Teodoro en Tacagua

Por • 4 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Ruralidades

A ese coetáneo de éste “imbécil” que estas “imbecilidades” escribe, no deberíamos llamarlo logrero con premio ajeno, como el “Rómulo Gallegos” de García Márquez por ejemplo, más bien le calza a la medida el de oportunista correlón a quien si no le dan la mano, como se la dio el camarada Guillermo García Ponce (a él y al adeco Pompeyo) en el túnel del “San Carlos”, ese bocón judío no se atreve ni siquiera a brincar un charquito de los dejados por Carlos Andrés Pérez, que ya es mucho decir de la degradación política.

Claro que el catire Petkoff no es tan pendejo. Su habilidad, aliñada con la cartilla “goebbeliana”, aprendida desde chiquito allá en Bobures de parte de los correligionarios de su progenitor, le ha servido de mucho. Tanto como a la “gata de María Ramos…”. Quien no lo conozca que revise a fondo la “heroicidad” asumida por ese farsante en cuanto a la criminal acción del tren de El Encanto, sin olvidar las puertas abiertas para fugarse del Hospital Militar. Sobre los rieles actuó el compadre de Carlos Andrés, Américo Martín pero él, Petkoff, se dejó utilizar durante 40 años como el “héroe” de pacotilla. Ahora, después de viejo, y desde cuando el pueblo lo despojó del ropaje revolucionario, solo y todavía esperando en la bajaita, se le ha metido en la cabeza hueca que él, como las bolas del perro (siempre atrás) de la contrarrevolución, pueden prender la candelita guarimbera contra el gobierno de Hugo Chávez y del pueblo venezolano con su periodiquillo (el pasquín es de valientes).

Ya hablamos de los brinquitos “heroicos” y del simulacro del escandaloso de la sinagoga de Quebrada Honda. Del mismo que pretendió poner a pelear a los jerarcas de su misma secta con el Gobierno presidido por Hugo Chávez, cuando dijo que aquel robo de prendas religiosas fue perpetrado por “personeros” del gobierno. Pues bien, ese mismo bocón fue el que, en pleno combate del pueblo contra el desgobierno de Pérez en su segunda versión, se apareció en los escombros de Nueva Tacagua, que ya empezaba a derrumbarse como todas las obras de aquellos gobiernos de la cuarta componenda de “Punto Fijo”. ¿Qué hacía Teodoro, el catire, en lo que parecía un contubernio con el verdugo que en ese momento estaba masacrando al pueblo caraqueño (léase Ítalo del Valle Alliegro) sobre aquellos escombros de la “cuarta república”?.

Desde entonces hasta hoy, cuando Nueva Tacagua parece que se agrietó de nuevo, no habíamos podido descifrar la incógnita. Fue que, vía comparación con las guarimbas de Mérida, provocadas por el ahijado de Teodoro, el orlado por la episcopal y coronado por la papo, y las bravuconadas de un guapetón de Tacagua que, sin autorización del colectivo, se pronunció porque “de aquí no salimos si no es para un apartamento para cada familia aquí mismo en Caracas”. ¿Es que el discípulo de Teodoro pretende disculpar al gobierno de Pérez por la construcción de esos edificios en terrenos inconsistentes?.

Es que en Tacagua como en Mérida había quedado el virus teodorista. Sin embargo, es posible que en Caracas las necedades de Teodoro resulten una babosada mas, aunque se valga de desconocidos cómplices a quienes siempre se les ve el bojote al abrir la boca, lo que explica en parte que, desde hace más de 20 años, el catire Petkoff tiene su ahijado en Nueva Tacagua y, como en la “guerra justa” de las historias bíblicas él, el Teodoro de la farsa y espíritu burlón de los revolucionarios que en esos días se hicieron matar en Caracas y Guarenas para salvar a la Patria mancillada por culpa de los traidores, tal cual el mismo Petkoff que hoy disfruta de las jugosas canonjías de los avaros, sempiternos enemigos de la clase obrera y beneficiarios a su vez, de las prestaciones sociales entregadas en bandeja de plata por el mismo correlón de las montañas de Falcón.

Patria, Socialismo o barbarie.

Pedro Méndez
pedromendez_bna@yahoo.es



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