El paraíso perdido

Por • 21 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

El soplido del viento levanta en vuelo las hojarascas que por años entumecían los caminos, sopla tan fuerte que se respira de nuevo el olor de la madrugada. Las mujeres y hombres sientes las riendas de la historia prendidas de sus puños, se asume la vida, se asume la transformación de una realidad que nos encarcela. El amor, la temible fuerza del amor, va limpiando corazones que ahora palpitan al compás de las estrellas. Los tiempos están cambiando.

No escuchemos la alharaca de los que eran nuestros pastores y nos movían como rebaños, no escuchemos las voces que gritan desde el pasado, que gimen en sus propias tumbas. La furia de la vida se bate contra una dominación que nos asfixiaba, nuestros pechos se hinchan de sueños que ya empiezan a escribir un poema con la sangre de tantos que nos abrieron los caminos, ya se vislumbra el portal por el que nuestra especie avanzará hacia el futuro que parecía inalcanzable, los pueblos marchan hacia la luz, el despertar de las conciencias eleva los espíritus por años adormecidos, los pobres de la tierra vienen con sus puños a rescatar la vida, a desempolvar las calaveras de los poetas que cayeron, el alma de nuestros ancestros regresa a llenar de polvo cósmico la historia, el planeta está vivo, la vida avanza, la victoria se acerca.

Ya José martí describía tan certeramente lo que la vida se había convertido: “nuestros tiempos son temibles; corre miasma en las venas; todo es como esos mancebos y esas mozas; el deseo es el sueño, y no se disfraza ya de amor, que le daba buen parecido; con tyal prisa se vive que no hay tiempo para vestir los apetitos: algo como un cerdo ha hecho su corral en nuestro cerebro –pero aquella mañana- aquella mañana los cerdos huían a manadas, espantados como si corriera viento de águilas.” (1)

El sueño de nuestros libertadores se desparrama sobre las tierras de la América convulsa, sobre la confusión se va escuchando un canto cada vez mas estrepitoso con los coros de las voces de todas y todos, el pueblo comienza ha entonar el himno inmortal de la libertad, sobre la confusión se van abriendo los ojos de los humildes y sus gargantas aprenden a hablar, a gritar. Cada día crece con más rabia el quejido y el dolor hechos espadas libertarias.

Quienes marchan junto a sus hermanos, se hacen uno más en este temible ejército, se tiene un sueño, se tiene un sueño por años postergado, se tiene un sueño. Desde la cuba mulata que resistió medio siglo, desde la Venezuela indómita que se agita con fiereza, desde Nicaragua y Ecuador, desde la América se levantó un grito que hoy se replica en Grecia, que estremece a toda la Europa, los tiempos están cambiando. Manos de los dioses acunan con suaves mantos el pesebre donde nacerá la nueva era, entre el olor de la pólvora con que el imperio sigue quemando la tierra, ya surge el olor a tierra fresca, a huerto.

El paraíso es este suelo explotado que renace de su infierno, el paraíso es este hombre mancillado que se dignifica, es esta hermosa batalla que libramos cada día. Esta marcha incesante que no parará más hasta alcanzar la madrugada.

Estamos venciendo camaradas, seguid adelante, siempre adelante, hasta vencer.

Dios concede la victoria a la constancia.

1, (Muertos en el polo, Alas de la memoria. José Martí)

Raúl Bracho
brachoraul@gmail.com
@hombrenuevo



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