Días de Escuela

Por • 25 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Éramos apenas retoños de ser,
Nuestras mentes ávidas de conocimiento
Recibían áureas luces en la escuela.

Fue así que te conocí,
Era un día cualquiera,
Era un día de sol y de flaminea luz,
Cuando todos en la escuela
Fuimos a tu especial encuentro.

En un gran carruaje amarillo
Guiado por “Gallego”,
Fui a tu feliz descubrimiento.

Era para mí la primera vez, lo admito,
Mis padres a ti jamás me llevaron,
Pero al fin, ahí estaba yo
Frente a tus inconmensurables puertas
Esperando la orden final
La que me permitiera a ti entrar.

De la mano de “Martina”
Mi bella profesora, mi cándido amor,
Un segundo amor maternal
Y ahora que lo pienso, yo para ella
También fui su primer amor filial,
Siempre consentido, siempre de primero
Y fue ella, con su suave voz angelical
Que tu nombre a mí me fue a enseñar:
“Niños, este es el parque Los Caobos”.

“Caobos” paso a ser para mi,
Sinónimo de felicidad, alegría,
Amistad y mas tarde…Amor.

Volví a ti muchos años después,
En un mozalbete, ni niño
Ni hombre, me había convertido,
Otra vez con la escuela,
La misma, ya que tuve
La inmensa felicidad de estudiar
Toda mi niñez y juventud
En el mismo lugar, con los mismos
Curas y por sobre todo, con mis hermanos
De sangre, de amistad pura.

Esta vez buscábamos “Amoebas”,
Una clase de biología en vivo,
“in situ”, íbamos a tener.
La profesora “Mireya”, hacia lo imposible
Por mantenernos en un solo lugar,
Pero ahí, detrás de un hermoso
Y enorme árbol, me perdonaran
Que aun hoy, a mis ceniceos años,
No sepa reconocer la enorme
Variedad de nuestra flora,
Pero ahí, detrás de aquel árbol,
Tus labios y los míos,
En un solo fulgor se sellaron,
Angélica mía, fuiste mi primer gran amor.

Ay “Caobos”, si tus arboles hablaran
Que no contarían, tendrían los
Escritores tema para acabar
Con toda la tinta del planeta,
Pero para mí, una sola historia
De las que puedas contar
Tiene impregnada un pedazo de mi corazón,
Fue ahí, justo detrás de una “Modernista”
Construcción, entre apuros, temores,
Torpezas y dolores, donde tú,
Mí siempre amada……,
En mis brazos te convertiste en mujer.

Recuerdo eterno, grabado en lo más profundo
De mi ser y que a ti “Caobos”
Te tuvo como mi testigo fiel.

Ahora, después de toda una vida,
Me es preciso, me es imperioso
Hacerte justicia, darte tu puesto
Dentro de mi pequeña historia.

Fuiste tu quien dio una luz especial
A mi vida.

Son tus arboles
Mis cómplices en la aventura,
Es tu suelo, de luz esmeraldina,
Testigo cierto de mis tardes de amor
Y tus bancos sitio eterno
De la paz y el reposo
De toda mi calma.

Eres orgullo, eres vida, eres mi alma.
Hoy “Parque los Caobos”
Solo un breve homenaje te quiero rendir,
Hoy mi pluma escribe para ti,
Hoy mis sentimientos se encuentran en ti
Y al fin puedo plasmar en papel,
Todo lo que mi alma
Siente por ti.

Alfredo Domínguez Fernández
pito0726@hotmail.com.



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