Hoy es Bolívar

Por • 22 Jul, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Caminó sobre el planeta, según el cubano Francisco Pividal, más de cinco veces que Aníbal, “El gran cartaginés”, Alejando Magno, “El grande” y Napoleón Bonaparte, “El gran corzo”, juntos. En su montura le dio más de una vuelta al planeta. Atravesó los Andes, desafiò nevadas, vientos helados y riscos. Viajó incansablemente desde donde el gran Orinoco se angosta y acuna la ciudad de Angostura y se reunió, el 15 de febrero de 1819, el segundo congreso Constituyente de Venezuela, siguiendo la difícil ruta de los llanos, para llegar hasta el sur liberando pueblos, creando repúblicas y despertando conciencias; haciendo del conforme y oprimido un pájaro de raudo vuelo y del rebelde, un conciente del qué hacer. Así hizo nacer la “Gran Colombia”, su proyecto unificador.

Y nunca se cansó porque fue y es como el gran Cóndor Andino.

Por esos caminos solitarios a veces secos, otras anegados y sorpresivamente atacadas sus fuerzas por enemigos, dejó su figura pegada. Y está de recodo en recodo. Quizás esos espejismos, como reflejos de cosas que en algún sitio están, que viajan como aquel jinete que nunca supo de fatiga hasta aquellos solitarios días de Santa Marta, hacen que el vocerío repita “Alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”.

Por esas ideas y fuerza que viajaban a lomo de caballo, el poeta, ensayista, economista, Orlando Araujo, dijo de manera hermosa:

“Bolívar jamás tuvo un caballo; tiene un pueblo.

“Uno tenìa de color de trigo y lo regalò a Josè Martì”

Ese caballo nadie lo ha desensillado y recorre América Latina; va desde donde combatió Pancho Villa, hasta la helada Patagonia, del Chile de Manuel Rodríguez, “El Chispas”. Lo cabalga el pueblo, que es Bolívar.

Neruda le vio en el frente de Madrid, arengando al pueblo y Quinto Regimiento; en calles de Santiago, combatiendo por Allende. Supo que el guerrero heroico estaba en todas partes y por eso escribió el “Canto a Bolívar”. “Padre nuestro que estàs en la tierra, en el agua, en el aire”. Se siente el golpear de sus tacones; paso marcial y brillo de su espada, invitan a la unidad de esfuerzos y continuación de la obra inconclusa, para borrar aquella frase dolorosa suya, “he arado en el mar”. Porque en verdad como canta Neruda, hay en este ahora, una ronda de manos solidarias, agarradas fuertemente “hasta el fondo del continente oscuro”.

Eligio Damas



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