Una injerencia extranjera

Por • 29 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Gran revuelo se armó en Bolivia el 11 de noviembre y aún hoy no calman las aguas enturbiadas por los obispos que ese día, retirados de la tentación carnal, inauguraron su 90 asamblea ordinaria, lanzando severos ataques a los gobernantes, acusándoles de ser poco transparentes, poco democráticos, de no controlar la subida de precios en los alimentos de la canasta familiar y no hacer nada cuando los niños se involucran en el narcotráfico.

Cuando finaliza el mes, los medios de comunicación lograron imponer a sus consumidores su propia verdad. ¡La castidad de la jerarquía es atacada por el gobierno! Y desde luego no faltan las vigilias y manifestaciones de respaldo a estos accionistas extranjeros de la única empresa religiosa de solteros existente en el mundo.

Los obispos suelen hablar en nombre de Dios, pero hasta el momento ninguno ha revelado si se comunican con Él por teléfono, fax, mail o telepatía. Y nosotros los bolivianos, desde la primera constitución, los teníamos metidos en nuestros asuntos internos. Parece que desde Bolívar, nuestro país necesitaba esa ayuda exterior.

Pero la nueva Carta Magna plurinacional, determina separación de Estado e Iglesia. El vicepresidente acaba de recordarles el principio bíblico de “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Puso el dedo en la llaga. Los obispos no lo aceptan. Están dolidos por ese divorcio que destruyó la fuerza espiritual de represión. El “poder de los curas” quedó disminuido. Falta la expropiación de templos y retiro de religiosos a la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles como los apóstoles.

Estos últimos conceptos, son difíciles de conseguir. Juan Pablo I, el papa sonriente quiso hacerlo, pero apenas le permitieron vivir 33 días y fue envenenado. Los jerarcas que se corren hasta de las sotanas, prefieren hacer buenos negocios. Por donde se mire, existen lucrativas empresas católicas y eso les permite su propio “vivir bien”.

Un cura del Montículo en La Paz, se atrevió a denunciar que uno de sus colegas era el mayor terrateniente y ganadero de Bolivia y lo acallaron. El de San José de Chiquitos se opuso a la desaparición de los amigos de la opción por los pobres y hasta ahora lo tienen aislado en su parroquia.

El revuelo provocado, no cesa en los medios. Lo que no se analiza es que los involucrados son extranjeros, comenzando por el italiano Tito Solari, continuando por el español Jesús Juárez, tan apegado a mostrarse en TV.

Los obispos originarios, incluyendo al cardenal, se mantienen “calladingos”. Amuki, como dicen en La Paz. La controversia sigue entre curas extranjeros y Estado. Al estar protegidos por una cortina de incienso y su carácter de diplomáticos Vaticanos, gozan de privilegios, fueros e inmunidades.

Yavé y sus representantes, están causando problemas en estas tierras de los hijos del Sol. Quizá es hora de asumir la actitud de Atahuallpa ante el dominico Vicente Valverde, quien al conminarle adorar la cruz y creer en el evangelio, escuchó al Inca decirle que no tenía que adorar a nada, sino “al Sol que nunca muere”.

/////// SCZ 27/11/10
Fortunato Esquivel



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