Rebeliones indígenas y la lucha por la independencia

Por • 7 oct, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

[Fragmentos del libro Historia del Racismo en Bolivia: Régimen Político, Iglesia Católica y Pueblos Indígenas]

No hay investigaciones sobre la guerra de la independencia que tomen como antecedentes del mismo los levantamientos indígenas de las últimas décadas del siglo XVIII. Tampoco relacionan estas rebeliones de los pueblos originarios con los acontecimientos de 1809. Entonces, los libros de la historia de Bolivia, toman como punto de partida del proceso los sucesos de mayo de 1809. En realidad, el proceso de la independencia se inicia con “Las rebeliones indígenas de fines del siglo XVIII”.

En el Perú, a pesar de la ejecución de Tupac Amaru y de su familia, los españoles no lograron sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por su medio hermano Diego Cristóbal Tupac Amaru II. “Las posteriores rebeliones criollas invocaron el nombre de Tupac Amaru para obtener el apoyo de los indígenas, caso entre otros de Tupac Katari en la región que vendría a ser después parte de Bolivia. La rebelión de Tupac Amaru II marcó el inicio de la etapa emancipadora de la historia del Perú cuando este país se decide por su independencia luego de casi tres siglos de ser colonia española. Por su parte Condorcanqui es considerado un precursor de la independencia del Perú”[1].

El General Juan Velasco Alvarado, presidente del Perú (1968 – 1975), admitió la efigie de Tupac Amaru como símbolo del Gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas que él encabezaba. En su honor denominó Tupac Amaru, a uno de los salones más ostentosos del Palacio de Gobierno.

A decir de Roberto Choque Canqui, investigador aymará y doctor en Historia, estas rebeliones “… desnudaron la crisis del sistema colonial porque sus efectos no sólo crearon el descontento entre los indígenas sometidos al tributo y a la mita de Potosí con la imposición de los repartos de mercancías, sino también entre los sectores criollos y mestizos con las medidas impositivas”[2].

El incremento de impuestos en los departamentos de La Paz y Cochabamba, afectaron por igual y en gran medida a criollos, mestizos y caciques. Entonces las rebeliones y estos incrementos produjeron protestas contra los españoles que detentaban los poderes locales. Con los “… gritos libertarios de Chuquisaca y de La Paz en 1809”, reprimidos por “Goyeneche a los revolucionarios en La Paz en 1810, se inició la guerra contra la dominación española”. Afirma Roberto Choque.

Mas adelante señala el autor “El capitán indígena Combay que tuvo un encuentro con el general Belgrano en Potosí, después de comprender que la guerra de la independencia no era solamente para los criollos sino también para los indígenas, ofreció colaborar con algo de tres mil indígenas a los guerrilleros de los esposos Padilla”[3]. Este suceso, tampoco registran los libros de historia de Bolivia. ¿Porqué?…

En 1825, doctores, hacendados, comerciantes y burócratas del antiguo régimen celebraban la victoria contra las fuerzas realistas y la decisión de la Constituyente. “La independencia llegó pero los cambios no se dieron para los indígenas”[4]. Sentencia el historiador Choque.

Quienes lucharon durante dieciséis años, salieron derrotados el seis de agosto de 1825 luego de concluida la Asamblea Constituyente:

Los indígenas, porque la crueldad y el despojo de sus tierras fue mayor que la etapa anterior a 1809.

La corriente liberal – burguesa que actuaba con los ejércitos de Belgrano, Castelli, Bolívar y Sucre fueron también derrotados por la tendencia localista, “independentista”, alto peruana, de raíces gamonales fundamentalmente.

Es decir, a partir del 6 de agosto de 1825, los ex realistas se convierten en libertarios y creadores de una nueva República “para el beneficio de una minoría de grupos oligárquicos”, dirá Roberto Choque, “excluyendo de ese derecho a los pueblos originarios del occidente y del oriente de la antigua Audiencia de Charcas[5]”.

Carlos Montenegro escribe en nacionalismo y coloniaje: “Es innegable que al fundarse la República se consumó una defraudación con el espíritu republicano y con el anhelo popular de independencia. Los hombres que lucharon desde 1809 por la libertad, habíanla (sic) teóricamente mediante la revolución, pero se sentían como antes encadenados en el terreno de los hechos. La nueva clase gobernante, sin haber intervenido en la campaña revolucionaria, se acomodaba a gusto en el dispositivo del flamante régimen” [6]

Según Montenegro preexistía una nacionalidad altoperuana, anterior a la fundación de la república. Por ello señala la “defraudación del espíritu republicano”. En rigor, no hay ninguna defraudación, porque nunca existió el mencionado espíritu nacional republicano. Si se consumó una defraudación al crearse la República; fue – en primer lugar – con los pueblos indígenas; y, – en segundo lugar – con los ejércitos liberales rioplatenses y colombianos que lucharon contra la corona tratando de conservar la unidad del territorio sudamericano – que Simón Bolívar denominó Gran Colombia – que fue el escenario de la revolución. Por ello se oponían a parcelarlo en pequeños, débiles y estancos Estados, totalmente autónomos como ocurrió en Bolivia…

La carta de Bolívar del 21 de febrero de 1825 muestra las observaciones de aquel sobre la conducta de Sucre al convocar – con el Decreto del 9 de febrero – a la Asamblea del Alto Perú. Veamos:

“Ni Vd., ni yo, ni el congreso mismo del Perú, ni de Colombia, podemos romper y violar la base del derecho público que tenemos —189? reconocido en América. Esta base es que los gobiernos republicanos se fundan entre los límites de los antiguos virreinatos, capitanías generales, o presidencias como la de Chile. El Alto Perú es una dependencia del virreinato de Buenos Aires (…) Yo he dicho a Vd. de oficio lo que Vd. debe hacer, y ahora lo repito: sencillamente se reduce a ocupar el país militarmente y esperar órdenes del gobierno. Ahora mismo está el Congreso tratando sobre las instrucciones que debe darme con respecto al Alto Perú”[7].

El tenor de la carta es claro: las Provincias del Alto Perú, deben respetar el principio jurídico-diplomático del “uti possidetis” (del latín, “como [poseías] de acuerdo al derecho, poseerás) el cual consistía como sigue: Las nuevas naciones hispanoamericanas debían constituirse en los límites de las grandes divisiones del Imperio español en América. La correspondencia trascrita, sólo completa este panorama.

Con el Decreto del 9 de febrero – a la Asamblea Constituyente – los doctores y gamonales de Charcas, habían cumplido su primer objetivo. Bolívar opinó que Sucre fue “embrollado por los abogados”[8]. Una vez cumplido el primer propósito por los doctores gamonales – conversos de último momento – les faltaba el objetivo mayor: someter a Bolívar.

Firme, aquellos, en la perspectiva de fundar un nuevo Estado totalmente separado del Perú y del Río de la Plata, utilizaron toda su experiencia discursiva hipócrita – demagógica y su carácter servil para lograr sus objetivos.

Primero, nombrar a Bolívar administrador provisional del Alto Perú, mientras se resuelve el pleito con el Bajo Perú y el Río de la Plata, y luego el denominativo de la nueva república. Arnade escribe: “Fueron presentados varios proyectos por el vicepresidente Mendizábal, incluyendo uno para nombrar al nuevo país Bolívar, con el propósito de estimular el ego de Bolívar y hacer así más dificultoso para él rechazar la separación del Alto Perú[9]” Los discursos hipócritas de endiosamiento a la personalidad de Simón Bolívar, por parte de los oradores, tenían un solo fin: conseguir la aprobación del Libertador Bolívar, para tener el camino expedito y fundar la nueva república a imagen y semejanza de sus intereses.

Nota. Hoy con la misma hipocresía, los mestizos clase medieros de las ciudades, celebramos pomposamente el bicentenario. Mientras los pueblos indígenas se mantienen el la misma situación de despojo territorial y exclusión.

[1] José Gabriel Túpac Amaru en http://www.deperu.com/abc/. Se puede también consultar http://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%BApac_Amaru_II

[2] CHOQUE, Canqui Roberto, Mestizos e indígenas sintieron desazón tras la Independencia, La Razón, Especiales, Edición Digital – sábado, agosto 6 de 2005

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] MONTENEGRO, Carlos, Nacionalismo y coloniaje, talleres gráficos, La Paz, 1953, pp. 46 – 47

[7] Carta de Simón Bolívar A José Antonio de Sucre del 21 de febrero de 1825. En http://www.cervantesvirtual.com/

[8] PAREDES Rigoberto, La fundamentación… Ob. Cit. p. 39

[9] ARNADE Charles, La dramática insurgencia de Bolivia, Librería Juventud, La Paz, 1972, p. 225

Jhonny Lazo Zubieta



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