En refugios de la Divina Misericordia dan alimentos y amor con disciplina

Por • 30 May, 2010 • Sección: Municipio Sotillo

El ama de casa Carolina Velásquez, de 29 años, y su esposo el barbero, Pedro Luis Velásquez (25) y otras 150 personas almuerzan en la casa de alimentación Redimi I, en la calle Los Cocos del sector de igual nombre en Puerto La Cruz. Mientras que 60 niños y adolescentes, de escasos recursos económicos o en situación de riesgo, son orientados en el centro que está ubicado en la urbanización Los Cerezos

Divina Misericordia es el nombre de dos refugios de una asociación civil que creó un grupo de personas para atender a las personas más necesitadas, pues “la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”.

La virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos, hizo que la presidenta de la organización, Raquel Jiménez de Volpe, y sus colaboradores, alquilaran el 30 de octubre de 2004 una vivienda en la calle Los Cocos del sector de igual nombre en Puerto La Cruz.

En el inmueble funciona el Refugio Divina Misericordia I (Redimi) y a la vez la casa de alimentación que abre sus puertas al público a las 11:30 de la mañana para recibir a más de 150 personas que almuerzan gracias al Programa Alimentario (Proal).

A diario van a Redimi el ama de casa Carolina Velásquez, de 29 años, y su esposo el barbero, Pedro Luis Velásquez (25), junto a su bebé de ocho meses, quienes tienen su domicilio en el barrio El Paraíso.

También Carmelo Bello (58), quien camina con muletas desde hace dos años, debido a las fracturas que sufrió en ambas piernas al ser arrollado por un carro en la avenida Paseo Colón del terminal de Ferrys.

Ellos, al igual que los demás comensales, recibieron las bandejas de pollo guisado con papas, arroz, patilla y avena que les entregaron la encargada del refugio, Teresa Ochoa, las hermanas Damelis Viñoles y Trina Viñoles, integrantes de la Renovación Carismática Católica, el día que El Tiempo visitó las instalaciones.

Todos rezaron un padrenuestro y un avemaría antes de tomar los alimentos.

La rutina la presenció la supervisora de Mercados de Alimentos (Mercal), Ana Montanée, quien calificó de bueno el funcionamiento de esta casa de alimentación, una de las 37 que hay en el municipio Sotillo.

La funcionaria estaba presente cuando comenzó a caer un aguacero que anegó las instalaciones del comedor, pues el techo está como un colador.

Apenas terminó de almorzar, el ama de casa Nairobi Ruiz (33) agarró un haragán para sacar el agua que se empozó en el comedor. Otros comensales ayudaron a la colaboradora Nancy Jiménez y a la cocinera Regina Gutiérrez a lavar los corotos.

Atención a niños
Redimi II abrió sus puertas en 2008, el segundo domingo de Pascua, Día de la Divina Misericordia, en otro inmueble arrendado en la calle Campo Elías de la urbanización portocruzana Los Cerezos, detrás del Santuario Divino Niño.

Allí atienden a 60 niños de 4 a 12 años que carecen de recursos económicos, proceden de hogares con desarraigo, o viven en situación de riesgo. Ellos van de lunes a viernes, de 8:00 am a 12:30 pm, al centro.

El programa de esta sede, a cargo de María Antonia Fernández, contempla tres días de nivelación escolar, uno de catequesis, un día de actividades culturales y recreativas: teatro y pintura.

A todos los chicos les dan amor con disciplina porque “el que no corrige no ama”, aseveró la servidora Margarita Fernández, quien refirió que los muchachos vienen de los barrios Saigón, La Horqueta y El Rincón de El Paraíso.

Los niños y adolescentes son orientados por 15 docentes voluntarias, incluidas las jubiladas Francisca Valderrama y Guimar Martínez, así como Yaritza González, alumna de educación pre-escolar del Instituto Universitario de Tecnología Industrial Rodolfo Loero Arismendi (Iutirla).

En el comedor de Redimi II, preparan el desayuno y el almuerzo las madres colaboradoras Eglis Coromoto Cachacoto (45), Evelin Martínez (33) y Yoscani Ruiz (31). Ellas ganan 400 bolívares al mes, los reciben gustosas pues sus hijos son atendidos en el centro. La primera lleva a sus cuatro chicos de 14, 12, 7 y 4 años, la segunda un niño de nueve años, y la tercera a dos chicos de 10 y 7 años.

En el receso, unos pequeños se entretienen con los juegos de mesa, otros imitan a los doctores, y unos tiran la pelota. Algunos hicieron un alto en su diversión para hablar con los periodistas de El Tiempo . Dijeron que quieren ser policías, abogado, ingeniero o monja.

Ellos y sus compañeros untaron con pinturas multicolores sus palmas y dedos para marcar el paredón del Redimi II, donde se lee el mensaje: “Bendice Señor estas manos que en el futuro te servirán”.

Reciben donativos
Las personas caritativas que deseen colaborar con los Refugios Divina Misericordia I y II de Puerto La Cruz, pueden ir a las sedes o llamar a los teléfonos: (0281) 332.56.83, 808.34.71 y 419.47.64.

En Redimi I del casco central portocruzano requieren prendas de vestir, calzado, medicamentos y artefactos electrodomésticos nuevos o usados. También los envases plásticos vacíos de refrescos y mantequilla que el personal usa al entregar “comida para llevar” a las personas que llegan después que está cerrado el comedor.

En el Refugio II del sector Los Cerezos necesitan alimentos, artículos escolares, ropa y juguetes. Allí las directivas de la Asociación Civil Redimi tienen una chivera que les permite obtener recursos para el mantenimiento de la casa.

El comerciante Vicente Volpe colabora con la Asociación Civil Divina Misericordia que preside su esposa, Raquel Jiménez. El contó que unos ciudadanos confesaron que desde que van a Redimi del casco central, ya no tienen que robar para poder comer. Refirió Volpe que otro entregó sus cuchillos porque “ya no quiero matar a nadie”.

Los esposos Volpe han orientado a unas 40 personas para que acudan a los centros de rehabilitación, a fin de que superen su adicción a las drogas.

Yraida Núñez
Diario El Tiempo



Tu opinión es importante. Escribe un comentario