Mirémonos de frente

Por • 8 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Partido desunido: el logro opositor. Para ninguno de nosotros es un hecho virtual la gasificación del proceso revolucionario. Que le demos mil nombres y una interpretación no cambia una realidad política que favorece a la burocracia y a la corrupción, pilares dominantes del capitalismo. Con números y sin números todos los que nos sentimos corresponsables de la revolución bolivariana en los diferentes grados que nos confiere el destino y no dejamos de ver de frente nuestra más íntima realidad éticopolítica llegaremos a la necesidad de ponerle fin a una década que pretende liquidar nuestro sueño libertario y libertador.

La oligarquía no se prepara para darnos más y agudos golpes a fin de robustecer los antivalores capitalistas de consumismo, mediocridad, “aburguesamiento” y demás técnicas de disolución de la voluntad política en tiempos revolucionarios que ella quiere mantener en reformista. No se prepara porque ya está lista, preparada y hegemonizando desde el desayuno y hasta la cena, el ideal del individualismo, del desinterés social y de la mentalidad que sólo piensa en “ganar”.

El partido de la revolución no ha hecho caso a los gritos desesperados de la mayoría de los militantes preparados para formar y educar una población sedienta de saberes y llena de ellos. La formación política e ideológica, así sea para ponerle frenos a la instancia dominante de las ideologías, sabiendo que estas conforman con el sistema una maquinaria totalitaria cuyo fin último es sostener a los ricos a costa de los pobres. Incluso, a sabiendas de que podríamos en todo caso hasta cambiar ideológicamente de rumbos, unos radicalizándonos y otros volviéndose más conservadores que nunca, la formación ideológica y política no ha sido un elemento de fortaleza sino de debilidad a lo largo y ancho del territorio nacional.

El todopoderoso influjo mediático se ha aprovechado sin límites de esto y ha penetrado en el inconsciente colectivo hasta generar un estado de insatisfacción a veces involuntario en muchos camaradas que no pueden resistir la violencia emanada de otros compatriotas asumiendo puestos y cargos de poder y degenerando en promotores de la traición ética y política en pleno ejercicio de sus poderes sean estos ejecutivos, legislativos y demás…

El poder popular no es ingenuo y contiene en su pecho la acumulación de traiciones que desde el barrio hasta la nación entera configuran un mapa siniestro de fraude, deshonestidad, y vulgar desprecio a la clase trabajadora. Y aunque esa clase de nuevos burócratas arropados con los colores de la lucha socialista, crea que podrá pasar por encima del poder popular, sea con un discurso que en las palabras reflejan un legado revolucionario, sea con hechos que no son sino la pantomima de un robo planificado y familiar, se equivoca grandemente.

Tras los últimos “acontecimientos en pleno desarrollo” privatizado por Walter, hemos comprendido en estas últimas elecciones legislativas que un sector importante de militantes no se cala más la dictadura de una burguesía acomodada en la revolución. No vamos a caer en la estúpida discusión de si la burguesía es roja, rojita o verde y blanca, burguesía es burguesía del color que se la pinte y sus intereses corren en oposición a los de los trabajadores. Por eso será este sujeto histórico dentro de la revolución quien rescate a la misma de la gasificación, disolución, y aniquilación por la que está siendo llevada de la mano de la burguesía dentro del proceso revolucionario, diríamos burguesía reformista y traidora a los deseos de la base del partido socialista “unido” de Venezuela.

Mirémonos de frente, localmente, sino encontramos la manera eficaz y eficiente de hacer que las bases tomen el poder que les corresponde por mérito dentro del partido de la revolución se habrá determinado el fin de este partido y el inicio de un movimiento revolucionario postpartido. Demostrado que el modelo partido político ya no nos sirve más, mientras que el de movimiento será el más adecuado para integrar a todos los sectores que tienen vida en el proceso de revolución y no así de reforma.

Geopolíticamente no podremos avanzar ante los compromisos internacionales que tiene la revolución debido a las “patas de barro” que la burguesía ha construido, empantanándonos. Es obvio si adentro tenemos la casa sucia, afuera no puede oler bien. Basta de tanta retórica y vayamos directo al grano: o las bases se legitiman o adiós partido.

En general si nos organizamos y a través de los estatutos logramos ponerle fin a la quinta columna de alacranes y burgueses dentro del partido se podría llegar a una experiencia diferente políticamente hablando dentro de la revolución. Si no, quedaría el “carapacho” por partido, y fuera de este, un movimiento revolucionario resistiendo adentro y afuera, interna e internacionalmente, los ataques contra la revolución.

El poder popular no pueden ser siglas de ministerios, ni títulos para cargos que simbolicen al interés de las mayorías, representando a la masa de trabajadores y ejerciendo un poder dictatorial y burgués que solo defiende un único interés: el propio. De aquí la contradicción de que muchos de nuestros compañeros ejerciendo cargos públicos se hayan vuelto peores que los del pasado vestidos de revolución. Acabar con esta farsa es lo que el poder popular requiere para relegitimarse. Actualmente tenemos un falso liderazgo ejerciendo un poder sustraído al pueblo gracias a la “mano de Dios” de Hugo Chávez. “Que se vayan todos” es el grito popular y quién tenga oídos que oiga, quien tenga ojos, que vea.

No se trata de encargarle a Chávez los problemas éticos y políticos que tenemos nosotros los militantes del partido, se trata de entregarle a Chávez un partido verdaderamente unido y revolucionario que quiere ser socialista en Venezuela. Hundir a Chávez es entregarle el partido desunido y lleno de burgueses dentro, que sólo quieren más poder, insaciablemente, y pretenden ser la bandera humana de la revolución. Sólo la base podrá salvar al partido y sin su voz hegemónica dominará la lacra política y social entregándole el país a las multinacionales. Cada minuto que pasa es uno en el que debemos fortalecernos y fortalecer verdaderamente al poder popular, y más que transferirle recursos, nuestra misión es transferirle conciencia revolucionaria. De retorno tendremos un partido cuyas bases ejercen un poder colectivo y no dictatorial, un poder que tiene como objetivo fundamental destruir el poder del capitalismo donde quiera que se encuentre. Finalmente es una cuestión de poder, o siguen gobernando los burócratas con su dictadura burguesa y cuyo último fin es entregar el país al imperialismo, o empieza el autogobierno autogestionario del poder popular verdadero. Basta de retórica, vayamos al grano.

Mario Forti
Mforti9@gmail.com



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