Dias de sombras

Por • 21 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Vidas y momentos tristes,
Entran, salen, calan, pasan y marcan,
A nuestras almas. Van y se alojan
Profundamente en nuestras mentes.

“Hades” dios inmortal de la oscuridad,
Almas bellas, buenas y jóvenes,
Reclama al azar, en un rito de muertes,
En un canto de dolor, un canto de impiedad.

Carla era tu nombre, veintiuna primaveras vividas.

En un sin razón, un viento frio del sur
En tu corazón entro, como un traicionero albur
A tus áureas luces, con un suspiro las hizo rendidas.

Armando y Brenda, son padres y nada entienden,
No escuchan, están sin alma, están y no están,
A dios y a los santos en ruegos y gritos reclaman,
Como es posible que a su angelito a subir manden.

Yo quiero ayudar, consolar es mi sueño,
Pero no puedo o más bien no debo o quizás me cuesta,
Porque dios no es la respuesta.

En una utopía ese angelito no tiene dueño.

Azar, acaso, infortunio, mal camino,
Qué se yo, el dolor embarga por completo mi ser,
Ya no sé qué decir, ni pensar, ya ni quiero ver,
Solo sé, que nuestro hálito de vida es muy fino.

Cuantos golpes hoy vida me vas a dar.

Amiga nueva de mi sobrina eras,
Por la cruel patraña social de nuestras vidas te alejas,
Un sin razón eterno me viene a embargar.

Otra joven, otra vida fugaz,
Apenas hace unos días te hiciste mujer
Y hoy, en un profundo dolor ya dejaste de ser,
Un alma alegre, una mente sagaz.

Por un carro tu vida ceso.

Cuanto me cuesta entender que fierro y plástico
Puedan a una vida acabar, que patético
Se ha vuelto nuestro andar, basado en un sueño perverso.

La sociedad con sus errores y demonios,
Sume a nuestras mentes en un remolino de equívocos,
Logrado una vez más acabar con los pocos
Momentos de paz que quedan en estos dominios.

Tú, bella alma que hoy apagaste tu luz,
Tu nombre me es ajeno, me eres extraña,
Pero como dijera el poeta, todos somos de la misma entraña,
No somos isla, somos un continente, somos un halo de luz.

Dos muertes jóvenes que jamás podre entender,
Solo sé que no me queda más que entender,
Que la rueda de la vida se puede torcer,
Y en un momento dejamos de yacer.

Alfredo Domínguez Fernández
pito0726@hotmail.com.



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