Panadero

Por • 25 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

La Mucuy

Mientras se escuchan los ecos en la antigua campana de la iglesia de Tabay los cuales van cubriendo los suaves terrenos de La Mucuy merideña, se asoma Guillermo Sellier, panadero, agricultor y principiante de apicultor.

Siendo marzo de dos mil uno y apenas un descubierto adolescente partió hacia Francia la tierra de su creadora. Estuvo en La Armada y estudio aeronáutica.

De esa experiencia sale como Maestre Segundo, entonces decide irse a Dax, pueblo francés, justo al suroeste muy cerca del país Vasco. Sin vacilar va directo a la Escuela Profesional de Panadería, decidido a estudiar la elaboración de la más nobles de las harinas, las de hacer el sagrado pan.

El destino lo tenía escogido, dedicarlo a uno de los trabajos más antiguos del hombre. Lo de dos años, lo estudio afanosamente en apenas seis meses. Se le vencía el tiempo y debía regresar a Venezuela.

Retornó a La Mucuy, compró un horno, una batidora y una nevera, trajo consigo las herramientas de un panadero. Mientras va recordando el espíritu aventurero de su madre, amasa sacos de grueso papel llenos de harina para hacer hogaza.

Ahora su vida está entre los Baguette, panes integrales, croissants, Brioches, Danish, los panes de carácter aromatizados. En su experimentada mesa ruedan nueces, cereales, quesos, chorizos, linazas.

Su madre empezó a establecerle el mercado, ahora sus panes salen hacia El Valle, mercado de Mérida, con su marca: La Petite Provence.

Los sábados hace la entrega acordada hasta cada una de las casas de sus vecinos, quienes desde el jueves aprontan el pedido.

Los días de despacho son los martes, miércoles y jueves. Ofrece pan de fibra integral, fibra integral con nueces, cinco cereales, linaza, higos, miel, tomates secos y aceitunas.

Trabaja todos los días de la semana, menos el domingo, los lunes son dedicados a hornear.

Su laborioso trabajo comienza con la madrugada, exactamente a las tres y media. El horno calienta hasta los doscientos sesenta grados, dentro caben veinticuatro panes. Este trabajo se extiende hasta las nueve de la mañana, luego lo deja reposar y empieza a embalar, etiqueta y enseguida comienza el reparto.

Aprendió los secretos de las fermentaciones lentas. Sabe muy bien las combinaciones de la levadura por esto el proceso de fermentación es lento. El martes vuelve a hornear y reparte los miércoles.

Sus vecinos lo ven salir al mercado. Le llaman panadero y su esposa Netza, quien lo ayuda en el negocio, le llama moreno, aunque es un rubio joven europeo, quien nació dentro de los páramos y desde entonces brinda los aromas del trigo.

Miguel Jaimes
venezuela01@gmail.com



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