Prefiero la vida al Arte

Por • 16 May, 2010 • Sección: Tribuna Abierta

Supongo que El Arte existe como expresión sociológica, identificado entre el creador y un cierto público, con mil lenguajes que convergen en una comunicación estética.

El arte es representativo de una determinada cultura y la hace trascender. Algunos artistas hacen mucho ruido, esos son precisamente los que menos sirven de base para extraer conclusiones sociológicas; hay un arte para las masas y un arte para las élites; parecieran darse dos grandes tendencias en la manera de concebir el arte, una que tiende a hacer ver las cosas tal como son y, otra que trata de deformar la realidad y dificulta la percepción. No suelo retratarme mucho con ésta última.

La burguesía cultural puja por deshumanizar el arte porque está poseída de una ideología burguesa, antagónica con la ideología popular, que es realista y concreta. De tal manera que, si prevaleciese la tendencia elitista y burguesa de la visión del arte, tenderíamos a la desaparición del arte como expresión del humanismo. Es por lo que impulsar la expresión popular del arte, implica darle un verdadero impulso a la cultura y, ya sabemos todos que la cultura determina la conducta de las personas.

El Capitalismo persigue, acosa e intenta hacer desaparecer la cultura popular. Sí tú eres un pintor, un músico, un artista cualquiera de corte popular y progresista, ten la seguridad de que el capitalista va a boicotear tus obras porque representan el arte realista, que se opone al arte deshumanizado, desfigurado hacia el que tienden los amarrados gustos de la atolondrada oligarquía.

Mira nomás a Noam Chomsky, considerado por muchos como el más brillante intelectual viviente y, sin embargo, ha sido vetado por el capitalismo para evitar que su obra extraordinaria trascienda, porque representa un pensamiento progresista.

El arte debe servirle al pueblo para impulsar sus luchas, de no ser así, entonces ese arte no sirve de nada. Yo supongo que El Arte existe, independientemente de que yo lo sepa o no, puesto que su esencia, oculta para mí, parece estar ahí, siempre.

De alguna manera, lo aparente y lo esencial del arte, da para hablar a muchos entre los cuales no me encuentro, sólo excepcionalmente-tal como ahora- abordo el tema, que desconozco de la “a” a la “z” pero que, acicateado por la cotidianidad, me atrevo a plantear.

Ajeno, ajeno del todo, respecto al tema del arte, no soy. Tuve la fortuna de haber sido-otrora- coleccionista de arte y de haber participado en innumerables exposiciones, aclaro que no me refiero a otra cuestión que a artes de pesca como: el bote, el chinchorrito, el arpón, los anzuelos, la atarraya, la pistola de aire para la pesca submarina y etc.

Abordar un bote y salir a pescar es, francamente, una exposición, tú te expones a que el mar, imponderable, decida en un santiamén, tu suerte. ¡Una verdadera exposición!

Pero, al grano. El caso es que una vez entré al cine y se proyectaba una película francesa: “Un hombre y una mujer”-hace mucho tiempo y no puedo precisar la época-con traducción escrita al castellano. Puesto que yo no estaba a gusto decidí marcharme y ya estaba a punto de irme cuando el siguiente diálogo me llamó la atención

_”Sí tu casa arde en llamas y tienes que salvar un Rembrandt o un gato ¿Qué prefieres?”

_¡Prefiero la vida al arte!-fue la respuesta.

Y, evoco la referencia porque a estas alturas del camino estimo que el arte en sí es una espléndida manifestación de la vida. A Borges, por ejemplo, le intrigaba definir las fronteras entre la claridad y las tinieblas, tanto como a Rilke le resultaba que “Nada es tan ineficaz como abordar una obra de arte con las palabras de la crítica”.

Y pienso que Borges, igual que Rilke, salvo enfoques distintos, estimaron que el arte es un acontecimiento que no tiene explicación porque la obra de arte tiene vida propia y lenguaje particularmente específico, respecto a cada observador, a más que sobrevive a los factores que la determinan, en una especie de supra-temporalidad.

Parafrasear a Borges viene al caso por eso de precisar la difusa frontera entre la artesanía y el arte, así llamado.

Es que en cada obra de arte supervive su propia realidad, al desaparecer el mundo antiguo, la Pirámide o el templo griego no han perdido su valor artístico, perdieron la función social para la que fueron hechos, pero siguen siendo expresión de un momento que ha desaparecido y a partir de tal obra podemos hacer deducciones que nos permitan reconstruir una realidad desdibujada, se trata de testimonios a través de los cuales podemos ahondar en el conocimiento de la historia, es que el hombre, ya desaparecido, sigue hablando a través de su obra.

La moneda de entonces, perdió su valor de cambio, perdió su realidad y, a menos que la veamos desde el punto de vista de la visión del arte, es poco lo que puede aportarnos para intentar reconstruir su realidad, de tal modo que, a medida que podamos adentrarnos a escudriñar la creación artística del hombre, podríamos adquirir una visión de fondo acerca de su pensamiento, respecto a la naturaleza.

oceanoatlanticoguillermo@gmail.com



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