El monstruo llega al atardecer

Por • 24 Jul, 2011 • Sección: Un Grano de Maíz

El capitalismo es un sistema instalado en el alma humana desde hace siglos, sus raíces psíquicas se remontan a milenios, el egoísmo es tan antiguo como la historia de la humanidad, Caín es perseverante.

La sustitución de un sistema así no es tarea fácil, se precisa mucha inteligencia y extraordinario coraje, el coraje de decidirse por cambiarlo todo, y a sí mismo.

Muchos han sido los intentos de superar al capitalismo, pero siempre el huevo de la serpiente eclosiona de nuevo para asegurarse que el hombre continúe expulsado del Paraíso.

¿Dónde hemos fallado, dónde se equivocan los intentos de redención?

Cuando el anhelo revolucionario se concretiza, inmediatamente desde los abismos del alma aflora el monstruo de los valores egoístas, mezquinos, antihumanos y antinatura, repta hacia la superficie, viene a luchar por su permanencia, a defender su perpetuidad. Hasta ahora ha tenido éxito y todos los cambios de la humanidad no han sido más que su reacomodo, siempre ha garantizado su existencia.

De muchas maneras actúa la bestia, muchas son las fallas al combatirlo, pero también muchísima es la experiencia de la humanidad en la lucha por construir un mundo donde el humano viva como hermano.

En el intento de regresar al Edén, hemos aprendido que los cambios materiales son importantes, pero los cambios del alma son fundamentales: el hombre se relaciona en el alma, lo material sólo es vehículo para la expresión del espíritu. Si lo material no se traduce en cambio espiritual, la extraordinaria magia que es una revolución se disolverá, aunque las apariencias señalen lo contrario.

Las Revoluciones que han caído en la trampa de sólo hacer cambios que no sustentan transformaciones espirituales, han sucumbido. Ya el Che alertó años antes, que las medidas económicas que nutrían el egoísmo, llevarían a los soviéticos al derrumbe, el monstruo los devoraría. Y así fue.

En el fondo de toda derrota revolucionaria está la deficiente preparación espiritual, el abandono del alma. Y en cada extraordinario ejemplo de Revolución está el espíritu del hombre nuevo, cada hazaña revolucionaria se sustenta en el brillo de la nueva espiritualidad. Las Revoluciones son recordadas más que por sus logros materiales, por su ejemplo moral, ético, de una entrega a la causa de la humanidad que asombra.

La Campaña Admirable, la Independencia, fueron hazañas del alma. La Toma de la Bastilla, el Asalto al Moncada, la renuncia de Fabricio al curul del congreso, el 4 de Febrero, el ejemplo de los Cinco Héroes Cubanos, Leningrado, nos emocionan, los recordamos por ser hazañas del espíritu.

Nosotros, por nuestras condiciones de país rentista, tenemos alto peligro de cometer el error del descuido del alma, de encandilarnos con los cambios materiales grandiosos pero fatuos, porque mantienen la esencia capitalista, los valores egoístas.

Es imprescindible que todos los cambios materiales sean dirigidos a la transformación del alma, de no hacerlo así, serán vanos, y un día, al atardecer, oiremos al monstruo golpeando la puerta y anunciando el fin.

¡Sin Chávez no hay Socialismo, Sin Socialismo no hay Chávez!



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