Mis vivencias y algunas reflexiones

Por • 24 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Siento que hasta el 11 de abril del 2002, muchos sectores progresistas de América Latina no habían adquirido real conciencia del significado del proceso de cambio, que a partir de diciembre de 1998, encabezaba el Presidente Chávez en Venezuela. El gobierno bolivariano no había logrado articular esfuerzos institucionales para crear una política de información internacional que hiciera llegar al resto de países del área, información veraz y objetiva, sobre los alcances de las iniciativas políticas internas, y por lo demás, el servicio exterior venezolano, era todavía, un feudo en manos de sectores no comprometidos con el proceso que se desarrollaba en el país. América Latina se estaba recuperando de la noche negra del fascismo y en esa coyuntura, que consumía los esfuerzos principales, el sistema socialista europeo, como producto de sus propias limitaciones y contradicciones, perdía la batalla de la guerra fría.

Muchos no habíamos medido, en su real dimensión política y consecuencias históricas, la evolución de la situación interna de Venezuela a partir del Caracazo, y los contenidos políticos que justificaron los levantamientos militares de febrero y noviembre del 92, bajo la conducción del Teniente Coronel Hugo Chávez Frías y la generación de militares patriotas que lo acompañaron, inspirados todos en las enseñanzas del Libertador. Las organizaciones de izquierda de Venezuela, producto de las derrotas, en todos los campos, durante las décadas anteriores, se encontraban en situación de reflujo y los contactos internacionales eran débiles, y en exterior, en el resto de países latinoamericanos, bajo las mismas circunstancias, no existía una valoración clara, sobre la evolución de los acontecimientos políticos en Venezuela, que abrieron el camino al triunfo electoral del 06 de diciembre de 1998.

Para muchos, el triunfo electoral del conjunto de fuerzas y organizaciones políticas y sociales que respaldaron la propuesta revolucionaria de Hugo Chávez Frías, marcharía por los mismos caminos de la derrota del proyecto de la Unidad Popular en el Chile de 1973 y para otros, las iniciativas internas, relacionadas con el nuevo modelo constitucional, los contenidos de la Ley Habilitante y una política interna e internacional que giraba alrededor del rescate de la soberanía en el tema petrolero, eran manifestaciones de reformismo, sin contenidos ideológicos trascendentes, muy alejados de los alcances y consecuencias de las medidas implementadas por la revolución cubana, en sus primeros años.

Hasta el golpe de estado contrarrevolucionario de abril del 2002, el movimiento popular venezolano no había logrado, construir esa poderosa herramienta de comunicación y coordinación social que, en que se han constituido en el presente, los medios alternativos y sobre todo no había nacido APORREA. Así como Venezuela, se puede decir, estaba aislada del mundo, con capacidades limitadas, en exceso limitadas, para exponer y difundir las características de la evolución interna, y los alcances de un proceso político inédito, de la misma manera, los medios de prensa internacionales, se habían sumado ya, a las maniobras internas y externas del imperialismo norteamericano, para mediatizar el proceso de cambio que encabezaba el Presidente Chávez, dentro de los marcos de la naciente legalidad. En muchos países latinoamericanos, las representaciones diplomáticas venezolanas eran tierra de nadie en donde se manifestaban, con toda su fuerza, las tendencias políticas del pasado que se turnaron en el poder a partir de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, accionistas todos del Pacto de Punto Fijo. En estas circunstancias, de confusión informativa e ideológica, las capacidades de reacción solidaria con el naciente proceso revolucionario venezolano, se vieron seriamente disminuidas, ante los hechos y circunstancias políticas que se acumulaban en Venezuela, en los días previos al golpe militar.

El 11 de abril las informaciones procedentes de Caracas eran dispersas y confusas en Costa Rica. Según las reseñas de los medios de prensa internacionales, masivas manifestaciones de sectores medios y altos de la sociedad venezolana encabezadas por las cúpulas de la CTV, FEDECAMARAS y la meritocracia petrolera, se encaminaban al Palacio de Miraflores exigiendo la renuncia del Presidente Chávez y la evolución paulatina de la conjura, nos lleva hasta el triunfo de los sectores golpistas, la renuncia y posterior salida de Caracas, con destino desconocido, del “depuesto” jefe de estado venezolano. Al amanecer del 12 de abril, Venezuela era sometida a un silencio informativo pero en el exterior se anunciaba la formación del nuevo gobierno “democrático”, el cierre de todas las instituciones del estado venezolano y las fuerzas triunfantes, embriagados por el “nuevo orden”, comenzaban el reparto de poderes e influencias, que había sido interrumpido, por el triunfo electoral del Presidente Chávez en diciembre de 1998. En el exterior, la reacción popular en contra de la acción golpista, exigiendo el retorno al poder del “depuesto” Presidente Chávez, era ignorada y pasaban a primer plano las primeras manifestaciones y acciones políticas de las nuevas autoridades gubernamentales, para encarrilar el país por una “nueva ruta”, de rescate de la “tradicional democracia venezolana”.

Sin embargo, así como muchos costarricenses que estábamos a la expectativa de los acontecimientos, sumidos en un mar de confusiones por la falta de información, el 12 de abril en horas del mediodía llega a mis manos, por intermedio de algún vecino con relaciones familiares en Venezuela, la copia de un correo electrónico originado en Cumaná, Estado Sucre y se logra romper, en lo que a mi respecta, el cerco informativo a que estaba sometido José María Abreu, profesor jubilado de la UDO, en un extenso correo electrónico, informa con claridad y detalle, sobre la situación real que estaba evolucionando en Venezuela, con el triunfo del golpismo, el secuestro del “depuesto” Presidente Chávez y el nuevo orden vigente en el país, pidiendo se denuncie ante el pueblo de Costa Rica, para que la verdad real de los hechos acontecidos, el derrocamiento por la fuerza de un gobierno democrático, elegido con respaldo mayoritario de los venezolano, sea puesta en conocimiento de las fuerzas políticas del país, por cualquier vía posible. Por todos los medios a mi alcance y capacidades, relaciones personales, accesos a medios de información y agrupaciones políticas, trasmití el mensaje urgente recién llegado de Cumaná y al día siguiente el periódico LA REPUBLICA, publicó un resumen informativo sobre la situación política en Venezuela, incluyendo en forma abreviada la información de primera mano, enviada por José María Abreu. Se había roto el cerco informativo, que se mantenía sobre Venezuela y los acontecimientos “en pleno desarrollo”, gracias a la valiente información desplegada por el jefe de redacción del medio, el periodista Franklin Herrera, compañero y amigo, fallecido recientemente.

A partir del 11 de abril del 2002, la evolución posterior de los acontecimientos con la derrota del golpismo mediante las acciones combinadas de los sectores populares y de los mandos militares, soldados, clases y oficiales leales a la constitución y al proceso revolucionario, el rescate del Presidente Chávez y devuelta la normalidad al país, mediante el retorno de las autoridades políticas y militares, separadas del mando del país por 48 horas, aquello que en el pasado significó un seguimiento lejano de la situación política venezolana, se convirtió, en una toma de conciencia personal sobre el significado estratégico de la revolución venezolana, en el marco de la lucha continental y mundial en contra del imperialismo norteamericano, en todas sus manifestaciones, y por el contenido y alcances de las transformaciones políticas, económicas y sociales, que se han venido implantando en el país, bajo la conducción indiscutible del Presidente Chávez.

Muchos retos y definiciones importantes están en la agenda del país. La convocatoria presidencial para que la conformación del PSUV se desarrolle dentro de criterios de verdadera participación popular, los ajustes constitucionales que doten al estado venezolano de las herramientas necesarias para abrir los espacios de construcción del nuevo orden social, la definición impostergable, más allá de los pronunciamientos políticos, para que el proyecto de la economía del futuro, sea definida en sus aspectos esenciales, dentro de criterios de pluralidad, en cuanto a las formas de propiedad y modos de producción, son temas vitales que ocupan la atención del país.

Con motivo de la convocatoria para la conformación del PSUV se ha producido, de manera espontánea, una amplia discusión nacional, marcada en algunos aspectos, con graves manifestaciones de sectarismo e intolerancia en contra de aquellos sectores que han puesto reparos de orden político e ideológico a las condiciones y características que marcan la convocatoria al proceso de construcción partidaria. Al margen de cronogramas e iniciativas en proceso, es necesario seguir invirtiendo en tiempo y paciencia, para ahorrar en desgarraduras y enfrentamientos internos, que afecten la continuidad en el acompañamiento de las iniciativas y acciones de gobierno, que le facilitan, en última instancia, el camino a la contrarrevolución. Resulta en extremo peligroso, que los diversos sectores que se incorporan al proceso de construcción del PSUV, lleguen a él, con todo el ropaje ideológico de origen, con claras intenciones de imposición, en lugar de buscar espacios de apertura que permitan encontrar el nuevo camino que todos los días construye el país, desprovistos de prejuicios, de fijaciones ideológicas que impiden analizar con claridad las experiencias históricas que tocaron fondo, o reconocer como alternativas viables, que sirvan de referencias prácticas, otras experiencias de construcción social, cercanas y presentes. El socialismo no es un fin, es un camino por el cual se transita en función de múltiples factores políticos, que tiene que ver, dentro de los marcos de una sociedad democrática, con la correlación de fuerzas, tanto internas como externas, siempre poniendo en primer lugar, los intereses nacionales y los criterios de justicia social, en el reparto de los beneficios del esfuerzo colectivo.

En diversas áreas del gobierno venezolano, empresas públicas e instituciones del estado, están predominando las acciones focalizadas y dispersas, sin una noción de conjunto y de continuidad de las acciones. En ocasiones se manifiestan problemas de sintonía y acentos, entre los llamados y directivas presidenciales, y la atención que le prestan las autoridades regionales y estatales, en temas tales como política agrícola y agraria, lo que deja en evidencia que, en muchas oportunidades, cada cual, maneja su libreto particular, incluyendo manifestaciones de oportunismo y corrupción que generan reacciones negativas y pérdida de credibilidad en las acciones gubernamentales a nivel de centros de trabajo, universidades, barrios y comunidades. La mentalidad burocrática le está ganando espacios a las iniciativas populares y esta tendencia se refleja en la pérdida de ritmo de iniciativas gubernamentales.

Hacia el interior del sistema institucional, de los ministerios, instituciones y empresas del estado venezolano se evidencian graves problemas de gestión, que atentan en contra del avance ordenado de proyectos, programas e iniciativas políticas y de inversión de carácter vital, para la marcha del proceso revolucionario y en muchas oportunidades, la rendición de cuentas, como sano ejercicio democrático, se convierte en un saludo a la bandera. Los problemas de gestión en áreas importantes de la actividad del gobierno bolivariano le han abierto espacios a la improvisación y la ausencia de controles políticos y administrativos adecuados, en todos niveles de la estructura del estado venezolano, y esto afecta, la eficacia de la acción de gobierno y el impacto previsto de las inversiones e iniciativas de transformación.

La construcción del partido revolucionario debe ser la consecuencia de un proceso de evolución paulatina de carácter orgánico, que permita ir forjando su propia fisonomía, articulaciones y concepciones, que debe nacer sobre los hombros de la sociedad y como una expresión de los intereses vitales del país. Sin embargo, conforme a la realidad de Venezuela y por las particulares condiciones institucionales y marco constitucional que rige el país, las características del partido revolucionario deben estar definidas por la pluralidad del proyecto, en sus contenidos políticos y económicos fundamentales, para que no signifique simplemente un salto al vacío. El partido político en las sociedades modernas es un mecanismo de transmisión de inquietudes, necesidades e intereses, en ambas vías, entre la base de la sociedad que lo integra y el estado que lo rige y en el caso de Venezuela, ante la decisión política de amplios sectores de enrumbar el país hacia un modelo socialista de nuevo tipo, el concepto de partido, esa herramienta social que se define como partido, adquiere singular importancia.

Federico Picado Gómez
fedepuko@yahoo.es



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