Juguetero

Por • 29 Nov, 2010 • Sección: General

La Mucuy

A Lacruz.

Entra la navidad en La Mucuy merideña y el argentino Miguel Carballo prepara sus piezas de madera de todos colores, apronta formoles, lijas, martillos, junto a sencillos instrumentos que ayudaran a preparar sus eternos juguetes de pascua.

Se presenta: soy Miguel Carballo con B grande, pues desde casa todos somos altos. Concurro a este mundo siendo argentino sin culpa y no lo ejerzo, ¡Dios guarde haber nacido en Buenos Aires, soy de Córdoba y tuve el buen tino de nunca volver! ríe, mientras su tenue mujer afirma su eterno humor.

Lo primero que hago al recorrer un pueblo es ir al abasto. Aquí llegue a uno muy conocido: Las Cuatro Milpas. Luego, siendo los días de un joven mes de diciembre fui hasta donde Orangel Moreno, quien lamentablemente ya no está entre nosotros. Este fue un hombre con alma de bodeguero, siendo niño jugaba a tener un abasto, también hacia tallas muy bonitas.

Por Orangel y su negocio fue que decidí vivir en la puerta de las montañas del Sierra Nevada. En su bodega encontrabas harina, aceites de oliva, pan, queso amarillo, verduras. Por eso, inmediatamente me quede aquí.

Al fondo de su vieja estufa, junto al lado del inundado armario de frascos de pintura, esta su sitio de trabajo. Su vida cambio cuando vio la necesidad de hacer algo mejor.

Y fue el recuerdo de la entrada de navidad con sus abuelos carpinteros quienes hacían juguetes y le obsequiaban los primeros.

Aun cuando no recuerda cómo empezó con estos, si tiene muy presente al juguetero Humberto Rivas, quien lo envolvió en los sueños de tantos niños.

Sus juguetes no los pinta, son muy naturales y ninguna de sus piezas lleva un clavo.

En navidad fabrica sus cuarenta modelos. Afanosamente los pedidos desbordan las altas horas nocturnales.

El más maravilloso es El Dragón. Lo ha hecho tantas veces que no duda en afirmar que puede hacerlo hasta dormido.

Igual que lo hacían sus recordados ancianos los primeros juguetes están dedicados a sus dos hijos; Rodrigo y Ana Julia, ellos conservan los inaugurados modelos, -explica- he llegado hasta los juguetes por los niños, ellos me los piden. Mi hijo soñó con un helicóptero y me lo comento, a partir de allí los hago pequeños y grandes.

Los juguetes es lo mío, el amor a la madera va cambiando sin molde, y yo, de no haber sabido nada de esta, ahora se mucho.

Aprecia los listones nobles, medianamente duros, color o betas atractivas y fáciles de trabajar. Las firmes son difíciles y un poco amistosas, adora la caoba.

Lija a dos manos, con una pasa y con la otra va acariciando el juguete que se convierte en la piel del Niño Jesús.

Miguel Jaimes
venezuela01@gmail.com

01 de diciembre de 2010



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