Una historia hospitalaria, (Sacada de la vida real). Nunca debemos dejar de criticar, pero también hay que alabar lo bueno

Por • 26 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Estimados camaradas socialistas, realmente no tenía muchas ganas de escribir este artículo, principalmente, porque ya había escrito de este caso hace unos meses atrás, si bien es cierto, que en este momento tengo que agradecer una nueva intervención, a la que ha sido sometido mi vecino, no es menos cierto, que en el fondo, es más de lo mismo y no me gusta escribir sobre lo ya tratado.

Lo cierto del caso es que me anime muchísimo a escribir estas pocas líneas, después de escribir un artículo, en el cual alababa y daba gracias a nuestro gobierno, por una magnífica labor de la misión “Mercal”, si bien reconocía fallas en esta misión, no era menos cierto, que en mi caso personal y en la de un gran número de mis allegados, esta misión ha sido casi milagrosa, pues bien vasto y sobro que apareciese publicado este artículo y la cantidad de correos electrónicos que he recibido, criticándome, llamándome arrastrado, jala mecate, chupa lo que Uds. ya saben, hasta me han aconsejado que en vez de jalar lo que debo es criticar, a mí, que la mayoría de mis artículos son de crítica y la gran mayoría de las veces, se me critica de quinta columna. Es por ese gran grupo de “revolucionarios”, a los cuales se les nota el bojote a kilómetros, que me han criticado tanto por alabar al gobierno, que me anime a escribir este artículo.

Mi buen vecino José Abraham, cayó muy enfermo hace ya unos meses, lo que amerito su traslado de emergencia y su posterior reclusión en el hospital Pérez Carreño, donde después de varias y muy complicadas operaciones, mi estimado vecino quedo fuera de peligro y casi como nuevo. Es bueno tener presente que con solo una de las tres operaciones que le realizaron a mi vecino en este hospital hubiese tenido, en una clínica privada, que vender su humilde casa y casi hipotecar el alma de sus tres hijos para, como ya dije, pagar una sola de las tres operaciones que le hicieron a José.

No me quiero alargar mucho en esta parte, ya que como dije con antelación, ya he escrito un artículo sobre esto, en donde reconozco las fallas notorias del hospital, pero a la vez, no puedo dejar de reconocer la encomiable labor, el gran esfuerzo y el feliz término que tuvo mi estimado José, en su transitar por esta institución, ya para finalizar con esta parte, bastara con saber, que José está en su casa recuperándose y dijo en su casa porque gracias a las instituciones médicas públicas de nuestro gobierno, mi vecino se curó y no perdió su casa.

Ahora bien, por desgracia y es bueno recordar que estas jamás vienen solas, los riñones de mi apreciado José se dañaron irreversiblemente, lo cual ha conllevado a que pase a engrosar la lista de esos pobres venezolanos que se tiene que dializar con un día de por medio, para poder continuar existiendo en este planeta, que a veces parece de solo sufrimiento.

Es en este punto, donde nuevamente tengo que reconocer la labor de nuestro gobierno en el aspecto hospitalario, ya que José ha sido tratado con la prontitud del caso y ya está en el sistema y está tratando de adecuar su vida a su nueva realidad, todo esto mientras aparece un donante, que según tengo entendido, es la solución final a su calvario.

Ahora quiero recordar, que una vez más, mi vecino está siendo tratado diligentemente y de manera eficaz en una institución pública de salud, nuevamente José está recibiendo el trato y el tratamiento que corresponde, sin poner un solo centavo, ya que esta nueva realidad de mi vecino, si tuviese que vivirla en una clínica privada, entonces si es verdad que perdería su casa y estoy más que seguro, que el dinero ni le alcanzaría para un año de tratamiento.

Camaradas, con lo anterior estoy más que lejos de tener la intención de hacer ver que el sistema de salud público en Venezuela es un mar de rosas o que funciona adecuadamente o de manera intachable, jamás ha sido, ni será esa mi intención, negar los grandes problemas que tenemos en el área de la salud pública es poco menos que estúpido, pero de ahí, a la extrema mezquindad que profesan nuestros nobles e inteligentes opositores, de negar hasta el más notorio de los logros de nuestra revolución, es el colmo, de ahí, que para estos señores opositores y para todos aquellos que dicen llamarse revolucionarios, pero se les ve el bojote ahí mismito, es que escribo este artículo, yo si tengo razones de peso y valederas para decir, GRACIAS AL SISTEMA DE SALUD PUBLICO BOLIVARIANO.

Alfredo Domínguez Fernández pito@hotmail.com.



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