La “caña” corre libre

Por • 30 May, 2010 • Sección: Curiosidades

Los cerebros menos maduros son más vulnerables a los efectos etílicos

El alcohol es el pasatiempo de los más jóvenes

Antes, cuando no bebía, Susana no era muy popular. La consideraban aburrida y, en las pocas reuniones adonde iba encontraba poco qué hacer, mientras sus amigos sí disfrutaban. Cuando decidió ensayar algo diferente a la cerveza que tanto le repugnaba, el vodka con jugo de naranja le calzó perfecto.

Ahora, cada vez que sale, disfruta bebiendo en casas, tascas o dentro de carros de sus amigos, cuyo número ha crecido vertiginosamente. Pero como contraparte a su despertar social, su rendimiento universitario se ha venido a pique: siempre tiene sueño y le cuesta concentrarse. Aún más grave es no recordar cuán lejos llegó, la otra madrugada, con un ansioso joven que recién conocía.

Amparado en la legalidad y en su relativo bajo costo, el alcohol es la sustancia psicotrópica de uso más extendido en la población. Nada de extrañar es una nación donde hay más licorerías que museos, parques, teatros y cines. Así, la tendencia es comenzar a beber cada vez más temprano: desde los nueve años de edad, y lo que antes era una práctica típicamente adulta, ahora es común desde el bachillerato y la universidad. Aunque la intención pueda esconderse en la inocente convivencia social, no todo es festivo en materia de alcohol.

“El suicidio es la primera causa de muerte violenta entre los jóvenes venezolanos y en la mayoría de los casos se comprueba una ingesta alcohólica cinco horas previas al hecho. Igual sucede con los accidentes de tránsito, la segunda causa de muerte”, explica convencida, Pilar Marcano, coordinadora adjunta del Programa de salud Mental en el estado.

Irresponsabilidad a la carta
Más allá de los finales trágicos, el alcohol igualmente puede causar estragos a mediano plazo, dado su potencial desinhibitorio, especialmente efectivo en adolescentes y jóvenes, aún en proceso de madurez mental. Por ejemplo, aquel joven tímido, luego de tres tragos, termina aceptando “picar cauchos”, un reto mortal muy común al debutar al volante, plantea la especialista.

Además, “en los adolescentes el consumo de alcohol promueve una conducta sexual irresponsable, pues al beber se olvidan los riesgos de un embarazo no deseado e incluso de contraer una enfermedad”, comenta Marcano. Esa misma desinhibición es un pasaporte a los vicios: el alcohol es el trampolín para el consumo de otras sustancias psicotrópicas, por lo que coloca a la juventud, ya de por sí una población de riesgo, en situaciones de alto riesgo.

Por ello no extraña que el alcohol y las drogas se ubiquen entre las cinco primeras causas de diagnóstico de salud mental en los servicios médicos del país, ni que la mayoría del consumo de narcóticos vaya acompañado de la ingesta alcohólica, según reportes forenses.

Cerebro expuesto
Incluso el alcohol consumido de manera exclusiva, eventual, aparentemente sana y social, causa estragos neurológicos. Según los últimos estudios, el desarrollo del tejido cerebral, que no se completa antes de los 20 años de edad, se ve seriamente afectado con la ingesta etílica, aumentando los riesgos de sufrir disfunciones motoras y hasta psicosis.

De acuerdo al estudio de White y Swartzwelder, de la Universidad de Duke, EEUU, la amnesia que sigue a una borrachera confirma que el alcohol es capaz de desconectar el hipocampo temporalmente e incluso de disminuir su tamaño. Todo ello afecta la atención, la concentración, la memoria y las funciones digestivas, causa dolores de cabeza, temblores y somnolencia, al tiempo que promueve la irritabilidad y la agresividad. “En jóvenes y adolescentes ello se traduce en una caída del rendimiento académico, ausentismo escolar, conductas delictivas y conflictos dentro y fuera del hogar”, descrie.

“La sociedad tolera el consumo alcohólico, dentro de un ambiente festivo, siempre y cuando el que beba no cause problemas. Pero la capacidad de beber sin perder el control de sus actos depende de cada persona. Los extremos son igualmente peligrosos: los que se emborrachan rápido y los que tardan”..

El primer caso seguramente esconde un trastorno neurológico, pues el organismo debe ser capaz de procesar, sin problemas, de 30 a 90 cc de alcohol etílico cada cinco horas. En el segundo caso, quienes jamás se embriagan han “desarrollado el fenómeno de la tolerancia, es decir, han vencido sus propios controles biológicos” y dejan su organismo en un estado de vulnerabilidad absoluta. Lo más grave es que mientras más temprano comience un joven a beber, mayores riesgos adictivos corre, pues el alcohol, como toda droga, tiene la misma propiedad del sexo: induce la liberación de dopamina, hormona responsable del placer.

Los niños crecen rodeados de licor

Culto social. Según la teoría de E. Goode cada sociedad decide qué castigar y qué no, de acuerdo a cómo las conductas son valoradas. En el irónico caso venezolano es el abstemio el marginado, pues quien no bebe ve limitada su interacción social. Por ello la socióloga Judith Lares diagnostica: “en Venezuela existe una valoración social en torno al alcohol, por eso bebemos incluso en fiestas infantiles, velorios y primeras comuniones. Y esa actitud no se asume como conducta desviada”.

Negocio redondo. Ante ese panorama, y como un círculo vicioso, los expendios de licor se erigen entre los comercios más rentables en cualquier rincón del país. Especialmente las licorerías tienen en los jóvenes sus más fieles clientes. En una avenida de la zona metropolitana de la entidad conviven perfectamente hasta siete expendios. “Vendes mucho y no tienes pérdidas; ganas, en promedio, 50% del costo. La mercancía, sobre todo la cerveza, se renueva dos veces a la semana”, reconocen los dueños.

Agua milagrosa. Dada su alta popularidad, son muchos los chistes y mitos que se conocen en el país en torno al alcohol. Los jóvenes comparten fórmulas para atenuar sus efectos, pues se estima que antes del quinto trago el cuerpo activa la alarma del mareo. En ese momento, nada de café, comida y mucho menos más licor, pues la ciencia sólo reconoce una verdad: lo mejor para compensar al organismo es hidratarlo tomando mucha agua, mientas el alcohol se libera a través de sudor, aliento, orina y heces.

Diario Metropoltiano



Tu opinión es importante. Escribe un comentario