Mercenarios Sindicales

Por • 23 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

La crisis del capitalismo mundial, enquistada brutalmente en Grecia, se expande por toda Europa; las medidas anti crisis tomadas por Zapatero, en la misma onda que en Grecia, no pueden ser mas desalentadoras para el pueblo español: “El pasado miércoles, Zapatero concretó en el Congreso en apenas dos minutos cómo iba a conseguir tal rebaja: con una bajada salarial a los funcionarios, la congelación de las pensiones, la reducción de las inversiones en más de 6.000 millones y la desaparición del cheque-bebe, entre otras…” (EL PAÍS – Madrid – 20/05/2010), en la misma tónica que las recetas recomendadas por el FMI y que en nuestra Patria condujeran a un acontecimiento excepcional, como lo fue el “caracazo”. Así como en 1989, el paquetazo del FMI desató la rebelión popular contra el gobierno genocida de Carlos Andrés Pérez, las medidas de Zapatero comienzan a desatar el descontento del pueblo español que se moviliza por miles en todas las ciudades del reino español y los sindicatos comienzan a plantear acciones huelguísticas a fin de frenar esas políticas que hacen recaer sobre los más débiles las políticas anti crisis. Y pensar que esas medidas, se asemejan en mucho a las propuestas por el oposicionismo apátrida, a inicios del año pasado, cuando el Comandante Presidente, Hugo Chávez, se planteó la toma de acciones para enfrentar la crisis capitalista mundial. Dios nos salve de esa plaga…

En nuestro continente la discusión es otra, la crisis capitalista mundial se presenta con otras connotaciones, las políticas económicas de corte neoliberal no tienen cabida, excepción hecha de Colombia, Panamá y Perú, países en los cuales, sus pueblos dejan solos a sus gobernantes. Colombia así lo demuestra, con la subida como la espuma de la candidatura de Mockus frente al fascista de Santos, la insurgencia verde frente a la candidatura del Pentágono, sería una derrota que daría el pueblo colombiano al imperio militarista, un mensaje contundente a los mensajeros de la guerra y el genocidio de nuestros pueblos. Dios salve a Colombia…

La República Bolivariana de Venezuela tiene otra dinámica, la era de los cambios; claro está, con sus perturbaciones habituales, producidas por el imperio y sus agentes a sueldos organizados en AD, Copei, Mas, Podemos, PPT, Primero Justicia, Proyecto Venezuela, Un Nuevo Tiempo, El Nacional, El Universal, La Voz, Globovisión, Rctv, Consejos Universitarios, FCU, Asociaciones profesorales de la UCV, UC, LUZ, ULA, Fedecámaras, Iglesia Católica, Ong´s, CTV, sus restos, la burocracia enquistada en el Gobierno Revolucionario, que se viste de rojo rojito, pero que, conspira abiertamente contra las políticas del Gobierno revolucionario, siendo quizás, el factor contrarrevolucionario más peligroso.

No podemos dejar de mencionar las malas praxis, heredadas de las organizaciones de la cuarta república y que han persistido durante este período de transición, reproduciéndose entre nuestra población, como un vicio que nos corroe la integridad revolucionaria de nuestro pueblo. En particular, pretendemos conversar sobre el movimiento sindical venezolano, factor fundamental en el desarrollo socialista de la Revolución Bolivariana. Nos convoca, un foro que sostuviéramos con camaradas del sector universitario; en el cual, llegamos a pensar, existía una superación de los viejos vicios de la difunta CTV, nuestra decepción fue mayor al observar que se mantienen intactos esos vicios y corruptelas que caracterizaron a esa dirigencia formada por adecos, copeyanos y masistas que integraron la cúpula cetevista, de allí que el movimiento sindical venezolano, el nuevo y revolucionario, aún no despegue como el satélite Simón Bolívar e impacte, positivamente, sobre la Revolución Bolivariana impulsándola rumbo al Socialismo. Mientras el movimiento sindical venezolano, revolucionario y socialista, no se desligue de sus predecesores, no habrá posibilidad de construir una nueva sociedad, al menos así lo creemos.

La CTV y su accionar sobre la masa de los trabajadores/trabajadoras venezolanas gravita sobre la conciencia sindical de los nuevos líderes y lideresas revolucionarios/revolucionarias, esa organización sindical surgida de los partidos de la burguesía apátrida: AD y Copei, formada a imagen y semejanza de esas organizaciones partidistas, de inmediato se sujetó parasitariamente al Estado burgués, como ave de rapiña. La burguesía fue creando en su dirigencia los hábitos de la “buena vida”, conformando una verdadera “aristocracia obrera”, de buen vestir, buena bebida, el whiski importado, toda esa dirigencia surgida de los sectores populares, pasó a vivir en el este caraqueño, en lujosas quintas, a ser propietarios de abundantes bienes inmuebles, poseer jugosas cuentas bancarias en el exterior, a ser propietarios de empresas de diversas índoles. Sus intereses se parecieron cada vez más a los de la burguesía y cada vez menos a los de los trabajadores/trabajadoras, como símbolo de su sometimiento a los factores del capital. De allí, sometidos al factor capital, solo pasaron a cumplir un papel reaccionario en la lucha de clases que se desarrolló en los años del “puntofijismo” en Venezuela, el cual se acrecentó en las últimas dos décadas del siglo pasado, donde apoyaron, descaradamente, las políticas neoliberales de los gobiernos burgueses de AD y Copei. Hasta un banco, el Banco de los Trabajadores de Venezuela, el BTV, manejaron, esas cúpulas sindicales o “mercenarios sindicales” como los llamara un camarada dirigente sindical universitario, cuya práctica en el ámbito sindical, muy poco se diferencia de la otrora cetevista, quizás solo sea que hoy usa una franela roja para diferenciarse de la blanca adeca. Banco que, sencillamente, quebraron, siendo la corrupción gerencial, la causante de dicha quiebra; curiosamente, mientras sus ahorristas perdían sus churupos, esa dirigencia cetevista se enriquecía más y más, así ocurrían las cosas en la extinta cuarta república, que nos prometen renacer los agentes políticos del imperio: el oposicionismo apátrida.

Otros mecanismos de corrupción como los cupos en las obras, manejados por la dirigencia sindical y las famosas “costas sindicales”, permitían a la dirigencia cetevista abultar sus cuentas en los bancos privados nacionales y exteriores, cuentas en dólares. Es historia, los famosos “cabilleros” adecos, que se apersonaban en las obras de construcción para obligar a los empresarios de la construcción a colocar el personal que ellos dictaminaban, por supuesto, previamente, el personal seleccionado por los partidos de la burguesía: AD o Copei, tenía que dejar su primer sueldo para cancelar su ingreso a trabajar en la obra, de no hacerlo actuaban también los “cabilleros” y dejaban sobre su cuerpo la marca de su rebeldía a no cancelarles su mesada. Esa forma de actuar, aún pervive, solo que, las viejas cabillas han sido sustituidas por las balas de los revólveres. Decenas de compatriotas trabajadores/trabajadoras han dejado sus restos sembrados en las tierras de la Patria, asesinados por sicarios ahora vestidos con sus franelas rojas rojitas, hasta bolivarianos osan llamarse. Como nos contaba un camarada que fuese viceministro, y le tocó reunirse con cierta dirigencia sindical “bolivariana”, ya en la sala de reuniones fueron llegando uno a uno los representantes de los diversos sindicatos; eso fue sentándose y para su sorpresa observar como cada uno fue colocando sobre la mesa su respectivo armamento, nada de las cabillas de antes, puros 9 mm y hasta una uzi llegó a colocar uno de los líderes “bolivarianos”. Tiempos nuevos?

Así, como la cabilla fue el símbolo que marcó la dirigencia adeca de los sindicatos en la cuarta república, las llamadas “costas sindicales” no lo fueron menos; se llamaba así, a la vacuna que aplicaba la dirigencia cetevista a las empresas por discutir Contrato Colectivo, un porcentaje del valor del mismo iba directo a la dirigencia cetevista, sí, así como se lee. Esa plusvalía, por supuesto, la burguesía la trasladaba al trabajador/trabajadoras reduciéndoles sus reivindicaciones laborales, en eso consistía el pacto bipartito CTV-Fedecámaras, ambos unidos en un solo objetivo: joder al trabajador/trabajadora, hasta llegar a lo máximo de la jodedera, robarles sus Prestaciones Sociales, reformando la Ley Orgánica del Trabajo, para ello contaban hasta con diputados cetevistas, que dentro del parlamento actuaban para lograr tal objetivo, concretado en el gobierno de Rafael Caldera y su ministro “Teochoro” Petkoff, el robo del siglo como lo llaman algunos camaradas, el cual no lograron resarcir los actuales diputados de la Asamblea Nacional de la Comisión de Desarrollo Social Integral.

Las “costas sindicales” que creíamos extinguidas del movimiento sindical revolucionario, para nuestra sorpresa resultaron que no estaban muertas, estaban de parranda. Leemos en una propuesta de contratación colectiva presentada por una federación que se autodefine como revolucionaria: Cláusula X:, “APORTE EXTRAORDINARIO Y SOLIDARIO A LA XXX: EL EMPLEADOR se compromete a través de las instituciones de xxxx a descontar a cada sector de los trabajadores xxx amparados por esta convención colectiva, una cuota comprendida entre el cuatro (4%) y el ocho (8%) aplicada al beneficio salarial que se obtenga por la presente convención colectiva, a favor de las federaciones (xxxx) respectivamente…”, las x son para resguardar el nombre de la federación y el sector de los trabajadores/trabajadoras a que pertenece esa convención colectiva.

A diferencia de la cuarta república, ahora las “costas sindicales” no recaen sobre la empresa, sino, como puede apreciarse, sobre los hombros directos del trabajador/trabajadora, el viejo vicio cetevista ahora toma matices más brutales. Urge un proceso de Revisión, Rectificación y Reimpulso, a profundidad, del movimiento sindical revolucionario, en muchos de los cuales el mercenarismo sindical está vivito y coleando, urge reconstituir los sindicatos, tal cual, como nos señalara el viejo revolucionario ruso, León Trotsky, deslastrándonos de otro viejo vicio cetevista que nos señala a continuación: “En la lucha por las reivindicaciones parciales y transicionales, los obreros necesitan más que nunca organizaciones de masas, fundamentalmente sindicatos… a) Los sindicatos, por sus objetivos, su composición y el carácter de su reclutamiento no tienen, ni pueden tenerlo, un programa revolucionario acabado. Por lo tanto no pueden sustituir al partido… c) En tanto que organizaciones de las capas superiores del proletariado, los sindicatos, como lo atestigua toda la experiencia histórica, incluso la aún fresca de las organizaciones anarco-sindicalistas de España, desarrollan poderosas tendencias a la conciliación con el régimen democrático burgués. En los períodos agudos de la lucha de clases, los aparatos dirigentes de los sindicatos se esfuerzan por convertirse en amos del movimiento de masas para domesticarlo. Esto se produce ya con ocasión de simples huelgas, sobre todo en las ocupaciones de fábrica, que sacuden los principios de la propiedad burguesa. En tiempos de guerra o de revolución, cuando la situación de la burguesía se hace particularmente difícil, los dirigentes sindicales se convierten generalmente en ministros burgueses”(Trotsky, “El programa de transición”).

O en palabras del Comandante Presidente, Hugo Chávez: “La corrupción aquí galopó como un cáncer todos los estratos sociales. La burguesía corrompió a buena parte del pueblo, los sindicatos casi todos se corrompieron, en vez defender los intereses de los trabajadores. Afortunadamente, nunca el pueblo pierde la reserva moral y llegó el momento de que brotara la reserva moral, y nosotros no podemos fallar, por eso tenemos una gran responsabilidad, si nosotros falláramos vendría la hecatombe…” (Aló Presidente Nº 35, Cumaná, 14-03-2010), dejemos todos esos vicios en este período de transición, con las viudas de la cuarta república, un nuevo movimiento sindical revolucionario y socialista debe nacer de las entrañas del mercenarismo sindical adecopeyana, fortalecido con las nuevas generaciones de camaradas dirigentes surgidos en las batallas contra la burocracia gubernamental roja rojita.

Henry Escalante
Caracas, 21 de mayo de 2010



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