¿Socialismo es indigencia?

Por • 5 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

El conflicto universitario ha abierto un conjunto de temas por debatir para el conjunto de la clase trabajadora y, en general, para todos/todas que nos proclamamos partícipes del proceso revolucionario liderado por el camarada Presidente, Hugo Chávez. Uno de esos tantos temas tiene que ver con el de las condiciones de existencia de quienes habitamos en la República Bolivariana de Venezuela. Como es sabido, tanto el ministro universitario como sus agentes sindicales de Fetrauve, Fenastrauv y Fenasimpres, se mantienen opuestos a que los trabajadores/trabajadoras universitarias les exijan al Gobierno Revolucionario mayores recursos para la satisfacción de sus necesidades de sobrevivencia, llaman contrarrevolucionarios a quienes así lo hagan. Se oponen a la exigencia de aumento salarial y al no poder contenerla, entonces acuden al burdo expediente de minimizar la propuesta de porcentaje salarial, llegando al extremo de proponer, que la reciente medida de ajustar el salario mínimo a los sueldos, de cerca el 60% del total de empleados/empleadas y obreros/obreras universitarias, sea parte del porcentaje que se acuerde por este concepto. Hasta justifican y se niegan a luchar contra la medida ministerial de retención de los sueldos y salarios de los trabajadores/trabajadoras universitarias, en fin, pareciera que para estos camaradas el Socialismo no es más que sacrificios para la clase trabajadora, la cual solo debe vivir de la “política”, alimentarse de ella. Es el “socialismo” de la indigencia que nos proponen como alternativa de vida estos grupos de burócratas sindicales y ministeriales, claro ellos ganan muy bien!!!

En la historia del Socialismo se han registrado episodios en que sociedades que han intentado alcanzar este modelo de vida se han visto obligadas a adoptar medidas restrictivas, como por ejemplo, las hermanas/hermanos cubanos, a causa del bloqueo imperial norteamericano. Trotski, por ejemplo en su Revolución Traicionada nos hablaba del caso soviético: “El joven Marx escribía dos años antes de El Manifiesto Comunista: “(…) el desarrollo de las fuerzas productivas es prácticamente la primera condición absolutamente necesaria (del comunismo) por esta razón: que sin él sí se socializaría la indigencia y ésta haría resurgir la lucha por lo necesario, rebrotando, consecuentemente, todo el viejo caos (…)”. Esta idea no la desarrolló Marx en ninguna parte, y no se debió a una casualidad: no preveía la victoria de la revolución en un país atrasado. Tampoco Lenin se detuvo en ella, y tampoco esto se debió al azar: no preveía un aislamiento tan largo del Estado soviético. Pero el texto que acabamos de citar, que no fue para Marx más que una suposición abstracta, un argumento por oposición, nos ofrece una clave teórica única para abordar las dificultades absolutamente concretas y los males del régimen soviético. Sobre el terreno histórico de la miseria, agravado por las devastaciones de la guerra imperialista y de la guerra civil, “la lucha por la existencia individual” lejos de desaparecer con la subversión de la burguesía, lejos de atenuarse en los años siguientes, revistió un encarnizamiento sin precedentes: ¿tenemos que recordar que en dos ocasiones se produjeron actos de canibalismo en ciertas regiones del país?…”

A diferencia de esos procesos revolucionarios, nuestra Revolución Bolivariana se ha planteado transitar al Socialismo por vías inéditas, sin antecedentes en la historia de la humanidad. Para nuestra fortuna, si bien contamos con una base industrial de las más atrasadas de nuestro continente, en contraposición tenemos importantes recursos naturales que nos han permitido dar un impulso acelerado a las condiciones de sobrevivencia del pueblo venezolano, como tal lo ha venido reflejando el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD (Naciones Unidas), el cual mide los logros de las naciones en tres dimensiones: acceso a la educación y conocimientos, nivel de vida digno, y vida larga y saludable. Los valores del IDH están comprendidos en una escala entre 0 y 1, y se obtienen como promedio geométrico de los tres (3) componentes (Salud, Educación e Ingresos). Las escalas establecidas para el índice son: Desarrollo Humano Muy Alto: [0,785 – 1], Desarrollo Humano Alto: [0,675 – 0,784], Desarrollo Humano Medio: [0,475 – 0,674] y Desarrollo Humano Bajo: [0 – 0,474]. Para el año 2010 el Índice de Desarrollo Humano de Venezuela alcanza 0,755, suficiente para ubicar al país en la posición número 53 entre los países del planeta, con un Desarrollo Humano Alto. El informe también registra que la tasa promedio de crecimiento anual del IDH en Venezuela ha sido de 0.90 en los últimos diez años, es decir entre 2000 y 2010.

“El Sistema de Gobierno más perfecto, es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”, esta idea del Padre Libertador, Simón Bolívar; se ha convertido en un objetivo supremo a alcanzar por la Revolución Bolivariana, tanto que, al revisar el Primer Plan Socialista para el Desarrollo Económico y Social de la Nación o Proyecto Nacional Simón Bolívar, 2007-2013, que se orienta en la construcción del Socialismo del Siglo XXI, y se basa en siete premisas fundamentales: 1) la Nueva Ética Socialista, 2) la Suprema Felicidad Social, 3) Democracia Protagónica y Revolucionaria, 4) Modelo Productivo Socialista, 5) Nueva Geopolítica Nacional, 6) Venezuela: Potencia Energética Mundial, 7) Nueva Geopolítica Internacional.

Como se aprecia, el punto 2, se fundamenta en esa idea del Padre Libertador, Simón Bolívar, y así lo expresa este Primer Plan Socialista: “La suprema felicidad social es la visión de largo plazo que tiene como punto de partida la construcción de una estructura social incluyente, formando una nueva sociedad de incluidos, un nuevo modelo social, productivo, socialista, humanista, endógeno, donde todos vivamos en similares condiciones rumbo a lo que decía Simón Bolívar: “La Suprema Felicidad Social”.

Este Primer Plan Socialista de la Nación, al parecer es desconocido por quienes constituyen el equipo de apoyo, más inmediato, del Camarada Presidente, Hugo Chávez, los ministros/ministras, si no, cómo se explica que éstos permitan la tercerización de sus trabajadores/trabajadoras en los ministerios bajo su supervisión, o que se le desconozcan beneficios socio-económicos, o que no se les permita acceder a las Contrataciones Colectivas, un derecho constitucional. En fin, pareciera que muchos de éstos/éstas se encaminaran es a propiciar el logro de la “suprema infelicidad social” de nuestros trabajadores/trabajadoras.

La marcha nacional convocada para este martes 9 de Noviembre, por la Únete, la central mayoritaria de nuestros trabajadores/trabajadoras, en contraposición se encamina es a reclamarle al Gobierno Revolucionario el cumplimiento de esa premisa establecida en nuestro Primer Plan Socialista de la Nación, solicitándole el aumento de salarios que haga justicia con el deterioro del mismo, causado por la inflación capitalista. Indicativo de que las políticas de resarción social del Gobierno Bolivariano (en salud, educación y ahora en vivienda), han sido insuficientes. Asimismo la legislación que sustente una nueva relación obrero-patronal, más justa, más equitativa, más humana, que reivindique el valor del trabajo sobre el capital, en otras palabras, una Ley del Trabajo Socialista.

Solo en la medida en que avancemos en el cumplimiento de esa premisa clave de nuestro Primer Plan Socialista, dar a nuestro pueblo la “suprema felicidad social”, en todos los aspectos de su vida en sociedad, podremos dar el salto cualitativo que nos proponía Lenin: “Nos vemos obligados a admitir que nuestra posición respecto al socialismo ha sido radicalmente modificada. Este cambio radical consiste en que antes, nuestros principales esfuerzos se orientaban por necesidad a la lucha política, a la revolución, a la conquista del poder, etc. Ahora el centro de gravedad se desplaza de tal manera que llegará a situarse en el trabajo específico de la organización cultural. Estoy dispuesto a afirmar que el centro de gravedad debería situarse en el trabajo cultural, si no fuera por las condiciones internacionales y las necesidades de luchar por nuestra posición a escala internacional. Pero dejando a un lado este punto, si nos limitamos a las condiciones económicas internas, el esfuerzo más importante debe dedicarse al trabajo cultural…”

Lo cual solo será posible, si y solo si, el desarrollo de nuestras fuerzas productivas nos permite avanzar de este período transitorio con paso firme a la construcción del nuevo Estado preparatorio de la nueva sociedad, la Socialista. Transición al Socialismo que sólo será socialista en cuanto a la propiedad, pero en gran medida las normas de reparto, la distribución, todavía serán capitalistas, por cuanto se hace por la vía del salario. Dilema imposible de resolver, hasta tanto la Revolución Socialista no triunfe en los países económicamente avanzados o industrializados, como lo previera Marx. En otras palabras, solo tendrá concreción en la medida en que la Revolución adquiera carácter internacional, de allí la importancia estratégica de la convocatoria a constituir la Quinta Internacional…

Henry Escalante



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