Chávez, Estafadores y Estafados

Por • 25 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Pescador de Sueños

El capitalismo es el reino de los estafadores. Estos sólo buscan el dinero, lo demás no importa. Industriales, comerciantes, banqueros, grandes propietarios, politiqueros, actúan movidos por el afán de la ganancia, y los trabajadores y cada posible cliente es blanco de sus apetencias.

Para lograr sus objetivos, los estafadores no se detienen ante nada: actúan cual gánsteres de la peor calaña, peores que aves de rapiña ante ingenua presa. Como mafiosos imponen su ley carroñera, depredadora.

El estado capitalista les protege y premia, y si hay dificultades les gratifica con pingües auxilios. Así acaba de suceder en el altar del capitalismo mundial, EEUU. Allá, con el auxilio de la policía, los estafadores han despojado de sus viviendas a millones de familias, y con el auxilio del gobierno Bush-Obama los mismos estafadores han recibido miles de millones de dólares como “auxilios financieros.” Algo similar ocurrió en Europa.

En Venezuela aun tenemos un estado capitalista, pero con un presidente revolucionario que nos convoca a transitar hacia el socialismo. Acá los estafadores realizan sus marramucias y cuentan con la inercia cómplice de burocracitas que se “hacen los locos”. Por eso, durante años los estafadores inmobiliarios han escamoteado el dinero y burlado las esperanzas de miles de familias venezolanas que desean adquirir una vivienda digna para mejorar su calidad de vida.

Solo cuando el presidente revolucionario, promotor del socialismo, reparador de entuertos y hacedor de justicia, sale a la palestra y ordena expropiar, nacionalizar, ocupar y entregar las viviendas a las familias estafadas, solo entonces vemos una luz florecer en el oscuro túnel de la justicia, y la burocracia ineficaz e ineficiente actúa, y entonces Ministros, directores, jefes de despachos y todo un gentío se mueve al ritmo que ordena el presidente.

Y entonces, con el auxilio de la policía y de la Fuerza Armada Bolivariana, se protege a los estafados, y actúan la fiscalía y los tribunales, y se dictan medidas de detención, prohibición de salida del país, de enajenar bienes y de movilizar cuentas a los estafadores. Solo entonces…

Es decir, si el presidente promotor del socialismo, comandante revolucionario comprometido con su pueblo, no interviene, no se arrecha y ordena actuar y hacer justicia, aquí no pasa nada. ¡Qué vainas con la burocracia!

Y si al comandante revolucionario, promotor del socialismo, hacedor de justicia, lo tumban, lo sacan del gobierno, quedaríamos como en EEUU: Indefensos. Y vendrían los estafadores, como aves de rapiña, como fieras hambrientas, a rescatar “sus propiedades”, y a los trabajadores y a los que hemos recuperado nuestras viviendas, nos echarían a patadas, como si fuéramos delincuentes de la peor ralea. ¿Se dan cuenta?

Pero no solo hay estafadores en el sector privado, también los hay en el gobierno. Por ejemplo, Hidrocaribe viene estafando desde el mes de marzo, a miles de familias, a las cuales cobra una tarifa adicional por exceso de consumo de agua, pero no existen medidores. Lo peor, Indepavis nada hace, y el ministro del ambiente: bien, gracias.

También nos estafan el gobernador y el alcalde. El primero (“el burgués mayor”, le llaman por acá) dice que es el que más ha hecho por nuestro estado, pero qué pinocho, vean como le crece la nariz cuando habla de sus obras y de su lealtad al comandante presidente y al proceso revolucionario. Y el segundo, secuaz del gobernador, ni dice ni hace nada, y nuestra ciudad, cada día más desamparada y la delincuencia desatada; y los escuálidos haciendo fiesta, pues dan por descontada su victoria en los venideros procesos electorales.

Nosotros, los estafados, seguimos clamando justicia, esperando que el comandante se decida a echar del templo a los mercaderes y pinochos mentirosos y traidores, y convoque al pueblo todo para relanzar con nuevos bríos, con eficacia política y sobre todo con calidad revolucionaria, al PSUV y la revolución.

Ordene, comandante presidente, estamos prestos a cumplir sus órdenes, no hay tiempo que perder, hay tiempo que ganar; en Anzoátegui es ahora o nunca.

Ramiro Meneses



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