El 50 aniversario del encuentro de Ernest Emingway con Fidel Castro

Por • 27 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Cómo y cuando Washington irrumpió en la vida de Ernest Hemingway

Ernest Hemingway salió de Cuba, de su Finca Vigía, el 25 de julio de 1960, cuatro días después de haber cumplido sus 61 anos. Su primera escala en La Habana databa del ano 1928. Se alojo en el Hotel Ambos Mundo a partir de 1932, antes de instalarse en Cuba con la compra en 1940 de la Finca en las alturas de San Francisco de Paula, que había escogida su esposa Martha Gellhorn.

Su partida de La Finca Vigía fue patética.
Cuando salió, tomando el transbordador hasta Key West, ¿sabía que era para siempre? ¿Tenía esperanza de volver? ¿Por qué el escritor abandono Cuba? Se ha especulado mucho. Cincuenta anos después la polémica no esta acabada, pues ninguna de las versiones existentes ha constituido o constituye todavía en la actualidad una explicación plenamente satisfactoria. Una cosa cierta era que don Ernesto estaba muy enfermo. Su estado de salud había empeorado a partir del mes de enero .

De ese período doloroso, una sola persona, además de su última esposa Mary Welsh, fue testigo directo: Valerie Danby-Smith, irlandesa, 20 anos, que E.H había conocido en España en 1959 y que contrató para trabajar de secretaria personal. Fue también su confidente. Llegó a La Habana el 27 de enero de1960. Hemingway fue a recibirla al aeropuerto.

43 AÑOS DE SILENCIO ANTES DE TESTIMONIAR

Periodista y escritora independiente en EE.UU., publicó hace seis años “Running With the Bulls. My years with the Hemingways”. Ni ensayo, ni libro apologético, ni obra literaria, es algo más. Aporta testimonios de primera mano.

Durante dos años dedicó su vida al famoso escritor y a su esposa. Les acompañó en sus estrafalarios viajes por España y Francia, y vivió con ellos los últimos meses de E.H en Cuba. Con una prosa clara, Valerie Danby-Smith (V.D-S o Val) evoca la tragedia latente y más tarde abierta del premio Nobel norteamericano. Su aporte es el mejor comprobante posible sobre el último acto del drama personal que destruyó a Ernest Hemingway. Aporta además una pieza de convicción innegable en el momento de instruir cualquier causa Hemingway.

En ocasión del 50º aniversario del encuentro con Fidel Castro (afirmó Fidel en 1989 que se habían visto un par de veces, sin más precisión) y de la partida de Hemingway de la Finca Vigía y de Cuba, el testimonio de Valerie Danby-Smith (p.131-133, capitulo 9) tiene un alto valor histórico, por ser un documento único. El capitulo 9 tiene como titulo sencillo: “Las cenas de la semana”. V. D-S relata, no comenta. « Entre nosotros, Ernest, Mary y yo, nunca hablábamos de política ». En su libro tampoco. Esperó 43 anos después de la muerte de Hemingway para escribir y testimoniar.

A continuación el texto íntegro de lo relacionado con dos cenas – determinantes— (“en aquella primavera”, pero sin fecha) con el embajador norteamericano, Philip W.Bonsall (1):

“SOLO ESTUVIMOS PRESENTES ERNEST, MARY, PHIL Y YO”

“Comencé a atesorar esos momentos en que estábamos juntos, y disfrutaba de la armonía, la tranquilidad, la vida intensamente privada que vivíamos ahora, tan lejos del frenesí, de la extroversión que provocaba el constante asedio de la celebridad tal como lo habíamos experimentado en Europa.

“Me imaginaba con cariño como viviríamos todos en ese paraíso, en ese Jardín del Edén, Ernest, Mary y yo, René y Juan, Marta y Ana, la lavandera rechoncha, la cocinera, Pu chilo, el jardinero, v sus ayudantes contratados, sin que nada pudiera romper ese círculo perfecto. ¡Que sueño tan absurdo!

“El jueves por la noche por lo común venia a cenar Phil Bonsall, embajador norteamericano, y fue un jueves por la noche cuando este sueño del Edén manifestó los primeros síntomas de que se iba a resquebrajar.

“A Ernest le encantaba conversar con Phil, que representaba una conexión directa con su tierra natal. Quintaesencia de lo norteamericano, aunque había vivido en Estados Unidos una mínima porción de su vida adulta, Ernest seguía con avidez todo lo que sucediera en su país natal: política interior y extranjera, lo militar, los deportes, el submundo y toda clase de intrigas. Con cada visita de los jueves vimos a las claras que Bonsall se mostraba cada vez menos tranquilo acerca de la relación existente entre Estados Unidos y Cuba, y acerca de lo endeble que empezaba a ser su propia situación.

“En una de sus visitas de aquella primavera apareció con el semblante muy serio. Le trajo a Ernest un mensaje importante, aunque informal, de Washington D. C. El gobierno estadounidense empezaba a plantearse muy seriamente la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba. Hemingway era ciudadano norteamericano, pero también era residente en Cuba, y seguía siendo el expatriado más conspicuo y relevante de la isla a todos los efectos.

“Lo que Washington deseaba de él era no solo que pusiera punto final a su residencia en Cuba, sino también que diera abierta manifestación de su desagrado con el gobierno de Castro y el régimen cubano.

“Ernest protestó: aquélla era su casa, era un escritor, no veía que hubiera motivo para cambiar su forma de vida, su vida misma, su manera de ganársela. Los cubanos eran sus amigos, el personal de la finca era su familia; ¿cómo iba un escritor a ejercer su oficio y preocuparse a la vez de las cambiantes situaciones políticas? El había visto a los líderes ir y venir a lo largo de la historia, había vivido en plena conmoción política durante los años que llevaba en la isla, aquello no era asunto suyo. Su misión era escribir. A lo largo de toda su vida había demostrado su lealtad incondicional a Estados Unidos sin vivir en el país.

“Era reconocido en el mundo entero sobre todo por ser un escritor norteamericano; su lealtad a su nación nunca se había puesto en duda.

Phil, que era un hombre sensible, amable, comprensivo, se mostró de acuerdo con Ernest. No tenía nada que rebatir a todo lo que dijo Ernest; lo entendía perfectamente. Pero le insistió en que en Washington alguien veía las cosas de otro modo. No entendían la situación tal como la entendía Ernest. La destacada presencia de Hemingway en La Habana podría llegar a ser una situación embarazosa para su país.

“¿Por qué permitir que sucediera tal cosa, cuando estaba en su mano hacer uso de su influencia para lograr propósitos más positivos? Si el escritor no estaba dispuesto a adoptar una actitud propia de figura pública en defensa de su país, podría verse obligado a afrontar las consecuencias. La palabra «traidor» había salido a relucir. Phil reiteró que la conversación era de carácter estrictamente privado, no una comunicación oficial. Se trataba de una advertencia hecha por un amigo, pero debía hacer caso. En su condición de verdadero diplomático, Phil terminó su perorata y pasó como si tal cosa a tratar asuntos más livianos, sin volver a referirse a la cuestión.

“Solo estuvimos presentes Ernest, Mary, Phil y yo. No quiso ser una amenaza, pero lo era en el fondo. Ernest hizo como que no se lo había tomado en serio pero, a medida que pasaban los días, me di cuenta de que la amenaza de perder su casa y todo lo que representaba empezó a tener un gran peso en su ánimo.

En su siguiente visita, Phil nos comunicó con tristeza que había sido convocado a Washington. Las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba se habían roto [nda: de facto, oficialmente el 3 de enero de 1961]. Al día siguiente tenía previsto viajar a Estados Unidos.

“Tratamos de mostrarnos animados, de reírnos, y comentamos que se trataba de una medida temporal, que pronto volverían las cosas a su cauce. En menos de un año volveríamos a estar todos sentados a la misma mesa, acordándonos de ese momento y riéndonos sin temor a nada.

“Antes de marcharse, Phil recordó a Ernest lo que le había dicho en su visita anterior. Tenía más que nunca la sensación de que Ernesto iba a tener que elegir manifiestamente entre su país y su tierra de adopción; iba a tener que hacerlo con claridad y de forma notoria, de modo que el mundo supiera de qué parte se encontraba.

“Nos abrazamos al despedirnos, prometimos volver a vernos pronto, quisimos creer que la situación mejoraría. Cuando nos despedimos de Phil desde la escalinata de entrada, al marcharse, noté la tristeza que asomaba a los ojos de Ernest. Ninguno de los tres veríamos a Phil nunca más”.

[Paginas 131- 133, “Correr con los toros. Mis anos con los Hemingway”, 2005, Taurus, Santillana Ediciones Generales, Madrid, 386 p. Titulo original: “Running with the Bulls. My years with the Hemingways”, 2004. Traducción al español de Miguel Martínez-Lage. Con bibliografía, Índice onomástico y Álbum de fotos (33)]

Página 157, Valerie Hemingway (se casó años después con el hijo menor de E.H, Gregory) vuelve al tema:

“Era indudable que Estados Unidos había emprendido muy en serio las represalias por las hostilidades de Castro y por sus inclinaciones hacia su archienemigo, la URSS. Ernest tuvo que haber sopesado entonces las advertencias de Phil Bonsall, preguntándose cómo debería actuar a continuación. Si las cosas siguieran por ese derrotero, Finca Vigía pronto pasaría a ser mero recuerdo para el escritor que había vivido allí un tercio de su vida. Sus animales, sus libros, sus cuadros, y tantas otras cosas que amaba tanto estaban aun allí. La perspectiva de una pérdida de semejantes dimensiones era demasiado dolorosa para que Ernest la pudiera contemplar, a pesar de lo cual todas las noches su sueño era interrumpido por el merodeo de los aviones, y durante el insomnio tuvo tiempo de sobra para revisar sus opciones, cada vez menos. Se empezaba a tensar el lazo de la soga”.

Narra (p.145-147) por otra parte Val el día de premiación del Torneo Hemingway de Pesca del Pez Espada del 15 de mayo de 1960, fecha del único encuentro conocido con Fidel Castro (2).

(se puede consultar, enfocado sobre la presencia del Che:
http://www.granma.cu/espanol/2010/abril/lun26/ernesto.html
http://www.granma.cu/frances/2010/abril/vier30/che.html )

(1)- Katiuska Blanco, en “Todo el tiempo de los cedros” ( p.543, segunda edición, Ed.Abril, 2009) relata en particular un encuentro oficial el 5 de marzo del 59 en Cojimar entre el primer ministro cubano y el embajador de EEUU Phillip.W.Bonsall, quien “había recién arribado a la Isla [el 19 de febrero] y era un diplomático de carrera, con 21 anos de experiencia, alguien a quien su país consideraba conocedor de Cuba [hablaba el español] por haber trabajado en la Isla con la American Telephone and Telegraphy antes de ingresar en el Departamento de Estado”.

“Fidel se llevo otra impresión” considerando que “se trataba de alguien aun ajeno a cuanto ocurría” (…) Fidel comento que “él no tenia la menor idea de con quién estaba hablando”. Ese mismo Bonsall fue quien cenando un jueves de la primavera del 60 con Hemingway pronunció la palabra “traidor” a propósito del escritor norteamericano residente en Cuba. Ph. Bonsall ( o Bonsal) publicó“Cuba, Castro and he United States”, 1971, Pittsburgh.

El 5 de julio de 1960, Eisenhower anuncio la anulación de un contingente de setenta mil toneladas de azúcar cubano. Lo cual equivalía a reducir al 35% la cuota de importación en EE.UU. Veamos lo que declaró en privado por teléfono a Nueva York Hemingway a su amigo A.E. Hotchner: “En la finca todo está muy bien (…) No puedo decirte cómo estarán las cosas cuando regrese a trabajar en enero (1960) en Cuba y lo que más quiero es ponerme a escribir. Le pido a Dios que los Estados Unidos no le corten la cuota azucarera a Cuba. Eso lo destrozaría todo. Seria regalarle Cuba a los rusos”. (“Papa Hemingway”, A.E. Hotchner, p. 296).

“ME HUBIERA GUSTADO CONOCER MAS A HEMINGWAY”

(2)- Fidel Castro mantuvo y ha mantenido intencionalmente una clara privacidad sobre su relación con el escritor. Aportó en varias ocasiones sus comentarios personales sobre la obra de Hemingway, pero nunca se extendió sobre sus relaciones y sus dos encuentros. No se sabe 50 años después lo que conversaron el 15 de mayo de 1960 en Barlovento. No se sabe nada de cómo y cuándo llegó a su oficina personal del Palacio de la Revolución una foto (colgada en la pared) regalada por Hemingway. Es una foto dedicada Hemingway exhibiendo un enorme pez espada. Dice la dedicatoria (sin fecha): “Al Dr. Fidel Castro, que clave uno como éste en el pozo de Cojimar. Con la amistad de Ernest Hemingway”. Obviamente el tono de la dedicatoria refleja un cierto nivel de relación entre los dos hombres.

(Léanse en “Cien Horas con Fidel” de Ignacio Ramonet p 238 y 661. “Me hubiera gustado conocer más a Hemingway. Le gustaba Cuba, amó esta isla (…) A principios de la Revolución pude hablar con él en dos ocasiones, bastante brevemente. Si Hemingway hubiera vivido algunos años más, me hubiera gustado tener tiempo para conversar mucho más con él. De intimar un poco más (…) Como persona, en lo poco que pude conocerlo, me parecía, en sus costumbres, en sus prácticas, en sus cosas, una persona humana.”

No se sabe nada tampoco sobre si o no se conocieron aun de lejos en ocasión de la frustrada expedición llamada de Cayo Confites (julio de 1947) contra el dictador Trujillo de la República Dominicana. Los dos, cada uno en papeles distintos, habían sido involucrados en el asunto.

No se sabe nada de lo que afirma el habanero Maykel Reyes Leyva: “ Ya cuando Fidel se hallaba en los preparativos para el asalto al Cuartel Moncada, de Santiago de Cuba (1953), ingresa al Club de Cazadores del Cerro con la intención de hacer prácticas de tiro. Lo acompaña, entre otros, Abel Santamaría. Allí conocen a Fernandito Núñez, encargado de cuidar las armas del ilustre escritor. Fidel le pide un par de rifles prestados y Fernandito le presta la Yegua, un calibre 12 de dos cañones, la preferida de Hemingway.” Ya las dos vidas se cruzaron.

El 6 de febrero de 1984, en el Palacio de la Revolución, el periodista cubano Norberto Fuentes pregunta a Fidel: ¿Conoce usted las opiniones negativas sobre la Revolución Cubana que se quieren acreditar a Hemingway?”

Fidel contestó: “Creo haber leído algo al respecto unos comentarios sobre declaraciones de Hemingway en círculos privados y sus expresiones desfavorables hacia nuestro proceso. Es cierto que las fuentes de donde proceden son poco confiables. Y es cierto también que la actitud pública asumida por Hemingway fue de defensa de nuestra revolución. Y esto es algo que siempre hemos apreciado, por la manera en que nos honra.

“PARA HEMINGWAY ERA UNA SITUACIÓN SUMAMENTE DIFÍCIL”

“No obstante, añadió Fidel, escogiendo el enfoque más inteligente posible, hay que comprender que para Hemingway era una situación sumamente difícil. Su país se hallaba en conflicto con el nuestro. Y no podía ser fácil para él. En realidad no era fácil para nadie (…) Ahora bien -y esto me interesa aclararlo mucho- si él hubiese criticado con más o menos aspereza nuestro proceso, eso no lo hubiera demeritado ante nosotros en absoluto. En primer lugar, porque nuestra obra es humana y, por lo tanto, perfectamente criticable. Y lo hubiéramos aceptado, porque nunca hubiéramos dudado de la lealtad de Hemingway a los valores humanos. No hubiéramos dudado de su lealtad a nuestro país, una lealtad probada durante muchos anos. Ni de su lealtad como artista, su lealtad consigo mismo. Y nosotros lo seguiríamos apreciando igual. No hubiese cambiado en nada el aprecio que sentimos por su obra. Además, él era un hombre muy inteligente y su competencia como observador de la política internacional estaba ampliamente reconocida. Así que sus apreciaciones hubieran sido de una utilidad indudable” (en “Hemingway en Cuba”, p. 523-531, Letras Cubanas, 1984)

“ERA AMIGO NUESTRO”

A dos norteamericanos, Jones y Mankiewicz, en los anos 80, Fidel Castro, interrogado sobre que autores lee, contestó: “De los autores norteamericanos, Hemingway es uno de mis favoritos. Era muy amigo nuestro”.

¿Lo conoció usted personalmente?

FC: Sí, lo conocí cuando adjudicamos el Premio Hemingway de Pesca. Pero conocía sus obras desde antes de la Revolución (…) “Por quién doblan las campanas” fue una obra que me ayudó a elaborar tácticas para luchar contra el ejército de Batista”.

¿Supo él que era usted de esa opinión?

FC: Nunca lo dijo. Viajó mucho y murió pocos años después de la Revolución.

(mp, 15 de mayo 2010).

Luis E. Aguilera
Por Michel Porcheron



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