!Bravo Yorlando Conde!

Por • 26 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

La escena, las tablas, el guión

El corazón se nos aprieta cuando la vida nos obsequia un día debidamente merecido. Yorlando Conde, maestro, de dicción casi que en cámara lenta, inolvidable. Prendido a nuestras pieles para el resto de nuestras luchas. Tu paso va en los nuestros o en los nuestros el tuyo. Maestro de la gran obra que nos enseñaste: la revolución. El teatro a la calle, a las cárceles, a los barrios. Dándole a nuestra sangre el tinte del rojo revolucionario. En buena hora este reconocimiento y como lo escribes: soy y seguiré siendo un estudiante. Como nosotros tus alumnos del Carlos Soublette, los que nombra Mundo y Jorge Ovalle, el chileno, que se le debe haber olvidado pero que es y sigue como muchos el camino.

Dejo el resto del espacio para las palabras que te escribiera Mundo Iribarren, otro más de tu grupo del liceo.

En ellas queda expresado mi sentir y el de todas y todos los que te debemos haber aprendido a ser imprescindibles y comprometidos hasta morir con la liberación de este mundo.

Raúl.

BRAVO YORLANDO CONDE

Mundo Iribarren.

Honor a quien honor merece reza el refrán. Y si alguien merece honores en el que hacer del teatro revolucionario en Venezuela, es el camarada Yorlando Conde. Tremendo obsequio recibimos en el CORREO DEL ORINOCO del lunes 24 de mayo, al encontrarnos con su esplendorosa sonrisa, genuina y sincera fachada que lo ha acompañado en su andar por la vida. En su manera de dar vida.

La entrevista que le hace Várvara Rangel se debe al haberle sido otorgado el Título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Experimental Simón Rodríguez, en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, el pasado 19 de mayo.

Entonces nos alegramos, porque el reconocimiento a los amigos es en cierta medida un reconocimiento a nosotros mismos. Máxime si se trata de aquellos con quienes se transitó parte del camino por el que están siendo reconocidos. En este caso el teatro, el teatro revolucionario.

Por allá a finales de la década de los sesenta del pasado siglo XX un grupo de estudiantes del Liceo Carlos Soublette de San Bernardino, nos reunimos para formar el Teatro Experimental 70. Eruby Salamanqués, Pancho Gutiérrez, Raúl Bracho, José Antonio Solá “El Catalán”, Rafael “Chipilo” Pulido, Hernán Vera, Mercedes Muñoz, Sonia Baamonde y este servidor entre otros. Ya teníamos el local, teníamos los integrantes y teníamos las ganas. Tan solo nos faltaba el profesor.

Lo solicitamos al Ministerio de Educación y para nuestra regocijada sorpresa, en muy poco tiempo nos lo enviaron. Era Yorlando Conde quien estaba recién llegadito de estudiar teatro en Chile. No nos contó de las enseñanzas de Pablo Neruda o Víctor Jara, de quienes seguramente habría recibido canto y poesía. Pero si de Don Pedro de La Barra, maestro de legiones de teatreros latinoamericanos.

Yorlando llegó a darle forma a aquel rebulicio, a aquella virgen banda de jodedores del norte de la ciudad de Caracas: Altagracia, San José, San Bernardino, Simón Rodríguez, Mari Pérez, Pedro Camejo y hasta de Las Palmas y Alta Florida estudiábamos en aquel edificio; evolución de una casa que a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez había sido saqueada y luego tomada para liceo por los estudiantes del Carlos Soublette. O sea una conquista del estudiantado venezolano.

Pues bien, a aquella conquista popular llegó nuestro bisoño profesor de teatro pagado por el Ministerio de Educación. Y llegó montando unas obras de viejos autores españoles que fueron nuestro material de presentación el primer año. Nosotros clamábamos por más ñangarismo, como “Nuestra Natacha” o algo así. Pero ese año morimos con “El paso de los melones de Lope de Rueda”.

Al año siguiente ya estábamos montando “La cantata de José Leonardo Chirinos” de Román Chalbaud, que causó verdadero impacto en diferentes certámenes de teatro estudiantil. Para estimularnos en el baile de tambores Yorlando nos decía que todos podíamos hacerlo pues según él, la especie humana desciende del África negra.

Y para el siguiente Yorlando nos llevó una propuesta verdaderamente ambiciosa. Comenzamos a trabajar en el montaje de La Cantata de María Rosario Nava, escrita sobre la prócer merideña por el maestro César Rengifo. Para ese montaje se emplearían los techos, patios y pasillos del Liceo, con una participación masiva de estudiantes.

Propuesta que no se concretó debido a la vigorosa lucha estudiantil por el logro de unos terrenos adyacentes para unas canchas de las que carecía el liceo, este fue por supuesto traicionado y desmembrado, yendo su segundo ciclo al Liceo Andrés Bello. Y desapareciendo así el Teatro Experimental 70. A buen seguro ese grupo teatral liceísta tuvo que ver y mucho con los sucesos ocurridos después. En él se había gestado buena parte de la vanguardia.

Después Yorlando, maestro de la producción teatral agarró camino, un mago que saca de la nada los más inverosímiles recursos. El teatro Experimental Caricuao, con su autobús y todo. El tremendo edifico de la Escuela de Teatro “Anakarinarote” en Bailadores y esa avanzada de la cultura popular revolucionaria, de la clase obrera, que ha sido el Teatro Para Obreros: TPOS.

Luchador social y camarada a tiempo completo, Yorlando Conde se hizo comunista por vocación y amor a la humanidad. Agradecemos a los camaradas de APORREA nos faciliten su espacio para estas amistosas líneas donde añadimos algunos elementos que no aparecen en la entrevista de Várvara Rangel y además nos unimos al reconocimiento que el Alma Mater de la Patria Bolivariana hace a un hijo, un camarada con el que esperamos contar por mucho tiempo.

Raúl Bracho
Mundo Iribarren



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