Reflexiones en una madrugada etílica

Por • 29 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Es la una de la madruga de un domingo; como todos los domingos de de todas la semana en el barrio, en donde se confunden los días del fin de semana, semana monótona y aburrida como todas las semanas con sus sietes días y sus siempre 24 horas, de las cuales mucho vivimos 27 porque tenemos el compromiso de hacer lo que sea para parecer que hacemos algo, pero que los días se confunden en estas madrugadas, se confunden fácilmente el viernes con el sábado y las horas tempranas de ese sábado, nos recuerda que afortunadamente, hemos amanecidos vivos, pero que luego de transcurrido el día, que ya empezamos a disfrutar, nuevamente con su domingo nos vuelve a entrelazar el día ya vivido, con el que nos debe marcar el final del fin de semana.

Y es entonces cuando nos damos cuenta que hemos despilfarrado dos días de nuestras vidas, sin tan siquiera poder haber disfrutado, unas horas de conversación con nuestros seres queridos; pero transcurridos los días en que nos desentendemos de ellos, regresamos cansados, agobiados…y tal vez mal humorados, porque un amigo en una de esas horas despilfarradas, nos haya negado un trago de la botella de licor que se mando a comprar haciendo una vaca, porque en la madrugada del día anterior al de ayer habríamos gastado la poca cantidad de dinero que conservamos para la faena de la semana próxima que se avecina…y sin ninguna contemplación les expresamos de forma y manera descaradas, nuestras frustraciones a las personas y a los seres que, durante esos dos días con sus noches y horas completas han vivido angustiados por nuestra ausencia en la casa.

Pero según nuestra particular creencia en esos momentos llegamos a pensar y así lo manifestamos, que son seres fastidiosos, que no saben, ni quieren comprender, nuestros momentos de parsimonia, goce y disfrutes con nuestros amigos, amigos que solo son solidarios, mientras estemos aportando las herramientas con que adquirimos el vinculo social pecaminoso que nos asocia mientras nos mantenemos alejados de nuestros seres queridos y paulatinamente nos hace abandonar el hogar, y que poco a poco nos va convirtiendo en parias del destino y estorbos de la vida en sociedad, mientras nuestras familias, ve como lentamente, se va apagando la llama de esperanza de rehacer la conformación familiar, pero ya no hay mas nada que hacer “todo está consumado” se nos perdió el amor por el maldito licor.

Ahorita estoy escuchando a los ebrio trasnochados, pretendiendo filosofar sobre el terrible dilema de los borracho, sobre quien tiene el poder de la botella que ya está vacía, pero que nuestra turbia razón no llega a decir que aún queda algo para el estribo, y que, hay que defender la última gota de licor de esa botella, compartiéndola con el causa más solidario conmigo al momento de nuestras alucinaciones etílicas…se oye un disparo, se escuchan carreras y en la distancia un grito diciendo que mataron a fulanito…menos mal he llegado a casa y listo para volver la semana que viene a la misma rutina.

¿Será la hora de cambiar?

Jesús Chua Espinoza



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