Novenario

Por • 1 Nov, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

La Mucuy

Miguel Villarreal es un experimentado hombre nacido en mil novecientos cuarenta y siete. Tiene cinco hijos. Cuenta que cuando su tía Gloria murió esta tenía la avanzada edad de noventa y ocho años. Recuerda como fue llevada hasta su casa para velarla, para que pudiera despedirse de los espacios que le acompañaron durante toda su vida.

Su ataúd fue adornado de muchas flores mientras lo iluminaban largas velas que durante horas no lograron apagarse. Toda la noche se escucharon cantos y rezos de los más viejos, dirigidos por la señora Marcolina y seguidos por las sabias voces de los señores Virgilio, José Parra, Ramoncito y la comadre Angelina.

Cada uno hacia tres rosarios en uno. El primero lo ofrecían, rezaban hasta El Credo y finalizaban con las Cinco Casas.

El Rosario se entrega en nombre del difunto y no se reza completo, solo hasta El Credo. Luego pasa otro, sigue hasta las Cinco Casas, igual llegado nuevamente al Credo.

Luego pasa el tercero, ofrece, llega a las Cinco Casas, culmina con Aves Marías, Padre Nuestros y para en Las Letanías. Por esto, cada Rosario dura una hora, cuando son tres, tarda hora y media.

Luego viene el sacerdote a retirar el difunto de lo que fue su hogar rezando un Rosario y en silencio van abandonado el hogar. Todos caminan a la iglesia donde se le dará la última misa.

Si murió por un accidente rezan las nueve noches un Rosario y la Novena. El día nueve van amigos y familiares al sitio del acontecimiento a orar, todos dicen: ven, vámonos, parte a tu nueva casa.

Para rezar buscan al rezandero o él se ofrece, si falla, va otro y le suplanta, pero por lo general asiste al compromiso sin faltar. Las plegarias comienzan a las siete de la noche y duran sin parar por una hora.

El último día hacen un altar, es la tumba con los nueve escalones, forrada con una sábana blanca. Esto representa los días que el difunto es invitado al cielo.

Esa jornada empieza desde las tres de la tarde y alcanza la media noche. Algunos llegan aflorando las seis de la mañana, después tumban la tumba.

Dan mucha comida, esa es la tradición, hacen hervido, toman chocolate, café, algunos solo dan aguardiente.

Al día diez se llevan al cementerio todas las flores que quedaron de noches de tantos rezos.

Cada mes hacen nuevos rezos hasta completar los nueve plazos y en cada intervalo dicen un Rosario.

Al sexto mes oran y de allí hasta cumplirse el primer año, hacen una buena comida y la ceremonia alcanza hasta la media noche.

Miguel Jaimes
venezuela01@gmail.com



Tu opinión es importante. Escribe un comentario