Verdadera revolucion mundial

Por • 17 Jul, 2011 • Sección: Tribuna Abierta

Para actuar en consecuencia, a todos nos conviene entender y admitir que no tendremos una segunda oportunidad sobre la Tierra, pero que nuestros descendientes sí pueden dsifrutar las primicias de las suyas, si actuamos con dignidad.

Estamos viviendo la revolución más asombrosa que haya presenciado la

Humanidad, de acuerdo a los registros históricos, y teniendo en cuenta la vocación de destrucción de los enemigos comunes, los jerarcas de siempre, que ahora cuentan con una enorme capacidad depredadora y genocida. Por lo demás, para su haber moral y ético han acumulado toda la vileza de los monstruos que han dominado en la Historia. Son Nerones y Calígulas y Hítleres a la enésima potencia…

En el presente, los milenarios y obsesivos asesinos sionistas cuentan con el respaldo suficiente de los potentados para atreverse a promover abiertamente sus planes ecocidas de Fin del Mundo. Están convencidos de que llegó la hora de cumplir sus profecías, secundados por las otras dos religiones provenientes de Abraham, la cristiana y la musulmana.

En consecuencia, los millones de creyentes están preparados para morir, según lo que consideran el plan divino. En vez de defenderse, sus guías espirituales esperan que se resignen a tan macabro destino, y hay quienes les creen, los apoyan en su afán de destrucción y están resueltos a matar prójimo, ya sea de otras creencias o de disidencias internas de una de ellas.

Por su lado, los japoneses y otros pueblos, basados en teologías diferentes, se niegan a dejar de extinguir a las ballenas, entre otras barbaridades más contra la Naturaleza y la Vida, como la extracción de minerales, incluyendo el terrible desangre de los jugos vitales de la Tierra.

Así como los sionistas han logrado imponer, como verdades infalibles que nadie serio se atreve a poner en duda, sus estúpidas y mortales recetas económicas a todos los países, en medio de una orgía de derroches y destrucción, financiada con saqueos de gran envergadura al erario, esperan que las masas crédulas y engañadas no protesten por el destino que les han trazado al 95%, que no es otros que extinguirlas dizque porque sobran 650.000 millones de los 700.000 que somos.

Los potentados con complejos de superioridad, que se han apropiado del destino de la Humanidad, calculan que bastan 500 millones de esclavos para que los atiendan como a dioses. Así lo han postulado abiertamente en las piedras de Georgia, y lo han confirmado esperpentos como Ted Turner y Bill Gates, tan carismáticos y perversos.

Con ese fin han envenenado los suelos, las aguas y el aire con la persistencia de Monsanto, ahora reforzada con los chemtrails que alcanzan las capas superiores de la atmósfera, también utilizadas por el proyecto HAARP.

Nos ofrecen muerte y extinción, mientras nos condenan a la hambruna generalizada mediante la destrucción de las tierras agrícolas o su conversión en extenso monocultivos de agro combustibles.

Por fortuna, Jualin Assange y otros humanos decentes, han aportado información veraz y abundante, que los desenmascara como los degeneradospeligrosos que son y que ya no tienen a quien engañar, aunque no renuncian a sus planes apocalípticos. Consideran que su única oportunidad es precipitarlos, pero la Humanidad no les ha querido hacer el juego, a pesar de que los intentos son muchos.

Pero es que, generalmente, son muy ramplones, de modo que pocos les creen y caen en sus provocaciones. Así lo demuestra el asesinato del agente de la CIA y santón musulmán, Osama Bin Laden, que el títere Obama consideró que le serviría para causar reacciones que justifiquen la agresión de USA, lacaya de los planes sionistas de guerra mundial.

Como se deduce, esta vez no se trata de una clase social contra otra u otras, sino de la especie desahuciada contra esos potentados de todas las ideologías, que comparten la misma vileza personal; pues, a todos, el ejercicio del poder los ha corrompido, como lo postuló lord Acton. Se han propuesto extinguir la Vida y destruir la Tierra.

Los degenerados potentados, indiferentes al sufrimiento humano, en el sentido de que no tienen interés en evitarlo; realmente lo disfrutan y lo fomentan deliberadamente.

Su pobreza moral, estimulada por su degeneración ética, los hace sentirse superiores a quienes despojan del poder y la riqueza. Se consideran grandes poniendo a los pusilánimes a servirles, si se resignan a vivir de sus migajas; o, a los dignos y valientes, cobrándoles su orgullo, en el caso de que rechacen la esclavitud porque saben que no son inferiores ni superiores, sino iguales a cualquiera, de modo que prefieren morir de pié que vivir de rodillas.

También por sus degeneraciones y atrasos mentales, los potentados se han propuesto aumentar al máximo los dolores que le causan a la Vida y a su Madre Tierra. Buscan confirmar su grandeza como falsos redentores empeñados en la destrucción.

Sus hechos confirman que se trata de ineptos intelectuales, ruinas éticas y miserables sicópatas. Son simples enanos con zancos, incapaces de llegar a las alturas de quienes vuelan, de modo que los carcome la envidia y desean cortarles las alas. Por todos los medios se oponen a dejarlos disfrutar sus vidas.

De ninguna manera están dispuestos a permitir que las generaciones actuales nos proporcionen las soluciones que reclaman los tiempos con urgencia para enmendar los daños que se pueda, tanto como para evitar que los aumenten los canallas decrépitos comprometidos con la Historia y sus tragedias, pues es por su mediocridad, arrogancia y codicia que se han producido.

En vez de cultivar las inteligencias de los seres humanos, prefieren enviarlos a mataderos y convertirlos en asesinos para perpetuar las horrorosas sociedades piramidales, jerárquicas, autoritarias y antidemocráticas, que les permiten seguir posando como grandes e indispensables señores a los seres más viles que haya producido la especie humana, auténticas vergüenzas para la Vida.

De ahí que en la peor y definitiva crisis del sistema, Christine Lagarde, quien sucedió en la dirección del intolerable Fondo Monetario Internacional (FMI) al arrecho macho, Dominique Strauss Khan, no tenga escrúpulos para obtener, además de toda clase de gabelas, un sueldo mayor que el de cualquiera de sus antecesores.

Sigue el camino de los banqueros y capitanes de industria usanos, quienes, en vez de pagar las consecuencias de sus crímenes económicos y sociales, de extrema gravedad, los aumentan gozando de total impunidad, con excepción del delicioso judío Bernie Madoff, quien se atrevió a robarles a los más poderosos y orgullosos potentados. ¡Es un héroe cuya hazaña le costó una condena a 150 años de prisión!

Su condena demuestra que los potentados son tan vulnerables como cualquiera, y que no pueden eludir la justicia cuando ésta resuelve perseguirlos. Por su propia decisión, marca la mínima pena que se merecen cada banquero ladrón e inescrupuloso y todo potentado asqueroso, igual que sus sirvientes y sus socios en los gobiernos.

Tal es el caso con el cínico prevaricador, ladrón, estafador y enemigo número uno del pueblo usano y de la Humanidad sujeta al imperio sionista.

Se trata de Ben Bernanke, el jefe de la Reserva Federal de USA, quien no tuvo inconveniente en imprimir una cantidad igual de billetes sin respaldo en vez de cobrarles a los banqueros los 700 mil millones de dólares que -antes de que saliera el asesino y mentiroso criminal, la basura George Walter Bush, de la presidencia- se robaron en dos o más ocasiones, pues ni registro quedó para precisar el monto o tener soportes para exigir su devolución.

Tal medida constituye una inédita operación de falsificación oficial abierta, que no tiene precedentes ni justificación sana, decente o “científica”. Es propia de los absurdos del Neoliberalismo inspirado por la sionista novelista, Ayn Rand.

A cambio de tantos privilegios, los potentados despojan de sus casas a los ingenuos usanos, sumidos en la imbecilidad que causan el miedo y los lavados de cerebro. Parecen romanos del amplio imperio esclavista, convencidos de que viven en el mejor país del Mundo, jamás conocido por la Historia.

Pero consideran que las bellacadas a que los someten son inéditas y exclusivas de las bestias sionistas y demás halcones que manejan el gobierno de la lamentable colonia, a cuya fuerza nadie puede oponerse, sin importar las canalladas que protagonice y los derechos que se atribuya o a quién o qué destruya.

No entienden que los amos sionistas han quebrado a la metrópoli para sumir a sus habitantes idiotizados en la miseria y la desesperación, disponiendo sus ánimos para la guerra, pues sería Osama bin Laden el culpable de todas sus calamidades.

Ya lo mató el superman mestizo, pero Al Qaeda sigue, así como sigue el narcotráfico aunque detengan o maten al chiras o a cualquier bandido, incluyendo a los directores de la DEA o de cualquier otra agencia usana dedicada a diseminar el crimen por el Mundo.

El sionismo, aplicando su tradicional poder financiero, con el que han comprado hasta reyes y emperadores, convirtió a USA en el país más endeudado del Mundo.

Ahora, los banqueros privados pretenden apoderarse de la nación más poderosa y orgullosa, para que sirva de ejemplo, de modo que todos los países (mejor dicho, sus idiotizados o subyugados pueblos) se avengan a entregar sus casas, perdón, las riquezas que son el patrimonio común e inalienable de todo el pueblo y las generaciones futuras, a las ratas banqueras.

Los cipayos miserables que traicionan a sus compatriotas para lucirse ante el Imperio, están dispuestos a escriturárselas, para que los despojados no califiquen a los potentados despojadores de ladrones asquerosos, perversas degeneraciones genéticas de la especie humana.

En su miserable, grotesca y desesperada ambición, los banqueros pretenden usar con los países la misma fórmula con la cual despojan de sus hogares a los “triunfadores” usanos, finalmente meros fracasados que no pagan sus hipotecas y tienen que irse a vivir en confortables carpas a la vera de los caminos, pues el carro si lo defienden con la vida.

Es la misma fórmula neoliberal que, en términos “macroeconómicos”, les están aplicando a los países europeos, y que ya los lacayos tercermundistas hubimos de sufrir años atrás, obligados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

La osadía de los canallas potentados que nos han condenado a la extinción, es infinita. Su cinismo, asqueroso. Su vulnerabilidad, sin embargo, como lo demuestran las enfermedades y la muerte que a nadie respetan, es igual a la de cualquiera.

Esto es particularmente cierto. Lo están demostrando las multitudes que están resueltas a cobrarles sus delitos. No están dispuestas a que sigan arrollando los Derechos Humanos con la excusa de combatir el “terrorismo” o de “defender la libertad” o de “vencer la pobreza y el atraso”, o hasta de deshacerse de los transgresores a su dogmas estrecho e inhumanos.

La condición para castigarlos y construir nuestro paraíso terrenal, es que el pueblo recupere la soberanía, sin discriminaciones de clase, cultura, religión, sexo, estatura o cualquier locura.

Sólo hay dos frentes, el de la Vida y el de sus enemigos declarados, siendo éstos los zánganos criminales que se oponen a que las multitudes vivan disponiendo y disfrutando, sin dañar la Naturaleza, de todas las maravillas que ha conquistado la Humanidad a tan alto precio.

La posibilidad de participar directamente en las decisiones que lo afectan a uno -y dejar que las ajenas las resuelvan quienes van a ser víctimas de lo que decidan-, es el derecho que podemos ejercer todos, gracias a los avances tecnológicos.

Pero, sobre todo, debido al desarrollo cerebral, social, cultural y político de que nos han dotado como especie, a un ritmo vertiginoso, asombrosa, desconocida y definitivamente revolucionario.

Esta vez, ¡todo está en juego y todos tenemos la oportunidad de participar! Cada uno resuelve si lo hace, es su derecho inalienable.

“El que tenga ojos para ver, que vea”, diría Jesús.

Al ciego ideológico, nadie lo obligará a quitarse las vendas, pero no dejaremos de señalarle que las tiene puestas y que no está en condiciones de actuar como un ser humano íntegro; que es un títere de los enemigos comunes. Tampoco dejaremos de combatir a quienes se las ponen a los demás, los asquerosos, decadentes y mentirosos potentados.

Darío Botero Pérez



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