¿Aburridos en el aula? La causa también está fuera de la escuela

Por • 16 May, 2010 • Sección: Curiosidades, Educacion

Síntoma de una época / Un reclamo de atención y cambios pedagógicos

Los chicos suman múltiples actividades, problemas familiares y distancia con los docentes

“¡Seño, me aburro!” El lamento sincero de los alumnos es cada vez más oído en las aulas de los grados primarios. En el secundario el planteo explícito de los alumnos puede ser menor porque, como se vio en estos días, muchos optan directamente por faltar, abandonar o “ratearse” sin disimulo.

Consultados por LA NACION, docentes, directivos, expertos en educación y padres coincidieron en señalar causas renovadas que están acentuando el preexistente fenómeno del aburrimiento en clase, como la brecha que producen las nuevas formas de acceso al conocimiento entre chicos y algunos docentes. Sin embargo, el aburrimiento también puede ser síntoma de algún problema ajeno a la escuela y hasta el signo de una época en la que los adultos también tienden a aburrirse rápido.

“Que algunos docentes sigan enseñando geografía con mapas cuando el mundo no es plano como se muestra en ellos y cuando la mayoría de los niños puede recorrer el globo a través de Google Earth, ubicar coordenadas y altitud y hasta ver fotos de su propia casa” es un claro ejemplo de que “el aburrimiento en la escuela llega como consecuencia de la escisión entre los contenidos académicos y la realidad”. Así lo consideró, en diálogo con LA NACION, el director del colegio Los Robles, de la ciudad de Buenos Aires, Alejandro Oto Gilotaux.

Es común que se aburran los chicos que tienen capacidades superiores a las esperables para su edad -porque asimilan más rápidamente lo que a otros les cuesta el doble o más de tiempo-, pero lo que se registra últimamente es que también se muestran desinteresados los que tienen un rendimiento promedio.

Según los expertos en educación, una de las causas del aburrimiento es estudiar conceptos sin encontrarles sentido o nexo con lo real. Hay maestros, dijeron, que por estos días explican los terremotos sin permitir siquiera que los alumnos hagan comentarios sobre lo ocurrido en Chile o en Haití.

Según el directivo, “no es verdad que antes los chicos estaban más motivados por aprender. El saber memorístico siempre fue aburrido y por eso se decía que «la letra con sangre entra». La diferencia es que antes los alumnos se sometían mucho más al deber ser”.

Días pasados, a la salida de un colegio privado de Almagro, Maribel, de 8 años, dijo a LA NACION: “Hoy lo pasé bien, pero casi me duermo en la clase de lengua”. ¿Qué estaban haciendo cuando ella comenzó con los bostezos? “La seño Silvia estaba leyendo un cuento.” ¿Qué hizo? Se acomodó en su pupitre y cedió a la somnolencia.

Lo cierto es que los docentes tienen que cumplir con un programa de contenidos determinado y son ellos los responsables de la relación que mantienen con sus alumnos.

Mónica Campana, que estuvo al frente de un aula durante casi tres décadas y ahora es secretaria de una escuela primaria de gestión pública, admitió: “Discuto mucho sobre este tema ahora desde la conducción porque la realidad es que hay muy poco estímulo por parte de los maestros. Estamos siempre machacándoles que propongan los contenidos de forma de hacerlos más atractivos y novedosos”.

“Les proponía una negociación implícita: dar los contenidos curriculares a través de lo que a ellos les interesa”, contó la docente a LA NACION y dijo que la estrategia que le dio mejor resultado fue la de proponerles a los chicos que prepararan y expusieran frente a sus compañeros los temas investigados y estudiados que eran elegidos por ellos mismos. También le dio grandes satisfacciones elegir textos de estudio que incluyeran el uso de los multimedios.

Muchas veces las situaciones familiares inciden en el pedido de atención que implica, supuestamente, aburrirse en el aula. “Hay chicos que se duermen durante la clase no porque se aburran, sino porque tienen sueño. Algunos no tienen control de los adultos y se quedan mirando TV o con la computadora hasta cualquier hora”, dijo Campana.

Brecha cultural
“No necesariamente tiene que ser negativo que un chico se aburra. Si está sobreestimulado con muchas actividades, sean del colegio o extraprogramáticas, cuando está en su momento de soledad se aburre, no sabe qué hacer y esto puede propiciar una nueva creación: saber hacer algo cuando uno está solo”, explicó Alejandra Marroquin, psicoanalista y supervisora del equipo de psicopedagogía del hospital Alvarez.

“Pero, cuidado, porque cuando no se puede salir del aburrimiento éste puede ser la manifestación de cierta angustia o inhibición”, dijo y agregó: “Estamos en una época en la que el lenguaje de la imagen está muy distante del lenguaje de nuestra generación, que es el del libro. Hay entonces un desencuentro importante, y ante esto la escuela tiene una tarea difícil que la estimula a crear nuevas alternativas. Muchas veces el aburrimiento es indicio de cierto desencuentro entre lo que necesita el chico y lo que ofrece la escuela, pero esto es propio de la cultura”.

La misma especialista advirtió sobre el riesgo de caer en la simplificación de pensar que el aburrimiento es esperable por el cambio de época. Y sugirió: “Habría que analizar el aburrimiento como un enigma y meterse en cada realidad escolar para encontrar los motivos específicos y dar una chance de poder hacer algo”.

Silvina Premat
LA NACION



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