Chávez, “dice la burguesía”, ese hombre a quien profesan odio y que no encuentra en ese grupo social quien se interese por él; a quien miran con desvió o indiferencia sus antiguos compañeros de luchas? Sí oyen la explicación en que se señalen las causas, estás no son otras que la injusticia, la envidia que no puede sufrir el resplandor del mérito ajeno, el egoísmo universal que no consiente el menor sacrificio ni aún a los que más obligación tenían de hacerlo; en una palabra, es una víctima contra quien se ha conjurado el humano linaje, obstinado en no reconocer el alto mérito, las virtudes, la bella índole del infortunado. ¿Qué habrá de verdad en la relación? Quizá no será difícil descubrirlo en la misma apología; quizá no sea difícil notar la vanidad insufrible, el carácter áspero, la petulancia, la maledicencia, que le han traído el odio de los unos, el desvío de los otros, y que trataron de dejarlo en el aislamiento internacional injusto de que se lamentan, y no haber logrado.

En efecto; podrá suceder muy bien que haya mediado la infidelidad de algunos compañeros del pasado, que haya ocurrido la desgracia imprevista; podrá ser mucha verdad que su corazón sea excesivamente bueno; es decir, que será muy posible que en su relación con el pueblo no haya mentido; pero será muy posible que en esa misma relación se os presenten de bulto las causas de su desgracia; que sus adversarios en su concepción, tan superficial como rápida, en el juicio extremadamente ligero, en el prurito de la burguesía de proyectar la aventura, en la excesiva confianza de sí mismos, en el menosprecio de las observaciones ajenas, en la precipitación y osadía de su proceder. Esta desgracia, lejos de ser puramente casual, dependió de un orden de causas que estaban incubando hace largo tiempo; y la infidelidad de los salta talanqueras sí Chávez hubiese procedido con más tiento en depositar su confianza en ellos y en observar el uso que se hacía de ella.

La burguesía odia a Chávez y a todo lo que se parezca a pueblo; porque los despojó hace 11 años del poder político y económico del país, del que disfrutaban a sus anchas, y tenían al pueblo esclavizado y sometido desde 1830. La vivacidad de la burguesía no es la penetración; la abundancia de ideas no siempre lleva consigo la claridad y exactitud del pensamiento; la prontitud del juicio suele ser sospechoso de errores; una larga serie de raciocinios demasiado ingeniosos suele adolecer de sofismas que rompen el hilo de la ilación y extravían al que se fía de ellos
Hasta cuando tanta traición:
En la madrugada del 6 de mayo de 1830, el Libertador Simón Bolívar parte desde Bogotá a Cartagena, y su destino final Santa Marta, lugar en que fue asesinado el 17 de diciembre de ese mismo año. ¿Quiénes fueron los que lo traicionaron, asesinaron, y gobernaron a Venezuela desde aquélla ensangrentada fecha?
Primera traición: José Antonio Páez (primer rey de la baraja). Traicionó al Libertador y lo expulsó de Venezuela y, a la vez traicionó al pueblo. Llamado “el rey de espadas”, por tener que jalar más machete que todos sus predecesores, analfabeta, peón de hacienda. De no haber muerto Boves en Úrica, es probable que no hubiese salido de la anonimia, pues Páez no hace otra cosa que recoger el legado de Boves. Se apoderó de las mejores tierras expropiadas a los españoles, y también les arrebató a los soldados las que el Libertador les donó por servicios prestados a la Patria. Habiéndose hecho nombrar Jefe Supremo del Ejército por el encargado de la Presidencia de la República; cayó violentamente sobre los Farfanes y mató a lanzazos a sus antiguos compañeros de glorias y de afanes; de tal manera que el latifundio colonial pasó sin modificación alguna a las manos de Páez, los Monagas y otros caudillos de la Independencia, quienes habiendo entrado a la guerra sin bienes de fortuna, eran a poco los más ricos propietarios del país. Se mantuvieron en el poder desde 1830 a 1860. Páez se fue a morir riquísimo a Nueva york.

Segunda traición: Antoñito Guzmán Blanco “el Ilustre Americano”, (segundo rey de la baraja) por lo fino llamado “el rey de copas” y, su combo de los Ali Baba y sus cuarenta ladrones, disfrutaron del poder de 1860 a 1900. Mandó asesinar al General Zamora, traicionó el espíritu de la Guerra Federal, y asesinó a varios de sus líderes, entre ellos a Matías Salazar. El fino Guzmán se robó todos los reales que le prestaron onerosamente los banqueros ingleses a la República, incluido el tesoro de la Catedral de Caracas y, se fue a morir tranquilazo a París, por supuesto podrido en rial. Este sujeto, para ponerse en un título de conde o marqués, le pidió a la reina de España Isabel II, que fuera árbitro en el diferendo limítrofe entre Colombia y Venezuela; como se le ocurre, no fue acaso Simón Bolívar el que les arrebató su Imperio en América; nos costó la mitad de nuestro territorio. Muy ufano pregonaba que prefería ser un ciudadano de tercera en Francia, a ser el primer ciudadano en Venezuela, “tremendo farsante”. En ese combo de bandidos, hubo uno que nos trajo las putas francesas a Caracas, subvencionadas por el Estado y, qué “pa’mejorá la raza”; era hedonista, borracho y jugador.

Tercera traición: Para más vaina y desgracia, de relevo a estos sujetos llegó Juan Vicente Gómez, (tercer rey de la baraja) “alias el bagre del Caribe”, por lo bruto “el rey de bastos” como el mismo se auto-nombró. Llamó a los gringos con sus acorazados para que lo apoyaran en la traición contra su compadre el general Cipriano Castro; como pago les entregó el país y todos sus recursos naturales a las transnacionales yanquis. Así inicio su gobierno: “de Paz, Unión y Trabajo”, este sanguinario dictador; asesinó a mansalva a los venezolanos que reclamaban libertad; sumió al país en la miseria y en el atraso más atroz, a través de sus sangrientas correrías robó todo lo habido y por haber, haciendas, vidas y otros bienes; lo bueno de éste dictador: canceló la deuda contraída por la República desde 1830, y dejó todo lo expoliado a Venezuela como su heredera póstuma y, no se llevó a su muerte nada con él. Después de muerto Gómez, un gobernante de esa dinastía le entregó a Colombia, 500.000 km2 de nuestro territorio. El gomecismo nos gobernó desde 1900 a 1941.

Cuarta traición: Por primera vez en nuestra historia logramos un Gobierno DEMOCRÁTICO, así con mayúscula, el Presidente Isaías Medina Angaria (1941 a octubre de 1945). La elección fue hecha de acuerdo a la Constitución. El Presidente se rodeó de los hombres más capaces: profesionales estudiosos con escrúpulo científico y político. A pesar de las dificultades con motivo del conflicto internacional, no había en el país un solo preso político, ni un exiliado, ni un asesinado. Seguro de su acción se propone una más justa participación del Estado en la explotación del petróleo, así como también que, el proceso industrial de éste sea fuente segura de trabajo para los venezolanos. La reforma petrolera anunciada fue la piedra de tranca y escusa para que el imperialismo, tramara el derrocamiento de Medina. Rómulo Betancourt y su banda de adecos ladrones, que preparaban “su democracia representativa de libertad condicional” con mientes a saquear a Venezuela; aliados con un grupo de militares ambiciosos y sedientos de poder, le tiraron el golpe de estado al Gobierno Constitucional electo por el pueblo. Pero les abortó el negocio el coronel Carlos Delgado Chalbaud y Pérez Jiménez, sus caballos de oros que lo sacaron violentamente del coroto; Pérez Jiménez traicionando más tarde al coronel Carlos Delgado Chalbaud, a quien mandó asesinar por órdenes del imperialismo, se quedó con el poder. Y, a través de una férrea dictadura se mantuvo en el Gobierno hasta el 23 de enero de 1958. Fue derrocado por una revuelta cívico-militar con el apoyo de Estados Unidos.

Quinta traición: De nuevo la adversidad nos trae de regreso al sátrapa Rómulo Betancourt, (cuarto y último rey de la baraja) “el rey de oros”; esta vez secundado por el santurrón Rafael Caldera y su banda de ladrones llamada los puntofijistas y sus delfines, todos borrachos. Traicionaron el espíritu del 23 de Enero y al pueblo venezolano; los del disparen primero y averigüen después, en su haber entre desaparecidos y asesinatos superaron con creces los muertos del dictador Juan Vicente Gómez, y Pérez Jiménez, “cuerda de asesinos”. Entregaron todas las riquezas del país íntegramente a los Estados Unidos de Norte América; a la vez, estos inmorales saquearon a Venezuela hasta decir basta, sumiendo en la pobreza a más del 80% de los venezolanos; nos dejaron el pelero, todo lo que robaron se lo llevaron para Miami. Se puede llamar esa era “el reinado del barraganato”, donde las barraganas de Miraflores manejaban la Hacienda Pública y se uniformaban de generalas de las FFAAN, con el consentimiento del Alto Mando Militar. Todas y todos bendecid@s por los obispos de la Iglesia Católica, a cambio de jugosos cheques; mientras los niños del pueblo se morían de hambre y miseria, sus madres los alimentaban con perrarina. Estos bandidos robaron a Venezuela…, disfrutaron a sus anchas el poder desde 1959 a 1998.

Sexta Traición: (esperemos que la última) El alto Mando Militar nombrado por el Presidente en ejercicio y, un batallón de generales y almirantes al servicio de la oligarquía, obedeciendo órdenes del imperialismo; el 11 de abril de 2002, tiran un golpe de estado mediático, empresarial, y derrocan al Gobierno Constitucional, elegido por la mayoría de los venezolanos en 1998. Afortunadamente el pueblo y los militares democráticos salieron a las calles el 13 de Abril rescatando en menos de 48 horas el hilo Constitucional y al Comandante Presidente que, nuevamente colocó las cosas en su debido lugar.
El Comandante Chávez: Tiene esa fuerza de voluntad, que le da valor en el combate y fortaleza en el sufrimiento, que triunfa de todas las resistencias, que no retrocede por ningún obstáculo, que no desalienta con el mal éxito ni se quebranta con los choques más rudos; esa fuerza de voluntad, necesita dos condiciones, o más bien resulta de la acción combinada de dos causas: una idea y un sentimiento. Un sentimiento fuerte enérgico de servir al país, dueño exclusivo del corazón y completamente subordinado a la idea. Es que también su presencia nos anuncia que conducirá a Venezuela, por siempre; buscando constantemente el camino del progreso, la igualdad y la justicia social, rumbo al socialismo Bolivariano. Añádase a esto que en tratándose de la práctica, sobre todo en las relaciones entre Chávez y el pueblo, no influye sólo en el entendimiento, sino que se desenvuelven simultáneamente las demás facultades. No hay tan sólo la comunicación de entendimiento con entendimiento, sino de corazón con corazón; a más de la influencia reciproca de las ideas, hay también la de los sentimientos.

No, no debe el pueblo huir de la verdad por temor de equivocarse; la verdad no teme la libertad, y el bien moral es una gran verdad. Cuando más ilustrado esté el entendimiento, mejor conocerá la inefable belleza y, conociéndola mejor, tendrá menos dificultades en practicarla. Rara vez hay mucha elevación en las ideas sin que de ella participen los sentimientos, y los sentimientos elevados o nacen de la misma virtud o son una disposición muy a propósito para alcanzarla.

Con Chávez todo, sin Chávez nada.
Salud Camaradas.
Hasta la Victoria Siempre.
Patria Socialista o Muerte.
¡Venceremos!

Manuel Taibo



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