Ho Chi Minh, el líder que liberó a su pueblo de dos imperios

Por • 25 May, 2010 • Sección: Opinión

Hay seres que vienen al mundo con la misión de liberar pueblos, astros cuya luz rasga por instantes el cielo de los siglos para rescatar a millones sumergidos por imperios en la oscura noche de la esclavitud y la opresión, y uno de ellos fue Ho Chi Ming, el líder vietnamita quien vino al mundo, hizo el sábado pasado 120 años, para darle libertad a su pueblo, no de 1, sino de 2 imperios: Francia y EEUU.

Su verdadero nombre era Tnuyen Tat Thanh, pero a lo largo de su vida de combatiente revolucionario debió adoptar los mas diversos nombres para evitar ser apresado por el enemigo, hasta que, coincidiendo con su misión de sol libertador de un país victima de la tiranía, escogió como nombre de batalla, el de Ho Chi Minh, que significa, “El que ilumina”, como en efecto lo hizo, al llevar la luz de la libertad a su pueblo.

Como Bolívar, Miranda, Sucre, Sandino y El Ché en América, Mao en China, Ghandi en India, Mandela y Lumumba en África y demás luchadores por la libertad de los excluidos del planeta , Ho Chi Minh junto con sus generales y su pueblo hecho soldado, escribió con lágrimas, sudor y sangre, inolvidables páginas de heroísmo y valentía en batallas y combates librados en ciudades y en la selva.

Nacido el 19 de mayo de 1890 en la aldea de Hoang Tru, de muy niño, como Bolívar, Ho Chi Minh quedó huérfano, quedando a cargo de sus abuelos que le dieron como al Libertador una esmerada educación hasta obtener el título de licenciado en esa disciplina, fundando una escuela para niños, y mientras enseñaba, aprendía de ellos y sus padres, el sufrimiento de que eran victimas, explotados por el imperio francés que saqueaba sus riquezas.

Fue así cómo un día, siendo aún muy joven, como lo hizo Bolívar en el Monte Sacro, se propuso luchar sin descanso hasta ver libre de cadenas a su patria, y con esa idea emprendió un viaje por el mundo trabajando como pinche de cocina en un buque en busca de nuevos horizontes de cultura y aprendiendo diversas formas de lucha capaces de enfrentar al enemigo poderoso que era entonces el imperio galo.

Vivió como Martí, en Nueva York, dentro de las fauces del “monstruo” y conoció como “El apóstol” sus entrañas, y en Harlem presenció la tragedia de los negros, victimas del mismo racismo y exclusión que padecía su pueblo y siguió hacia Londres donde trabajó como sirviente en un hotel, y luego a París donde fundó un periódico rebelde y participó como aliado del Partido Socialista Francés en jornadas de lucha por la emancipación de las colonias europeas en Asia y África.

Y fue allí, leyendo a Marx y Lenin donde halló lo que buscaba, el arma ideológica y política que, junto con la lucha de guerrilla insertada como componente militar de su proyecto, fueron decisivos para el logro de la victoria sobre Francia en Diem Bien Phu, batalla final de la guerra en la que Vo Nguyen Giap, uno de los estrategas militares más brillantes de la historia venció en 1954 al ejército francés, y mas tarde contra el imperio yanqui, derrotado por la guerrilla vietnamita en 1975.

Fue ésta última epopeya una lucha mucho más sangrienta que la librada contra Francia, porque el imperio yanqui, el más poderoso de la historia, descargó toda su furia y crueldad contra el pueblo vietnamita, dejando muerte y destrucción en pueblos, selva y ciudades, donde cometieron, torturas y masacres, conflicto bélico que ha quedado registrado por la historia como uno de los más salvajes desatados contra pueblo alguno.

EEUU lanzó sobre Vietnam más de 7 mil millones de kilos de bombas, más que todas las arrojadas durante la II guerra mundial y descargó un millón de kilos del agente “naranja” para desfoliar la selva y poner así al descubierto a los guerrilleros, provocando esa sustancia química, deformaciones físicas y mentales en los niños nacidos durante la guerra y los que siguen naciendo en Vietnam después de 35 años de terminado el conflicto.

Y, a pesar del genocidio perpetrado, en el que murieron 5 millones de hombres, niños y mujeres vietnamitas, saldo fatal de la desproporcionada carga de violencia utilizada durante los años que duró la guerra, EEUU fue vencido por ese pueblo mártir y heroico, asestándole la derrota militar mas grande y humillante de su historia que ha dejado un síndrome en la memoria colectiva del pueblo estadounidense del que aún no se recupera.

Pero Ho Chi Minh no pudo presenciar la nueva victoria. Murió el 2 de septiembre de 1969, poco antes del triunfo sobre EEUU con la toma de Saigón en abril de 1975, pero como dice la canción de Alí Primera: “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”, y “el que ilumina”, vive hoy y vivirá siempre dando luz al corazón de su pueblo, que le rinde tributo de respeto, admiración y gratitud eterno por haber sido su líder en la lucha que lo llevó a vencer a dos imperios.

Hernán Mena Cifuentes
ABN 24/05/2010



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